El auditorio Interdimensional estaba a reventar.
El público, proveniente de los diez confines celestiales, estaba ansioso por ver la final del primer concurso pueril sobre conocimientos terráqueos.
El premio para el ganador –o ganadora– sería el permiso para hacer una trastada al planeta inferior.
Quedaban dos
finalistas: el señor de las aguas y la reina de la oscuridad.
―Antes de proceder con la última prueba, ―siguió el maestro de ceremonias
con su cabeza femenina― tenéis que apostar el uno por el otro. ¿Qué porcentaje
del premio final ganaréis si el otro acierta la mitad o más de las opciones en el
menor tiempo posible que es cero?
―¡Una ración de diluvio universal al cincuenta por ciento! ―dijo el señor
de las aguas.
Los vítores retumbaron en todo el auditorio.
La maestra de ceremonias, con
su cabeza masculina, miró fijamente al público hasta que todos quedaron en
silencio. Entonces, con una señal, cedió el turno a la reina de la oscuridad:
―Por mi parte me apuesto la nada, que es el inicio de todo.
El público estalló en alaridos.
―¡Entonces, que comience la prueba! ―gritaron a la vez la cabeza masculina
y la femenina elevando la voz por encima de los gritos y aplausos del
enloquecido y respetable público.
Decían que estaba loca como una __________. Cada día llegaba de la
__________, dejaba su _________ debajo de la _________ y procedía a hacerse un
__________. Del ___________ de la ___________ sacaba un bote de ______________
y lo vaciaba entero dentro del ____________, sobre lo que fuera que llevase:
_____________ del bueno, ___________ verdes sin freír, _____________ en
lonchas, _____________ a la pimienta o crema de ______________. Le daba igual
lo que fuera, por algo decían que le faltaba un ______________.
Y si te quedas con la duda de lo que va en cada línea, prueba a poner estas
palabras:
salchichón - mesa - pan - cocina - tornillo - queso - cabra - armario - tomates
- escuela - chocolate - chimichurri - paté - bocadillo - mochila.
La prueba acaba en tres, dos… uuuuu»
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