El alma vagaba por el desierto.
Sentía que su tiempo se le había escurrido entre decisiones sin sentido. No se sentía más grande, o más experta, o más sabia.
Caminaba arrastrando una llave de oro que había olvidado que tenía.
Una figura espectral la esperaba del otro lado del espejismo: un armario de oro que la llamaba por su nombre.
El mueble le dijo lo que tenía que hacer y obedeció por inercia.
Recogió la llave, la metió en la cerradura y las puertas se abrieron.
Dentro había oscuridad y luces de muchos colores, puntos pequeños, diminutos, cósmicos.
Unas alas robóticas de oro terminadas en unas pinzas, le alcanzaron un papel doblado; al cogerlo, las alas se convirtieron en polvo.
Desdobló el papel y leyó una única palabra escrita a máquina: "Recuperación".
En cuanto terminó de leer, el papel también se deshizo.
El alma volvió a su cuerpo y al despertar, tenía una idea fija: usar su experiencia para recuperarse y empezaría por devolverse un poco de dignidad.
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