miércoles, 31 de agosto de 2016

91. Orden

«Hoy camino como perdida entre la muchedumbre. ¿Acaso le importa a alguien? 

Pero no estoy entre la gente. Si estuviera entre las personas buscaría la complicidad de una mirada o cualquier otro indicio de vida, de pensamiento propio. 

El lugar en el que estoy es un laberinto que fue construido dentro de un armario por un espíritu burlón. 

Para poder moverme dentro de esta sinrazón tengo que mover perchas, esquivar chaquetas, emparejar calcetines, enrollar o desplegar cinturones, entre algunas otras acciones que me veo obligada a realizar para poder encontrar la salida y volver a mi vida, si es que tengo una

Estos objetos me han apodado de una manera que no me gusta, ni me disgusta. 

Me llaman 'la organizadora', porque así es como me ven. 

No se han percatado de mi encierro. 

Yo sólo quiero salir de aquí, pero tal parece que tampoco será hoy. 

Como decía al inicio, hoy me muevo como si estuviera perdida, como si no conociera cada rincón de este cambiante laberinto y...»

—¡Mamá! ¿Encontraste mi jersey? En la ropa sucia no está. Si no llevo ese me muero porque... ¿Ma? ¿Mamá? ¿Mami? ¿Dónde estás?...

La madre determinó que ya había sido suficiente, que quería crear su propia vida desde el punto en el que estuviera y eso era algo que debía descubrir. 

En cuanto decidió salir del laberinto, recobró su libertad y se fue a clases de pintura... 

Los demás tuvieron que aprender a ordenar sus propios laberintos.

martes, 30 de agosto de 2016

90. Onírico

​La soñadora duerme plácidamente en su burbuja de ensoñación. 

Habita dentro del ser, en algún armario interior. 

Desde el silencio ejerce su oficio con verdadero entusiasmo. 

Se encarga de conectar la experiencia de la jornada con el aprendizaje del espíritu. 

Pero eso lo sabe todo el mundo. 

Lo que no se suele decir es que ella también enlaza a la conciencia con lo que algunos escritores, poetas, músicos y artistas conocen como éter. 

Cuando crea sus sueños moviéndose en esta materia logra que el ser, durante su estado consciente, pueda materializar lo que sea que necesite.


La soñadora duerme plácidamente cuando el ser, preocupado, se entromete con la intención de hacer su trabajo. 

Entonces ella se hace a un lado y le observa, algo divertida, convertir un sueño en una pesadilla. 

Por supuesto que ella siempre acude al rescate de su ser y lo hace pacientemente, cuando supone que ya ha tenido suficiente de la lección.

Recuerda que la soñadora te hará dormir plácidamente cuando le entregues tu día. 

Ella te cubrirá con el manto del olvido mientras te dejas caer en sus dulces sueños.

lunes, 29 de agosto de 2016

89. Apatía

Las ganas estaban hechas polvo. 

Ambas guerreras estaban hermanadas en la acción: una era impulsiva, la otra desafiante y no había nada, nada que se les pusiera por delante que evitaran afrontar. 

Pero el agotamiento había estado rondándolas, asechándolas con sus trampas, observándolas con su siniestra sonrisa. 

Siempre se comportaba como un depredador que disfrutaba golpeando a quienes consideraba como sus presas y a ellas las había arrastrado hacia su desierto. 

Las razones, las buenas y las malas -esas que nunca faltan en una contienda y que suelen permanecer guardadas en algún armario- se presentaron en aquel inhóspito campo de batalla que era más parecido a un coto de caza. 

El agotamiento se estaba cebando con la que era la reacción en estado puro, pero no contó que al hacerlo despertaría la furia en la otra. 

A ella le bastó con sostenerle la mirada para debilitar sus intenciones. 

Las buenas razones para que ellas se levantaran y le plantaran cara al cansancio se unieron a ellas, mientras que las otras, las malas razones, desaparecieron. Era de esperarse pues las malas razones se caracterizaban por ser cobardes.

Tras vencer al agotamiento, lo que ambas guerreras -o sus ganas- necesitaban era un merecido descanso. Sólo así podrían recuperarse y alejar el estado de confusión que el cansancio suele generar. 

Era de agradecer que las decisiones no se hubiesen presentado con alguna urgencia... 

Aunque, en esos casos, la intuición suele aparecer y resolverlo todo con mucho acierto.

Y a ella no le importa que suelan confundirla con alguna de las otras dos generadoras del movimiento.

domingo, 28 de agosto de 2016

88. Verdad

Salirse del estruendo, de la luz artificial. 

Volar por encima de las realidades e ir tomando distancia, perspectiva. 

El recuerdo aleteaba desde el fondo del abismo. 

Se elevaba a pesar de su carga; la llevaba atada con un cordón de plata. 

El lastre era un armario que estaba abarrotado de ideas sobre la soledad. 

Una vez que alcanzó cierta altura, desató el cordón. 

El recuerdo, absorto por la liberación, no se detuvo a mirar la caída de aquellas ideas. 

Se sintió distinto, aunque sabía que seguía siendo el mismo. 

Sin pretenderlo, continuó su ascenso atravesando la lógica de la propulsión y escapó de la atracción gravitatoria. 

Estando en el espacio se dio cuenta de su pureza.

sábado, 27 de agosto de 2016

87. Tosquedad

La feria ambulante del 'No va más' iba de pueblo en pueblo llevando las últimas novedades en 'ingeniería amorosa'. 

Los 'especialistas' anunciaban, con mucha pompa y estruendo, los más disparatados inventos en la materia. 

Ese año, entre lo último de lo último estaban 'los embellecedores con aromas de atracción y filtro solar' (un todo en uno), una aplicación para móviles destinada a asegurar la confianza en el objeto amado (de descarga gratuita) y una máquina-armario generadora de aforismos destinados a la resolución de conflictos (de momento sólo funcionaba con relaciones del 'para siempre jamás').

La viajera del espacio-tiempo volvía de su retiro en la Montaña del Arrepentimiento cuando se cruzó con esta feria instalada en la plaza del pueblo que estaba en la ladera. 

Una mezcla de curiosidad y diversión la llevó a pasear entre los puestos que tan animadamente ofrecían sus infalibles productos. 

No pudo evitar acercarse a un puesto atendido por un vendedor de semblante adusto. 

Él ofrecía unas cajas de madera de diferentes tamaños que aparentemente no tenían nada que ver con la temática del evento -de ahí la curiosidad de la viajera-. 

En el puesto no había mayor información sobre el producto (como panfletos, algún cartel o alguien que pregonara sus cualidades). 

—¿Cuál es la propiedad de estas cajas? —Preguntó la viajera tratando de mostrarse respetuosa. 

Todo lo que llevaba visto durante su recorrido por los puestos eran productos creados para confundir a las personas. 
Nada de todo eso servía para desarrollar las capacidades de dar y recibir amor. Nada.

—¿No lo ve? Son cajas hechas a mano. Han sido pulidas sin demasiado esmero y mantienen el color de la madera que proviene del sacrificio de un árbol. Lo talé yo mismo ¿sabe? Pero nadie verá la aflicción que esa acción, con el tiempo, supuso para mí. Estupideces de juventud. Tenía la idea de 'hacerme rico' vendiendo estas cajas, pero a nadie le interesó 'mi arte'. No soy ebanista, ni nada parecido. Sólo tenía una idea fija, la de hacerme rico y ya ve. Llevo años tratando de vender estas cajas tal y como están. Más de uno ha intentado enseñarme métodos de venta. Más de una me ha dado ideas para decorarlas. A estas alturas sé que no encontraré la riqueza material vendiendo estas cajas. Lo que yo hago aquí es pagar con, si se quiere, mi humillación, con mi fracaso, la vida de aquel árbol. No puedo quejarme, los demás feriantes siempre me ofrecen algún trabajo y con eso puedo cubrir mis gastos. Esas cajas, tal y como están, es lo único que tengo para devolver a este mundo. No son un artículo de moda, ni ningún invento de ingeniería amorosa. Son lo que son y no hay más que eso.

