lunes, 10 de octubre de 2016

131. Un limón, medio limón...

Él era su medio limón.

Juntos podían hacer limonada, viajar a la luna, volverla de queso o merengada, ir de paseo, soñar despiertos, atravesar sendas de miedo y hacer todo eso siempre con ácido humor.

También podían amargarse la vida con pleitos superfluos, llenos de orgullos, sinrazones y críticas ácidas. 

Pero '¡ay!', si aquellas discusiones se les iban de las manos y se volvían agrias... 

Ella, enfurruñada, se metía en la nevera; él, lloroso, se escondía en un armario. 

Así pasaban las horas cítricas hasta que uno, u otro, o ambos, se buscaban como quien no quiere la cosa. 

Casi siempre era él quien daba el primer paso.

Y es que ella era su limón y medio.

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