viernes, 7 de octubre de 2016

128. Sequía

La lluvia de palabras cesó y la laguna creativa no tardó en secarse. 

Nadie pareció darse cuenta, pero no le dio importancia y se metió de vuelta en su armario. 

Alguien liberó al barquero del barro en el que encalló su barca, pero no tardó en volverse a hundir. 

Una puerta se abrió en el horizonte y el cosmos asomó desordenado. 

Cualquiera podría comprender las señales que provenían de las mascotas, pero no su idioma que era emocional y ronco. 

El susurro del cosmos gritó desde su oscuridad y finalmente, de la nada, brotó tinta del agrietado desierto.   

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