El hombre dejó de hablar y clavó la mirada en el suelo.

—¿Sabe lo que yo veo? —Dijo la viajera mientras acariciaba la tosquedad de una de esas cajas y sin dejar de hacerlo, continuó:— En todo lo que me ha dicho sólo puedo intuir que no todo está perdido. Me iré con la esperanza de que siempre puede encontrarse algo auténtico entre el ruido. Estas cajas podrían inspirar a muchas personas a sentir y expresar la más poderosa de las energías. Me llevaré esta misma, será para mi madre...

La viajera del espacio-tiempo buscó su saquillo de terciopelo, donde guardaba unas monedas de plata y alguna piedra preciosa.

Pero el vendedor -que no lo era de igual modo que tampoco era ebanista- en lugar de cobrarle la caja, le regaló dos, una para su madre y otra para ella. 

Según le dijo él, se sentía bien pagado porque alguien tuvo a bien escuchar a su afligido corazón. 

Este gesto de aprecio, de reconocerse como persona en la mirada extraña, le devolvió la sonrisa. 

viernes, 26 de agosto de 2016

86. Brilli brilli

En el castillo de sueños lo que más había eran escondites y era común que sus habitantes, si no querían ser encontrados, desaparecieran durante horas. 
Nadie se alarmaba porque todos salían de sus escondrijos cuando tenían hambre.

Durante el día que nos ocupa, las hermanas hadas fueron a buscar a la más pequeña a la biblioteca. 
Allí pasaba todas las horas posibles durante su día libre. 

Querían que comiera con ellas, pero la vieron tan concentrada que no quisieron molestarla. Volvieron a buscarla a la hora de la merienda, pero ya no estaba ahí. 
Creyeron que la encontrarían en el comedor, pero tampoco fue así. 

Al llegar la noche empezaron a preocuparse porque a la hora del postre su pequeña hermana seguía sin aparecer. 

Así es que se disculparon con los presentes -esa noche había llegado una delegación de gnomos embajadores de los bosques del norte y su hermana reina estaba muy ocupada atendiéndoles- y fueron a buscar a la pequeña. 

Revisaron en el pasadizo que estaba detrás del reloj de pared, en el tablón suelto de debajo de las escaleras y en la trampilla que tenía debajo de su cama en la habitación que compartían -sus tres escondites preferidos-. 

No la encontraron. 

Un sollozo las hizo ver dentro de su armario. Allí estaba, con una lámpara de aceite en una mano y con la carita metida dentro de un libro tan grande como ella. 

¿Cómo era posible que...? Pero saber como había llegado hasta ahí con un libro tan grande era lo de menos...

—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

La pequeña se secó una lágrima y sólo les levantó un dedo, como pidiéndoles un minuto para seguir leyendo. Sus hermanas, extrañadas, se miraron entre ellas.

—¿Os podéis creer que en el mundo de los que sueñan hay un lugar, un atolón llamado Bikini que es precioso, casi tan lindo como nuestro mar de la calma, y que nadie puede vivir allí porque es una especie de cementerio de barcos y tiene una elevada contaminación nuclear? ¿Qué clase de sueños sueñan los que hicieron eso? ¿Qué clase de sueños les enviamos? No lo entiendo.
—Espera un poco, ¿qué es un ato...? ¿Cómo dijiste? —preguntó la segunda.
—Sí, y ¿que es eso de kini? —intervino la tercera
—A mi no me quedó claro lo de nuclear, ni lo de... nada. Lo único que creo que te entendí es que piensas que les enviamos sueños malos a quienes sueñan ¿es así?.

La pequeña, con los ojos a punto de brotarle unas cuantas lágrimas de una sola vez, asintió. 

La mayor de las hermanas presentes, que era la última que intervino, continuó:
—Nosotras no enviamos sueños malos. El problema está en que muchos de quienes sueñan han olvidado alimentarse de sus sueños y en lugar de eso se alimentan de sus ambiciones. Es por eso que se comportan de manera estúpida contra su propio mundo. Pero hay quienes se resisten a vivir de ese modo y sí que saben alimentarse de sus sueños. Son quienes saben ser felices de verdad.
—¿De verdad de la buena? —Cuestionó la pequeña aguantando un último sollozo.
—Ya sabes que a mi sólo me gusta leerle a los elfos su libro de cuentos. No tengo esa inquietud que tienes tú para aprender lo de los otros mundos, por ejemplo. Pero, de lo poco que sé, puedo decirte que quienes se alimentan de sus sueños tienen un destello especial en la mirada. Sabes que son seres felices sólo con mirarles. Tienen una especie de luz que les rodea. ¿Cómo explicarlo? Un algo que brilla y brilla rodeando su ser...
—¿Un brilli-brilli?
—Eso es. Te aseguro que sus seres no son indiferentes hacia eso que nos contaste sobre aquello del kini...
—Bikini.
—Pues eso...

Las cuatro bajaron al comedor. Cuando llegaron vieron que les esperaba el postre...

jueves, 25 de agosto de 2016

85. Distractores

La viajera del espacio-tiempo, mochila a cuestas, escaló sola la montaña del arrepentimiento. 

Esa era una prueba que debía cumplir sin la compañía de su entrenadora. 

Acamparía durante los días y las noches que le tomara enfrentarse a los fantasmas del 'y si hubiera', esos que se escondían en su armario interior.

El aislamiento era un elemento importante para el cumplimiento de esta prueba. 

Los fantasmas -espíritus o voces, como cada cual pueda conocerles en su vida diaria- suelen atormentar las mentes de quienes viajan. 

Por ello es indispensable que los viajantes se liberen de estos lastres para poder saltar en el tiempo y atravesar los espacios.

Durante la primera noche, entre la oscuridad y el silencio, la mente de la viajera entró en quietud: 

«El resultado de aquello que hice o que no hice fue positivo, sumó en mi experiencia. 
El resultado de aquello que hago o que no hago es positivo, suma en mi aprendizaje. 
El resultado de aquello que haré o no haré será positivo, sumará en mi sabiduría. 
Por todo ello, el abatimiento que pueda aparecer en mi presente, 
es sólo un espejismo, 
un distractor que pretende alejarme de mis objetivos. 
Mis vidas pasadas, 
presentes 
y futuras 
trabajan por y para la evolución.»

A la mañana siguiente volvió a casa.

No necesitó más tiempo para espantar los espectros de 'lo que podría haber sido si'

No había ninguna vuelta que dar: era una viajera fuerte, capaz de hacer lo que se propusiera y punto final.

miércoles, 24 de agosto de 2016

84. Bostezo

En un sueño de esos a los que llegas de puro cansancio entras en un mercado medieval. 

La plaza está rodeada por puestos ambulantes mientras que en el centro se está desarrollando un torneo de jinetes. 

Lo ves todo como si antes hubieses estado allí, de hecho, recuerdas un lugar al que solías ir cuando vivías en esa ciudad. 

Te encaminas a esa tienda y cuando entras te diriges hacia el fondo. Allí está el viejo armario, en el mismo sitio donde lo viste la última vez. 

Una voz conocida te da la bienvenida, está justo detrás de ti. 

El dueño de la tienda es un viejo buen amigo. Su especialidad es la de escuchar a los espíritus afligidos y devolverles la buena actitud. 

Pero aquello no es lo que necesitas porque ya tienes esa disposición. 

