miércoles, 30 de noviembre de 2016
182. Cuento soñado
martes, 29 de noviembre de 2016
181. Funambulista de sueños
lunes, 28 de noviembre de 2016
180. El sendero cencerro
domingo, 27 de noviembre de 2016
179. Locurita
sábado, 26 de noviembre de 2016
178. 'Upa'
viernes, 25 de noviembre de 2016
177. Tres momentos
jueves, 24 de noviembre de 2016
176. Vicky, la niña mala.
Vicky era una niña mala, muy mala.
Era tan mala que su personaje favorito de 'Caperucita roja' era la malvada
madrastra. Cada vez que llegaba la parte en la que la vil bruja perdía la
partida, empezaba a berrear, a protestar, a patalear y a chillar hasta que
conseguía que sus padres cambiaran el final. Entonces
reía imaginando a Caperucita sometida a mil vejaciones; sobra decir que ninguno
de los finales inventados podía repetirse, o las protestas se multiplicaban por
mil millones. Con el resto de los cuentos ocurría más de lo mismo.
Cuando Vicky empezó a ir a la escuela, aprendió muy pronto a ser muy buena con la maestra. Pero, cuando ella se daba la vuelta, se dedicaba a martirizar a todos sus compañeros. Los tenía sometidos.
El profesorado en general la tenía como una líder nata.
No tenían ni idea que se dedicaba a imponer sus antojos a todos y a cada uno de los chicos de su clase.
Los más listos –o más tontos, según se mire– formaban parte de su séquito y ella se sentía como la reina –mala– del cuento. Pero ni ellos la querían; sólo la seguían por puro instinto de conservación.
Y esto ocurrió así hasta que una buena mañana llegó una niña nueva.
Para darle la bienvenida, Vicky, la voluntariosa, mandó a su séquito a que la metieran en un armario. Pero la niña nueva tenía algo tan especial, que ninguno se atrevió a tocarla. Estaban embobados con ella y eso que no había dicho una sola palabra.
Vicky se enfadó tanto que al terminar las clases, siguió a la niña. Cuánto más prisa se daba en ir tras ella, la pequeña se alejaba más. Y así pasaron por el camino de la escuela a las casas, y de ahí a la ruta que llevaba al río, y de ahí al bosque. Cayó la noche y a ninguna de las dos se las volvió a ver.
Una generación después, Waldo, un niño muy malo que tenía por costumbre hacer lo mismo que hacía Vicky (sólo que para entonces ya nadie la recordaba), estaba en la cumbre de su tiranía.
Pero entonces llegó una niña nueva a la que quiso dejarle claro quién mandaba. La persiguió hasta el bosque y… ¿Adivinas qué pasó?
Si conoces a alguien, niño o adulto, que se dedique a hacerle la vida imposible a los demás, cuéntale esta historia pero omite el final.
Por cierto...
Si te estás preguntando por el cuento favorito de Vichy, sus padres, deliberadamente, cambiaron los personajes de sitio, de un cuento a otro, forzándose así a modificar los finales -que la niña a su vez les obligaba girar hacia la oscuridad-.
Esto lo hicieron así por lo que vivieron cuando fueron niños.
Por aquel entonces también desapareció un niño muy malo. Sólo recordaban que su nombre empezaba por U.
Lo que recordaban perfectamente era una leyenda que corrió como la pólvora entre todos los niños de la escuela. Se trataba de una niña del bosque que acudía en auxilio de los padres desesperados y entristecidos por haber tenido a un hijo malo. La única manera en que ellos podían invocarla era haciendo la prueba de intecambiar las historias de los cuentos...
miércoles, 23 de noviembre de 2016
175. Hogar dulce hogar
martes, 22 de noviembre de 2016
174. ¡A comer!
lunes, 21 de noviembre de 2016
173. Justicia poética
domingo, 20 de noviembre de 2016
172. ¿Normalidad?
La noticia le explotó en toda la cara. La explosión alcanzó la cara de los demás.
sábado, 19 de noviembre de 2016
171. Amor felino
Y quienes la siguen queriendo y adorando tienen su ausencia tan presente que todavía cantan:
viernes, 18 de noviembre de 2016
170. Ángel negro
jueves, 17 de noviembre de 2016
169. A despertar...
Esa mañana la maestra no tenía ganas de despertar.
Abrió un ojo y miró la
hora en su móvil: las seis menos cuarto. Quería dormir un poco más e iba a
hacerlo, pero una enanita salió gruñendo de debajo de la cama y se metió dentro
del armario. La visión alejó a su pereza de sí misma, se puso en pie y fue
detrás de la pequeña renegona. Intentó abrir las puertas del mueble, pero algo,
desde dentro, se lo impidió.
—¡Déjame tranquila! ¡Vuelve a dormir si quieres! —Protestó la vocecilla que
sonaba a pito.
—¿Quién eres? —Preguntó la maestra intentando mantener la tranquilidad.
