El mágico enanito abrió de par en par las puertas del armario de los desastres.
Tenía que hacer el inventario trimestral de afectos.
El recuento fue el siguiente: cinco amores olvidados, cuatro rotos, tres perdidos, dos inquietantes y un amor valiente.
Estaba satisfecho: todo seguía igual que la última vez que revisó el armario de los desastres.
Cerró las puertas, le echó el candado y se fue con los amigos a echar una partida de cinquillo.
Y tú, sí, a ti que te quedaste con carita de inocencia preguntándote por qué un amor valiente está metido en el armario de los desastres, te diré una cosa: que en el cinquillo gana el primero que se deshace de las cartas que le tocaron.
Y si no te deshaces de una única carta aunque sea un desastre, no sé tú pero yo diría que ese es un amor valiente.
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