Aquel buen amigo, como en cualquier sueño que se precie, es ahora una mujer mayor que te mira con sus ojos bondadosos y saca del armario que viste al llegar una pomada que unta en tu nariz. 

Las cosquillas que sientes te obligan a cerrar los ojos. 

Abres la boca y dejas escapar un... 

Al mirar de nuevo resulta que te encuentras flotando en una nube y del puro gusto te vuelves a dormir.

martes, 23 de agosto de 2016

83. Mente en blanco

Lo bueno de haber vencido a un día cuadrado en el que todo se ve difuminado y la nada aparece en tu armario tentando a tu voluntad, es que podrás usar esa experiencia a tu favor. 

Verás, al haber visto el vacío, podrás evocarlo cada vez que necesites descansar.

Cierra los ojos y deja que aparezca el hada de la calma. 

Ella te trae un regalo: polvo de oro. No es un obsequio cualquiera, es parte de ella, de sus alas, de su don de la invisibilidad. 

El hada te llevará a donde quieras ir, como si lo que deseas es entrar en un sueño tan profundo que te encuentres con el vacío. 

No será difícil reconocerlo. 

Eres tenaz, se lo probaste y sabe que eres tú quien manda. 

La nada ahora está al servicio de la quietud de tu pensar y de tu sentir. 

Confía en que el hada de la calma te regresará al amanecer...

lunes, 22 de agosto de 2016

82. Pequeñas conquistas

En un día cuadrado, de esos en los que todo se ve difuminado, abrirás tu armario y descubrirás que está vacío, que dentro no hay nada. 

Nada. 

¿Puedes imaginarlo? 

No me refiero a que únicamente carezca de contenidos, sino a que, lo que tienes delante, es la nada absoluta... 

¿Logras verlo? 

Es como si estuvieras frente a un agujero negro. Cuando eso ocurra, recuerda que lo primero que debes hacer es mantener la calma. Luego recuerda que se trata de un día cuadrado en el que todo se ve difuminado y aférrate a ese hecho cuando sientas la seducción del vacío... 

Sólo deja pasar por tu cuerpo esa especie de tentación y déjala ir hacia la nada de dentro del armario. 

Entonces sonríe. 

Es muy importante que recuerdes que la clave está en que te muestres, que empieces a sentirte alegre. 

Verás que tu sonrisa te dará una fuerza descomunal. Será el momento en que le digas a la nada: 

«Dejo que mi fascinación de entregarme a ti se vaya contigo» y, de inmediato, cierra las puertas. 

Lo que experimentarás a continuación será la satisfacción de haberle ganado al vacío y a tu día cuadrado de visión nebulosa.

Por cierto, una vez que termines de disfrutar de tu victoria, puedes volver a abrir las puertas del armario. 

Encontrarás que todo está en su sitio.

domingo, 21 de agosto de 2016

81. Descabellado

Dos pequeños entes estaban sentados en el borde del pozo de las palabras con sus cañas de pescar. 
Estaban convencidos de que ese día iban a pillar las palabras de la suerte, aquellas que abren todas las puertas, cierran todos los tratos, elevan a genialidades las más sencillas de las composiciones y conseguirían todo lo que ellos, cual entes conscientes, querían conseguir. 

—¡Ahí va! ¡Mira lo que me ha salido! Aquí pone 'juerga'.
—Pues eso no es nada, —dijo el otro desenganchando el anzuelo— aquí pone 'armario'.
—Pero ¿qué pasa hoy? ¡Mira, acaba de salirme 'madre'!
—¡Pues vamos listos! Lo que dice aquí es 'hadas' ¿Tú crees?
—¡Y tanto! ¿Qué le pasa hoy al pozo? Esta otra palabra es 'cumpleaños'.
—Pues ni idea con lo que hoy nos quiere decir porque lo que acabo de sacar es 'guiño'.

Ambos entes quedaron algo patidifusos y pasaron horas tratando de componer un mensaje que tuviera algún sentido y lo único que les salió fue: 

"En el armario de la juerga estaba la madre de las hadas porque es su cumpleaños y quiere hacernos un guiño". 

Al menos, en aquella ocasión, los entes se fueron contentos porque al final de su jornada pescaron una última palabra que les serviría para abrir, o cerrar, alguna que otra puerta: 'gracias'.

sábado, 20 de agosto de 2016

80. Conocimiento

En un parque, que podría ser cualquiera, hay un árbol que pasa desapercibido a la mirada de las personas que visitan el lugar. 

Aquél se caracteriza porque en medio de su tronco, justo por encima de las raíces, se abre un agujero. 

Pero no es una hendidura cualquiera, porque ocurre lo siguiente:

Si alguien se asoma a mirar dentro del hueco descube un armario pequeñito, como el de una casa de muñecas. 

Si ese mismo alguien decidiera abrir aquel mueble, lo encontraría lleno de sus propias prendas. 

Es decir, encontraría la ropa que más le había gustado -y que le iba a gustar- durante toda su vida pasada, presente y futura. 

Es por esta singularidad temporal que ese alguien no necesariamente tendría en su memoria a la mayor parte de esa vestimenta.

Aquí llegamos al despiste, porque, si finalmente ese alguien fuera capaz de reconocer su diminuto vesturario, entonces entraría de pie dentro del agujero y podría probarse lo que quisiera. 

Pero aquí no acaba la cosa...

Quien pudiera llegar a este punto, encontraría la escalera de caracol que está al lado del mueble.

Y aquí surgirían dos opciones:

Quienes decidieran bajar por la escalera, entrarían a un mundo azul.

Quienes decidieran subir por la escalera, entrarían a un mundo rojo. 

En aquellos mundos no predominaban estos colores, sino que la energía que se respiraba en ellos podía asociarse a esas tonalidades.

Quienes entraban en ambos, generalmente volvían sobre sus pasos hasta la escalera y buscaban explorar el otro mundo. 

Eran pocas las personas que decidían quedarse en alguno de ellos y olvidarse del tiempo. 

La mayoría no sólo recorría ambos mundos sino que volvían a colgar sus diminutas prendas en las perchas del diminuto armario y volvían a sus realidades con su fortaleza renovada.

Así, cada vez que lo necesitaban, volvían a aquel parque, al árbol, al agujero...   

viernes, 19 de agosto de 2016

79. La excursión

Los preparativos para pasar el día en el mar de la calma se alargaron. 

En cuanto los habitantes del castillo se enteraron, todos quisieron ir. 

En lugar de pasar ahí un día, harían un campamento que duraría una semana por lo menos. 

Saquearon cada armario de la cocina y cargaron sus mochilas de provisiones, enceraron sus tablas para deslizarse en las olas, reunieron farolillos y velas, embotellaron agua y vino, revisaron y remendaron las tiendas de campaña, entre otras muchas otras actividades de organización.

Salieron en el amanecer del día siguiente. Caminaron en caravana durante muchas horas. Llegaron agotados y somnolientos, pero más de uno empezó a quitarle la funda a sus tabla.

—Es muy tarde y no quiero que nadie se meta en al agua.

La reina de las hermanas hadas se detuvo en medio del promontorio por el que caminaban para observar la playa. 

Al verla del modo en el que estaba, rodeada del aura de los colores del atardecer, la encontraron hermosa... 

Y así fue como todos en adelante recordaron aquel lugar exacto. 

Por supuesto que le hicieron caso y dejaron sus ganas de deslizarse en las olas minúsculas del mar en calma para el día siguiente.

jueves, 18 de agosto de 2016

78. Disposición

«El trol gruñón arremetía contra cuantos se acercaban a él.

Estaba tan enfadado que no era capaz de darse cuenta que nadie quería hacerle daño.

Los habitantes de la villa querían ayudarlo a quitarse el grillete que aprisionaba su tobillo, el origen de su frustración.

Nadie imaginaba que, de ser libre, el trol no hubiera sabido qué hacer con su existencia.

Lo más fácil, desde su trol-punto de vista, era permanecer tal y como estaba, atado a su destino y alejando a todos con su mal humor.

Así fue como el miedo le obligó a arrastrar su prisión hasta que un buen día…»

La reina de las hermanas hadas cerró el cuento. Los elfos pequeños se habían quedado dormidos y no tenía sentido que siguiera leyendo. Hubiera querido terminar con la lectura, contarles cómo el trol superó su miedo y empezó a vivir de verdad. Algo desanimada, fue a dejar el libro al armario y se dio cuenta que una de sus tablas estaba suelta. Entonces tuvo una idea: llevaría a los pequeños al mar de la calma y les enseñaría a usar los deslizadores de olas, de ese modo les ayudaría a perder el miedo que le tenían al agua.

Entusiasmada, quiso empezar a organizar la excursión, aunque pronto se dio cuenta que sería más eficiente si se iba a dormir. Al día siguiente, a primera hora, empezaría a disponer de lo necesario para llevarse a todo el reino a pasar el día fuera.

miércoles, 17 de agosto de 2016

77. Ánimo

Los habitantes del castillo de sueños estaban disfrutando de una cena llena de charlas entretenidas. 
La única que permanecía silenciosa era la más pequeña de las hermanas. 
La reina, que la tenía a su vera, la observaba de rato en rato. Imaginaba que seguiría dándole vueltas a la conversación que esa misma noche tuvieron sobre la absurdidad. 
Le inquietaba que el espíritu juguetón y sensible de la hadita pudiese entristecerse a causa de esos pensamientos, así es que fue hacia el armario sobre el que estaba la vela que nunca se apagaba y que estaba sirviendo de tarima para los Gnomos Galácticos. Ellos habían accedido a amenizar la velada con las melodías más lentas de su repertorio. 
La reina les hizo un pedido que no entendieron, por lo que tuvo que tararearles lo que quería. No tardaron en pillar el ritmo y empezar a tocar una melodía que, aunque era lenta, invitaba a moverse en el sitio, a seguir el compás, a bailar aunque estuvieran todos sentados.
La reina volvió bailando hasta su sitio sin dejar de ver el modo en que la carita de su hermanita se fue iluminando.
—¿Qué música es esa? ¡Nunca la había escuchado! —Le dijo la más pequeña de las hadas en cuanto se sentó.
—¡Oh! La escuché en uno de mis viajes al mundo de los seres que sueñan. ¿A que todo eso a lo que le estabas dando vueltas ha dejado de pesar en tu cabecita? Cada vez que sientas que tu ánimo decae...
—...Escucha música que le infunda felicidad a tu alma. Pero, no me has dicho cómo se llama esa música.
—Es verdad, en el otro mundo le llaman "re"... No, espera. Suena a "egue" o algo así. Si me lo preguntas, no sabría escribirlo.
—No importa, me gusta. Gracias.
La noche continuó con las charlas entretenidas, con música algo más variada y con armonía entre los espíritus de todos los presentes.  

martes, 16 de agosto de 2016

76. Astucia

El armario de los enredos guarda un montón de palabras inútiles además de cachivaches de todo tipo cuyo único valor es el de "por si acaso" puesto que se trata de piezas sueltas a las que no se les puede dar un provecho inmediato. 
Pues bien... A la hermana pequeña de la reina de las hadas se le ocurrió la grandiosa idea de abrir ese armario para colocarlo. Empezó con mucha paciencia y con bastante buen humor a sacar las piezas y clasificarlas por tamaños, colores, formas así como a las palabras que empezó a ordenar según su mayor o menor grado de ofensa (aquellas eran las palabras menos útiles que podían existir y, por cierto, las más destructivas). Pero toda su buena intención se acabó cuando se dio cuenta de que se había metido en una tarea imposible. Volvió a meter todo lo que había sacado dentro del mueble y lo cerró. Con una mezcla de frustración, tristeza y agotamiento, se retiró a su habitación, se echó atravesada en su cama y se puso a pensar en toda la inutilidad que había visto. Debió de pasarse horas ahí porque la reina, cuando fue a buscarla, estaba preocupada. Se sentó a su lado y empezaron a hablar sobre la absurdez de aquel armario.
—Sabes, —dijo la reina luego de un silencio, mientras estiraba los cabellos de la hadita hacia atrás para hacerle una coleta— alguna vez también intenté poner orden a ese mueble pero llegué a la conclusión de que es mejor dejarlo tal y como está. Eso sí, si ves que alguien está buscando palabras ofensivas para dedicárselas a alguno de los nuestros, cuéntale que todas esas piezas encajan entre sí y que con ellas es posible construir una máquina del tiempo.
—¿Eso es posible? —preguntó la hadita aguantando el dolor que empezaba a sentir. Su hermana estaba tirando tanto sus cabellos hacia atrás que creyó que sus ojos se estaban alargando más y más.
—¿Construir la máquina? ¡Por supuesto! Quien acuda a ese armario en busca de palabras inútiles y le seduzca la idea de armar la máquina, créeme su intento detiene el tiempo. Al hacerlo olvida sus intenciones y se crea un mejor futuro que la tarea en la que se encuentra inmerso. ¡Me ha quedado lindo tu moño, vamos para que lo veas en un espejo! Vas a ser la hadita mejor peinada de la cena...



lunes, 15 de agosto de 2016

75. Alma

La palabra estaba al borde del acantilado mirando fijamente hacia el horizonte. 

Se veía pensativa pero no parecía preocupada. 

Al verla así, vestida de viento, -un sencillo vestido de fondo de armario- daba la impresión de que en cualquier momento se alzaría en un vuelo hacia la libertad. 

Pero aquella palabra no pretendía escenificar lo que ya tenía en su interior. 

Lo que ella estaba haciendo en aquel vertiginoso lugar era evocar un recuerdo del futuro que le devolviera esa satisfacción de tornar lo imposible en alcanzable. 

Ella, una humilde palabra, tenía el poder de inspirar voluntades y mover el mundo.

domingo, 14 de agosto de 2016

74. Descubrimiento

En el club de las palabras amables, en medio del salón ceremonial, existe un armario transparente destinado a las palabras ausentes. 
Las razones por las que aquellas palabras nunca fueron dichas son innumerables y, a decir verdad, no importan. 

La viajera del espacio-tiempo entró a ese solitario salón durante uno de sus ejercicios de imaginación, fue hasta el mueble y lo abrió. 
Dentro había siluetas de seres que existían en otros mundos, en otras dimensiones. 
Cada una de esas imágenes eran piezas de un mismo rompecabezas que empezó a componer en el suelo. Cada pieza que encajaba con otra mostraba una pregunta, una circunstancia y una solución que casi siempre tenía que ver con una palabra no dicha. 

Era curioso descubrir cómo todos esos seres tenían algún tipo de conexión entre ellos y que aquello que los separaba era muy sencillo de solucionar con algo de voluntad... 

Y, en la mayoría de las veces, con una sola palabra.

sábado, 13 de agosto de 2016

73. Bella

La prueba inequívoca de que el tiempo se estaba confabulando a su favor era que, asombrosamente, estaba siendo capaz de encontrar en su armario todo lo que quería. 

No era que tuviera que hacer una maleta para algún viaje, o que tuviera prisa por vestirse y salir. 

Lo que quería era hacer un viaje por sus afectos a través de sus prendas. 

Lo que fue sacando la hizo encontrarse tan bien con ella misma que se lo puso todo a la vez. 

Se sentía querida, generosa, preciosa, cariñosa, interesante, sencilla, sofisticada, fuerte, valiente, luchadora y más, mucho más. 

El espejo le dijo que todas esas prendas no combinaban por los colores, las texturas, las tallas, las estaciones a las que pertenecían... 

Ella miró al espejo y se rio de él. 

Siempre tenía alguna apreciación crítica que no venía a cuento. Era un absurdo. ¡Si ni siquiera sabía la razón por la cual se estaba poniendo todo aquello!

Decidió ignorarlo y continuó... Se sentía estupenda y eso era lo único que importaba.

viernes, 12 de agosto de 2016

72. Calma

Esta noche volveremos a esa playa de la foto que guardas en algún lugar de tu armario. 

Las olas vuelven a darte la bienvenida sin llegar a mojar tus pies. La luna sigue acompañándote en aquel lugar tan entrañable como lleno de tranquilidad. 
Respira hondo y retén el aire durante uno, dos... Suéltalo despacio.

Un susurro recorre todo el espacio y te dice una palabra que sólo tú puedes escuchar. 

Déjame contarte que un ser inocente la ha susurrado para ti. Respira dulzura, suelta esperanza.

¿Sientes el modo en que esa única palabra está recorriendo todo tu cuerpo al tiempo que va llenando de felicidad a cada una de tus células? ¿Sientes ese cosquilleo? 

La electricidad está a punto de aparecer y recorrer tu espina...

¿Asombrada? 

Es el poder de una palabra nacida en el corazón de un ser de mirada limpia que quiere verte sonriente y así será.

Respira confianza y retén el aire durante uno, dos... Suéltalo despacio... 

Cada vez que respires imagina que el oxígeno lleva amor a cada una de tus células. 

Llénate de esa energía y deja que haga su trabajo. 

Visualiza esa energía como un color, el que quieras, el que más te guste. 

Respira de ese color y observa cómo se desplaza por tu cuerpo. 

Puedes recurrir a esta imagen cada vez que la necesites. 

Los seres que te quieren están cuidando de ti a través del tiempo, las distancias y los universos.

Antes de que tus párpados te empiecen a pesar, déjame susurrarte: buenas noches y dulces sueños.


jueves, 11 de agosto de 2016

71. Descanso

Estaba siendo la fiesta más animada de la historia del reino feérico.

Los habitantes diminutos del bosque acudieron con manjares y brebajes de todo tipo, colores y consistencias.

Las cigarras violinistas bajaron del escenario mientras un grupo de musarañas payasas empezaron a hacer el tonto lanzándose una apestosa sustancia viscosa. Así, músicos y artistas se fueron turnando para amenizar el cotarro. 

Una xana atrapó en el aire un poco de la sustancia apestosa y la introdujo en los pantaloncillos de un trasgo que llevaba más de una sidra encima y estaba a punto de dormirse en el sitio. Quienes vieron la travesura, estallaron en risotadas que hicieron sonreír al trasgo, cabecear y terminar babeando feliz sobre la mesa. 

Como ninguno de los presentes se fiaba del espíritu bromista del otro, los que eran prudentes, se retiraban para esconderse, dormir y volver. Si no lo hacían así, podían terminar como el trasgu o algo peor, como despertar sin ropa flotando en una hoja en medio de algún charco.

En aquella fiesta de tres días y tres noches, de toda la familia feérica real, la única que no se había escabullido para descansar era la más pequeña de las hermanas hadas.

Estaba feliz: hablaba con todos, bailaba, comía y volvía a bailar. Lo único que bebía era agua, agua y más agua. Les dijo a sus hermanas que sería capaz de aguantar el cansancio sin necesidad de perderse, tal y como hacían los demás. 

Además, tenía un plan por si el sueño la tentaba a apoyar por un momento la cabeza en la mesa; hacer eso era como sentenciar su suerte a caer en alguna broma. Lo que iba a hacer cada vez que sintiera sueño sería coger un jarrón vacío y decir que iría a buscar más cerveza, vino, sidra o lo que fuera que estuvieran bebiendo en la mesa grande; entonces iría a un árbol en el que se había preparado un escondite y dormiría procurando no roncar. 

Así lo hizo y le fue bien, aunque en realidad, en ningún momento pudo llegar a dormir del todo pues nunca faltó alguien que la buscara con insistencia. Era como si la magia de la fiesta acabara en su ausencia. Por eso, si escuchaba su nombre, saltaba como un resorte y para allá que iba a darle el encuentro a quien fuera.

Al segundo, o tercer día, ella no podría recordarlo, se unió a sus hermanas, bastante más compuestas y despejadas, que estaban hablando con la abuela de los Gnomos Galácticos, la única banda de folk duro del reino, que estaba tocando en ese momento.

El sonido electrizante acompañaba de fondo la charla divertida que tenían con la anciana gnomo quien, en cierto momento, sacó una botella redonda que les ofreció diciendo:

—Probad mi licor de nueces. Está macerando en el armario del subsuelo desde que llegaste a este mundo mi reina. Lo guardaba para celebrar el inicio de tu transmutación y ese momento ha llegado.

La botella pasó de mano en mano. Las hermanas mayores, para no hacer un desplante a la anciana, bebieron sin beber. Posaban los labios en el pico de la botella y retenían el líquido con la lengua de tal modo que no llegaba a sus gargantas. No pudieron evitar saborearlo: era el licor más horroroso que habían probado jamás. Pero al llegar el turno de la hermana más pequeña, como estaba cansada, fue incapaz de comprender los guiños y muecas de advertencia de sus hermanas, por lo que simplemente bebió.

—Este licor es, ante todo, fuerte. —Soltó con un gesto de disgusto, pero volvió a beber otro trago. A esas alturas de su cansancio, había olvidado su plan y su abstinencia a base de agua. No entendió que sus hermanas empezaran a reír y antes de beber un tercer y último trago, levantó la botella hacia ellas y exclamó—: ¡Fuuu-eerr-teeee!

La pobre hada pequeña cayó de espaldas sin soltar la botella. En cuanto tocó el suelo empezó a roncar con tal estruendo que la banda de Gnomos Galácticos se vio obligada a parar de aporrear sus tambores.

—La cogorza que acabas de pillar sí que es fuerte. —Dijo la reina en cuanto fue capaz de parar de reír. Al cabo de un momento recobró la compostura y elevando la voz se dirigió a todos los presentes—: Doy por finalizado este festejo, pero decreto que, aunque yo no esté, se repetirá el próximo año y se hará en honor de mi pequeña hermana.

miércoles, 10 de agosto de 2016

70. Fraternidad

La viajera del espacio-tiempo necesitaba tomarse un descanso, así es que ese día decidió no entrenar.

En lugar de eso dedicó su mañana a colocar su armario de la hermandad. 
En él tenía guardados los recuerdos más preciados de vidas pasadas, presentes y futuras. 
Sacaba una caja, la abría, miraba lo que había dentro, lloraba y reía a la vez -el único ejercicio de equilibrio emocional que se permitió-, volvía a cerrarla y la dejaba fuera para sacar otra. 
Hizo esto hasta que encontró una caja de madera. 
Era negra y estaba decorada con paisajes dorados, rojos y verdes. 
Al abrirla, una melodía la transportó a un recuerdo que interpretó que era de una de sus infancias. 
En la imagen que apareció en su mente se reconoció como uno de los pequeños seres que sostenían lo que parecían ser frutos rojos o rosas que se veían enormes en relación con sus diminutas manos. 
Evocó la letra de la canción que todavía estaba reproduciendo la caja: 

Somos hermanas hadas
nacidas en la misma fuente.
Somos almas gemelas
unidas en una sola mente.