—Si te hubieses levantado cuando sonó el despertador estaría contenta.
Tenía muchas ganas de ir a la escuela contigo. ¡Pero te conozco! ¡Ahora te vas
a quedar dormida y no iremos, no! —Ese “no” sonó al “jum” de un puchero que
está a punto de estallar en llanto.
—Pero ya estoy despierta y puedes ir conmigo a la escuela. Seguramente que
mis peques van a estar muy felices por conocerte. Les gustará
enseñarte sus libros y podrás jugar con todos, si es que te gusta jugar, claro.
Pero tendrás que decirme tu nombre para poder presentarte...
—Si te digo mi nombre, ¿me prometes que vas a despertar y a llevarme contigo a clase?
—Te lo prometo.
—Está bien. Soy Voluntad. Tu Voluntad...
La maestra se dio cuenta de que acababa de prometer que iba a despertar.
Entonces miró su cama y se vio a sí misma que seguía durmiendo.
miércoles, 16 de noviembre de 2016
168. Olvido
martes, 15 de noviembre de 2016
167. Seguir remando
lunes, 14 de noviembre de 2016
166. Museo de inventos raros
domingo, 13 de noviembre de 2016
165. Saludable afecto
sábado, 12 de noviembre de 2016
164. La segunda planta
viernes, 11 de noviembre de 2016
163. Una creepypasta
jueves, 10 de noviembre de 2016
162. Singazapa
'Singazapa' era un entrometido de tres pares de narices.
Le decían
así por su descarada desfachatez y no por su prominente nariz, que era lo que
él creía pues, en su pueblo, ese era el significado de su apodo.
Él caminaba lentamente con ayuda de su bastón. Recorría las calles desde su casa hasta la casona del centro, un lugar abierto al público y que, en su interior, tenía un café, jardines, una biblioteca y un salón de juegos. En el camino iba haciendo pequeñas paradas, apoyándose en bancas, farolas, paredes, puertas, escalinatas, alguna silla en el café, algún armario del salón, alguna estantería de la biblioteca... Pero no era descanso lo que buscaba; eso sólo lo pensaban quienes no le conocían de verdad.
Como hemos dicho, Singazapa era un entrometido, un sinvergüenza que iba
buscando gente a la cual arrimarse, conversaciones que pudiera escuchar,
lástima que pudiera recoger y algún que otro favor que su falsa cojera pudiera
otorgarle.
Siempre procuraba conseguir “algo más”. Así, los chismes que recogía le
servían para entretener a sus conocidos además de sacarles alguna invitación a
lo que fuera, o como moneda de cambio con aquellos que pudieran estar
interesados en la información.
Aquel era su modo de vida; mejor dicho su forma de sobrellevar su existencia,
entre otras cosas, porque no se había tomado la molestia de mirar hacia su
interior, de hablar consigo mismo, de procurarse el bien e irradiarlo hacia los
demás.
Un buen día Singazapa desapareció del pueblo y nadie, lo que se dice nadie, le echó en falta.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
161. Un sistema perfecto
martes, 8 de noviembre de 2016
160. Un amor chiquitito
lunes, 7 de noviembre de 2016
159. Proyecciones
domingo, 6 de noviembre de 2016
158. Tarde
sábado, 5 de noviembre de 2016
157. Tríptico
viernes, 4 de noviembre de 2016
156. ¿Contestas?
jueves, 3 de noviembre de 2016
155. ¿Una costilla?
«Illurro»
Así es como se hacía llamar el asesino en serie que traía de cabeza a más de una jefatura de policías.
Fue casi una casualidad que los criminalistas se dieran cuenta de las marcas que dejaba a sus víctimas en las plantas de los pies.
Eran líneas rectas, hechas con un cúter. Aunque no estaban del todo de acuerdo en que esas líneas formaban esa palabra, los cortes que hacía de una piel a otra eran idénticos.
Antes de establecer esa relación y determinar que esa era su firma, encontraron dos detalles que relacionaba a los cadáveres entre sí: que todos aparecían dentro del armario de sus propias habitaciones y que a todos, fuesen hombres o mujeres, jóvenes o mayores, les faltaba una costilla flotante y el respectivo trozo de piel.
Si los investigadores se hubieran tomado la molestia de descubrir el significado de su firma y la procedencia de esta palabra, habrían salvado más vidas de las que podían imaginar.
Al asesino le gustaba viajar casi tanto como matar. Lo que él buscaba era deleitar su paladar con la
variedad.
Porque en el lugar del que procedía este asesino, un “illurro” es “aquel al que le gusta la carne”. Nadie podrá saber cuántas costillas humanas guarda la memoria de su paladar desde que salió de su selva natal.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
154. Muñequitas
martes, 1 de noviembre de 2016
153. Incrúspida e Incríspida
Incrúspida e Incríspida son coleccionistas de almas perdidas que recogen durante sus paseos y guardan en un armario de su casa.