La guerrera espacial tenía una armadura negra en la que se reflejaban una multitud de colores.
Llevaba bajo un brazo su casco y en el otro sostenía una ballesta humeante. Estaba de pie sobre una superficie rocosa y su gesto era triunfante. Su peinado era singular: llevaba la mitad del cabello muy corto y la otra mitad largo y con mechones amarillos que flotaban dándole una apariencia estelar.
La niña estaba mirando el póster que tenía pegado en su armario. Solía pensar que de mayor sería como aquella guerrera espacial. Siempre que la miraba, trataba de imaginar lo que habría estado haciendo antes de llegar a aquel lugar.
«—¡Como vuelva a tu habitación y no hayas acabado de recoger tu ropa, tendremos una conversación muy seria señorita!»
El grito de su madre desde el otro lado de la puerta la sacó de su ensoñación justo en el momento en el que se le iba a ocurrir el planeta del que provenía la guerrera. Algo enfurruñada contestó un: '¡Ya voy!'. Y, con el dolor de su imaginación, volvió a sus obligaciones...
No hay comentarios:
Publicar un comentario