Entonces se fijó en el fondo de la caja. 
Había un papelito doblado. 
Se sentó, posó la caja sobre el suelo y se dispuso a abrirlo con cuidado. 
Parecía que estaba pegado con algún tipo de aceite. 
Cuando terminó de desdoblarlo, se agradeció por haberse sentado pues todo su cuerpo empezó a temblar. Era una nota escrita con letra infantil en la que sólo decía:

"Además de ser mi hermana, eres mi mejor amiga"

En el momento en que leyó aquella frase pudo sentir que una mano diminuta sostenía su mano. 
Su corazón empezó a latir con fuerza. 
Debía hablar con su entrenadora y madre. 
Quizás debían cambiar el rumbo de su viaje y visitar esa otra vida que sentía que la estaba llamando.

martes, 9 de agosto de 2016

69. La meta

El rey Reilón tenía un prominente barrigón. 

Estaba estresado de tanto comer en los banquetes, de tanto beber en los cócteles, de tanto bailar en los bailes y de tanto hablar en los mítines. 
Como sus súbditos, que lo pasaban pipa en su compañía, no le dejaban ni un minuto en paz, un buen día se declaró en huelga y en un arrebato se encerró en el salón de los trofeos. 
Quería tiempo para pensar en lo que estaba haciendo y dejando de hacer por esa cuestión de ser rey. 
Con las manos tras la espalda, empezó a dar paseos de ida y vuelta por toda la habitación, dejando que su mente volara más rápido que los pasos que daban sus pies. 
Estaba tratando de tener una idea que iniciara una línea de pensamiento cuando, sin quererlo, se detuvo frente al armario de sus medallas de deportista. Entonces recordó una época en la que corría, nadaba y escalaba porque le gustaba correr, nadar y escalar. Ninguna de esas medallas eran premios por haber llegado tercero, segundo o primero; tan sólo eran recordatorios de que había participado en cientos de eventos por la única razón de pasarlo bien. Las competiciones vinieron después: el que hablaba mejor, el que bailaba con mejor ritmo, el que bebía más rápido, el que comía sin parar... Y así con todo. 
Al ver todo eso desde aquel encierro se dio cuenta de que las competencias eran absurdas. 
¡Si es que le habían elegido como rey porque era el más reilón de todos! 
Su jocosidad divertía a sus súbditos y a ellos no les importaba que él fuera o dejara de ser feliz. 
Volvió a mirar su prominente barriga en el espejo y ajustándose el cinturón, decidió renunciar al trono y buscarse un trabajo que fuera mucho más importante que aquel. Tomó las riendas de su vida con seriedad y apostó por su felicidad. 

Se hizo agricultor y descubrió el gusto de consumir los productos de su trabajo. Lo hacía sin excesos, lo justo para saciar el hambre. Lo demás lo compartía con los viajeros que se perdían en su escondite. Ninguno se quedaba con él por mucho tiempo, pero el suficiente para desviar sus rutas. Ninguno acabó en su ex reino de los seguidores, aunque, cabe aclarar, que nunca les contó nada en contra. No lo hizo, en parte, porque dejó de hablar. Se comunicaba lo justo y necesario y lo hacía por gestos. 
Los viajeros pensaban que era mudo, pero eso a él le daba igual. 
Eso sí, dejaría de hablar pero empezó a escribir. Y también regalaba a sus visitantes algunos de sus cuentos cortos, con los que etiquetaba el vino que producía en sus ratos de estar completamente solo.
Por supuesto, nunca dejó de bailar, lo hacía especialmente mientras regaba las alcachofas. 
En aquel lugar volvió a correr, a nadar y a escalar. Lo hacía por el puro gusto de sentirse libre, feliz. Casi sin darse cuenta bajó todo el barrigón. Entonces se vio en la obligación de aprender a coser, algo a lo que pronto le cogió el gustillo, pero eso es algo que quizás nos contará en otra ocasión. Por las dudas, fíjate en las etiquetas de los vinos, puede que encuentres uno de sus cuentos y que te de la correspondiente explicación.

Por cierto, sus ex-súbditos lo siguen buscando para que les cuente el secreto de su felicidad. Quieren nombrarlo su gurú de moda. 

Por favor, no les cuentes dónde acabas de verle...

lunes, 8 de agosto de 2016

68. Relax

Es probable que en algún rincón de tu armario tengas guardada, con especial devoción, una foto. 
Puede que la tengas dentro de alguna caja que te sirva como cápsula del tiempo, o sujeta con chinchetas detrás de la puerta, o dentro de un libro. 
Me refiero a esa imagen que nunca olvidarías dentro de un álbum. 
Aquella es una foto que hiciste en la playa a la que probablemente ibas con tu familia; puede ser que por esa misma razón represente para ti más de lo que podrías contarle a nadie. 
No te pediré que la busques, sino que imagines aquel atardecer, las olas, la arena, la paz que te produce aquel lugar. 
¿Lo tienes? 
Ahora piensa en que estás ahí, en que te estás sentando cerca de la orilla, en que las olas se acercan a tus pies pero no te mojan. 
Es como si sólo quisieran darte la bienvenida y decirte que no debes preocuparte por la marea. 
Todo está bien y en calma. 
Te fijas en los colores del cielo, en el modo en que van cambiando las tonalidades. 
Los amarillos se vuelven naranjas y rojos y violetas y azules... 
La luna aparece sonriente, te hace un guiño y vierte polvo de estrellas que caen como lluvia. 
Ves el desplazamiento de aquellas partículas que, conforme van descendiendo, se vuelven más grandes. 
Te das cuenta de que se trata de letras plateadas que en su vuelo van formando palabras que te hacen sentir y pensar en que estás recibiendo todo lo bueno que sembraste durante toda tu vida: 
amor, 
comprensión, 
cariño, 
respeto, 
alegría, 
amistad... 

Respira. 
Cuenta uno, 
dos, 
tres. 

Puedes soltar el aire. 

Prueba a respirar otra vez imaginando que cuando inhalas cada una de estas palabras entrará en tu interior y que, junto con el oxígeno, se distribuirán por todo tu cuerpo llevando su propio mensaje a cada una de tus células. 

Respira hondo y suelta el aire. 

Sientes que la tranquilidad te invade, que tus párpados empiezan a pesar... 

Unas risitas traviesas provienen de tu interior. 
Se trata de tus células. 
Se sienten felices porque te has tomado un momento para entregarles tu atención. 

Respira serenidad, 
suelta felicidad, 
agradecimiento, 
ternura. 

Respira salud, 
suelta amor 

Y, como a estas alturas tus ojos tienen más ganas de cerrarse que de seguir leyendo sólo me queda decirte buenas noches y dulces sueños...

domingo, 7 de agosto de 2016

67. Origen

El perfume de aquella selva entraba primero por los poros y luego por el olfato. Esto se debía a que el calor golpeaba sin piedad a los forasteros como si fuera un ritual de iniciación. El aroma de aquella selva penetraba en sus cuerpos sin que se dieran cuenta, entre otras cosas, porque a causa de aquella primera impresión, dejaban de respirar. Luego, y de manera más amigable, la selva seducía los olfatos con su mixtura de fragancias. 
Ella añoraba esa selva, aunque en realidad nunca había puesto un pie en aquella tierra arcillosa. 
La conocía por los relatos que entremezclaban las vidas de sus parientes lejanos y cercanos. Según sus cuentas se trataba de, por lo menos, unas mil personas. 

Una de esas historias contaba del modo en que uno de sus tíos, o abuelos (no tenía claro cuál era el hilo de sus personajes) se había perdido cuando navegaba en una canoa por la vertiente de un río. Se cuenta que él desembarcó para pasar la noche. Mientras hacía un pequeño fuego, una criatura humanoide se acercó. Lo miró directamente a los ojos y, sin mediar palabra, le dio de beber de una especie de cantimplora hecha de una liana. No pudo negarse porque estaba como hipnotizado por una mirada tan oscura como pacífica. Lo siguiente que supo fue que despertó muy temprano. Sin perder tiempo, devolvió la canoa al río. No sólo no tuvo dificultad en encontrar la ruta correcta, sino que remó el largo trayecto sin cansarse. 
Al volver a su casa, su suegra, que sabía algunos secretos del monte, le dijo que se le había metido un olor distinto en el cuerpo y que era mejor que fuera al médico porque a ella no le iba a creer. Así lo hizo. No mencionó nada acerca del encuentro con aquel ser, ni a su suegra, ni al médico. 
El hombre de ciencia, asombrado, le obligó a hacer todas las pruebas a su corazón que existían en la época. No encontraron rastro del soplo que, poco tiempo atrás, le había diagnosticado. 
El médico separó su historia clínica y la guardó en una gaveta oculta del armario que tenía en la consulta.

Cada vez faltaba menos para que ella fuera a visitar el lugar de sus raíces. Tenía muchas ganas de zambullirse en los secretos de esa selva de la que, en ocasiones, podía oler a través de sus poros.  

sábado, 6 de agosto de 2016

66. Amor multicolor

La mujer se quedó sentada frente al armario del sótano. Estaba colocando las cajas en las que guardaba parte de su vida, cuando un único objeto hizo que retrocediera, que pegara la espalda contra la pared, que se derritiera contra ella hasta acomodarse en el suelo. La vieja pelota negra de squash con la que ella y sus mejores amigas jugaban al frontón le trajo algo más que recuerdos. Fue como si estuviera viéndolas a todas, hablando de sus vidas en la actualidad. Sabían apoyarse mutuamente, eso no era algo que hubiesen perdido con el tiempo o la distancia. Pero en ocasiones les costaba estar lejos. La complicidad, las risas, el verano, los pretextos para juntarse, todo eso lo echaba de menos. Esos pequeños gestos que hacían que pudieran afrontar cualquier tipo de circunstancia. Apretó la pelota contra su corazón y pensó con todas sus fuerzas en todas y en una en especial. Necesitaba enviarles la mejor de sus energías. «Todo está en la mente. Todo está en la mente», se repitió una y otra vez hasta que no pudo contener el peso de sus párpados.

La viajera del espacio-tiempo despertó sobresaltada de su entrenamiento individual. No volvió a la conciencia por el sonido de la campanilla que solía tocar su entrenadora. Abrió los ojos por un repentino dolor en el pecho. Le tomó un momento volver a tomar contacto con su cuerpo y darse cuenta de que su mano derecha estaba cerrada en puño y colocada contra su corazón. Le costó otro tanto el poder abrirla y cuando lo hizo le impactó ver que estaba sosteniendo una esfera transparente en cuyo interior había hilos de diferentes colores. Entonces vino a su memoria una visión que llegó a ella durante el ejercicio que había estado realizando antes del dolor. Vio a una mujer que le resultó familiar. Estaba sentada en una habitación y sostenía algo del mismo modo en el que ella estaba sosteniendo aquella esfera. ¿De dónde habría salido? Se dio cuenta de que el dolor que la trajo de vuelta lo había producido la intensidad con la que estaba sosteniendo el objeto contra su pecho. No quiso seguir pensando en ello, pues tenía que completar su ejercicio. Sin dejar de sostener la esfera, volvió a la postura en la que se había despertado.

Se suponía que debía continuar visualizando a sus células pero en lugar de eso se encontró en medio de un campo de batalla. Se vio a sí misma como una guerrera que estaba al mando del ejército que defendía su fortaleza. Detuvieron su marcha frente a un grupo de seres minúsculos que parecían reproducirse entre ellos sin control. Eran seres que se veían inmaduros, incompletos, irracionales y en sí mismos, inocuos. Eran babosones y tontos, pero su presencia aplastaba la hierba del prado que rodeaba la fortaleza. No podía permitir que siguieran avanzando. El sonido de espadas siendo desenvainadas, el de las flechas abandonando sus carcajs, el de los arcos doblándose por la tensión, recorrió en un segundo todo el campo. Todos sus guerreros y guerreras estaban atentos, esperando su orden. Se fijó en las guerreras que tenía a los lados, especialmente en una de ellas. Era la misma mujer que había visto antes, durante su otra visión. La reconoció por sus grandes y expresivos ojos negros. Entonces recordó la esfera, la sentía latiendo en su mano que aún mantenía pegada al pecho. Al abrirla, la esfera se había vuelto luminosa y destelleaba luces de colores. En ese momento arrojó la esfera contra las criaturas informes. Una explosión de luz multicolor arrasó a los malformados seres...

La mujer despertó con una sensación asombrosa.  El sueño que acababa de tener había sido tan real que encontrarse sentada en el suelo de su sótano frente al armario pareció decepcionarla un poco. Pero no le importó demasiado. Estaba segura de que había visto a sus amigas, eran casi como hermanas. Y una de ellas, que era a la que no había visto en mucho tiempo, estaba al mando de algo muy poderoso. Lo sabía, todo estaba en la mente y aquel sueño tenía que significar algo importante. Moverse le dolió un poco; su cuerpo se había entumecido. Su postura era la misma con la que se había quedado dormida. Despegó la mano de su pecho y al girarla vio que la pelota no estaba. ¿Sería posible que...? «Claro que es posible porque todo está en la mente», se dijo y sonrió.

viernes, 5 de agosto de 2016

65. Felicidad

La fiesta improvisada de hadas y elfos no acabó con la tormenta, que duró sólo esa noche, sino que se alargó durante dos o tres días más. Necesitaban celebrar la existencia de la reina de las hermanas hadas además de demostrarle que la acompañarían durante su evolución. Durante esos días y noches, la vela que estaba encima del armario de los juegos inventados no se consumió, como tampoco se apagó su flama.
El castillo de sueños se quedó pequeño frente a sus ganas de permanecer en común unión. Descendieron de la montaña del Amor Hermoso hacia el valle y se detuvieron en la orilla del río en el que solían hacer sus campamentos. La música los acompañó durante todo el camino y otras criaturas del reino se unieron a la fiesta. A la flauta de un hada y el bodhran de un elfo, se sumó el violín de un enano. Saltos, bailes, acrobacias, vítores y demás muestras de alegría llenaron cada uno de los rincones de aquel paraje.

La más pequeña de entre todas las hermanas hadas se había apartado del grupo. Estaba sentada sobre una gran piedra de la orilla, como si se encontrara ajena a lo que sucedía a su alrededor. La reina de las hermanas hadas la vio y se acercó.
—¿Qué te pasa? ¿Estás cansada?—Le preguntó cogiendo una de sus pequeñas manos entre las suyas.
—Es que no entiendo... —Contestó apenada y agachó la mirada.
—¿El qué no entiendes?
—Lo de tus alas de polvo de oro y que vayas a tener el poder de la invisibilidad.  
—¿No sabes nada acerca de esos temas? Tienes que haberlos leído en la escuela...
—Eso sí. Pero ¿por qué tiene que ser ahora?
—¿Ahora? —La reina le sonrió y la miró con dulzura. Clavó la mirada en el agua del río y permaneció en silencio. Estaba pensando en las palabras que debía usar para explicarse. Al cabo de un momento volvió a dirigirse hacia la más pequeña de sus hermanas—: Se me ha concedido un privilegio, pero no he dicho nada acerca del momento en que ocurrirá. El tiempo tiene sus propios misterios y hay que dejar que fluya como lo hace el agua del río.
La reina metió la mano en el agua y, riendo, salpicó a su hermana pequeña que abrió los ojos cual platos por la sorpresa. 

jueves, 4 de agosto de 2016

64. En un momento

El escultor la vio en un tren, cuando volvía a la escuela de bellas artes, después de las vacaciones de fin de año. Ella estaba leyendo un libro que debía de ser divertido. Parecía ser tímida porque cada vez que se reía, escondía su rostro entre las páginas. Ese detalle llamó su atención y fue lo que hizo que sacara su libreta de apuntes. Mientras bosquejaba, le dio por elaborar algunas teorías sobre su inesperada modelo.

Ambos debían de tener la misma edad, por lo que ella también podía ser estudiante y vivir cerca. No tenía anillos, ni otros accesorios más que unas gafas de sol que llevaba sobre la cabeza. Vestía con sencillez aunque tenía un punto de elegancia que él no terminaba de descifrar.

El sol invernal estaba por ponerse. Ella cerró el libro, lo puso sobre su regazo y apoyó la cabeza contra la ventana. Sonreía como si sus pensamientos siguieran dándole vueltas a la lectura, mientras los últimos rayos rojizos la obligaron a cerrar los ojos. Él se apresuró en pasar la página y empezar un nuevo esbozo que acabó antes de que cayera la noche.  

 

El nieto, ya mayor, encontró aquella libreta mientras desmontaba el estudio en el taller de su abuelo, el artista. Estaba en un armario junto con otros documentos que daban cuenta de todas las observaciones que había hecho en torno a la desconocida del tren. Aquellos bocetos y apuntes fueron el trabajo previo a la escultura que ocupó los últimos veinticinco años de su vida, justo antes de enfermar, y que estaba considerada como su obra cumbre.

La figura de mármol daba la impresión de estar por cobrar vida, hablar, ponerse en pie y caminar. El nieto veía en cada detalle de la piedra tallada a su abuela… No fue capaz de detenerse y darse cuenta de que ningún dibujo o escrito sobre la modelo de la pieza tenían algo que ver con la madre de su padre. Tuvo en sus manos la evidencia de que la tímida sonrisa pétrea guardaba un oscuro secreto.

 

Ocurrió en un momento. La modelo bajó del tren dos pueblos antes de llegar a la Ciudad Universitaria. La obsesión se apoderó del artista y bajó tras ella en aquel lúgubre apeadero. La siguió como si él fuera una sombra, cegado por la idea de congelar su belleza en el tiempo.

Si el nieto hubiese analizado cada garabato, cada trozo de papel… Si hubiera juntado todo como si se tratara de las piezas de un rompecabezas, habría entendido que la demencia no fue lo que atormentó a su abuelo durante sus últimos años.  

Cada noche, desde que el artista dio el último golpe con el cincel, la estatua cobraba vida en la penumbra del taller y, sonriente, perseguía a su creador para reclamarle por haber segado su vida.  

miércoles, 3 de agosto de 2016

63. Garabato

Cuando era pequeña solía desaparecer estando dentro de casa. Su madre solía encontrarla durmiendo dentro del armario empotrado de su habitación, cubierta con su capa negra de estrellas y medias lunas, siempre rodeada de juguetes, abrazada a su peluche de pez y a su linterna mágica. Ni su madre, ni su padre sospechaban que la niña tenía un compañero de juegos singular que vivía dentro del mueble. Todas las tardes le daba la mitad de su bocadillo de la merienda y, mientras comían, tenían charlas largas sobre temas muy importantes. 
Pero el tiempo pasó y su armario empezó a cambiar por dentro y por fuera. Los juguetes fueron reemplazados por ropa que a su vez fue reemplazada por... más ropa, vestidos, bolsos, complementos, tacones... Los pósteres que decoraban las puertas por fuera pasaron de ser de dibujos animados, a figuras y grupos de rock, para finalmente dar paso a un mapamundi en el que tenía marcado con chinchetas los lugares a los que había viajado y los que quería visitar. El tiempo pasó y, por supuesto, ella olvidó a su amigo. Es lo que tiene crecer.
Un día de esos, en los que todo parece confabularse para salir mal, llegó a casa sintiéndose derrotada. Se encerró en su habitación, se abrazó a su almohada y dejó que saliera toda la rabia que llevaba por dentro. Estaba a punto de quedarse dormida pero vio un filo de luz por debajo de las puertas del armario. Llevaba mucho tiempo diciendo que tenía que cambiar la bombilla estropeada, pero siempre se olvidaba de hacerlo. ¿Habría sido su padre? Fue hacia el armario para apagar la luz y al abrir sus puertas hizo un gesto de extrañeza. Su ropa estaba replegada hacia un lado y hacia otro, como si fuesen las cortinas de un teatro. En medio había una caja forrada con un collage de sus pósteres de cuando había sido niña y adolescente. La abrió sin pensárselo. Dentro estaba su capa negra de estrellas y medias lunas, su peluche de pez, su linterna mágica y la mitad de un bocadillo (que acababan de hacer, porque el pan todavía estaba caliente y la pasta de cacao se derretía por los bordes). Sacó algunos zapatos para hacerse espacio, se sentó dentro del mueble y empezó a comer; estaba hambrienta. Se fijó en la bombilla, era la misma que estaba rota por dentro... ¿De dónde provenía la luz? Miró a todas partes y, de pronto, vio un pequeño garabato que estaba en la pared del fondo. No pudo resistir el impulso de tocarlo. Un estallido luminoso la cegó y al momento siguiente estaba sentada sobre un meteoroide ovoide, flotando en la inmensidad del espacio. Delante del montículo en el que estaba, había un ser de espaldas a ella. No sintió miedo porque aquella figura le resultó familiar.
—Sigues siendo una valiente. —Le dijo una voz grave.
Ella no le respondió. Estaba intentando asimilar lo que estaba ocurriendo. Lo que más la asombraba era que esa experiencia le estaba resultando conocida. Al cabo de un momento, el ser se giró. Su aspecto no era, digamos, común. Y ella, otra vez, no se inmutó. No le resultó desagradable; todo lo contrario, al verlo, sintió un gran cariño. Le sonrió. Entonces, el ser volvió a hablar:
—¿Sabes quién soy? 
—Sí, eres mi monstruo.
 El ser asintió. Al cabo de un momento continuó: 
—¿Qué fue lo que te pasó hoy?
—¿Hoy?... De todo. Pero lo peor fue que...  
—No me refiero a las circunstancias de tu día, sino a lo que te pasó a ti para que te olvidaras de ti misma, de todo lo que eres capaz de hacer. ¿Por qué dejaste que esa gente...? Ellos no significan nada para ti, para tu vida. No tienes que darles explicaciones de nada. ¿Qué ocurrió para que te olvidaras de lo mucho que vales?
—No... No lo sé. Supongo que me asusta que al final de todo, de lo mucho que me esfuerce, o de lo poco o mucho que consiga... De lo que tengo miedo es de encontrarme sola.
—En este momento estás sola y no estás asustada.
—No estoy sola, estoy contigo.
—¡Oh, claro que lo estás! Eso es inevitable dado que nadie puede estar en el mismo espacio que ocupas, no a un mismo tiempo. En ese sentido, siempre estás y estarás sola. Si a lo que te refieres es a la sensación de soledad, entonces te diré que eso es otro imposible. Tu esfuerzo no es un empeño único, sino que lo compartes con las personas que más quieres, quienes a su vez se esforzaron para que tú consigas, como dices, poco o mucho. En ese sentido, siempre estás y estarás acompañada. Ahora bien, antes dijiste que soy tu monstruo, pero has olvidado que para tu ser, soy tu talento. Durante estos años en los que me llevaste contigo he aprendido que lo tuyo es comprender, querer a las personas. Aprendiste a ver lo bueno en ellas a pesar de sus monstruosidades y en eso creo que tengo algo que ver. