La rana aplicada tenía un secreto: estaba perdidamente enamorada de un elemento.
Era por eso que hacía sus deberes sin tardanza, con mucha prisa y a toda leche.
Lo que más quería era acabar e ir al encuentro del objeto de su deseo.
Sacaba los libros de literatura, historia, geografía, matemáticas y física, los ponía sobre la cama, colocaba la almohada encima de todos y aplicaba su método de estudio a través del sueño intensivo.
Un par de horas después, cuando lograba salir de los largos bostezos que tenía, iba directa a encontrarse con su otra mitad.
Abría su armario y se prendaba del espejo interior que era su gran, eterno, único y verdadero amor.
Adoptaré ese interesante método!!
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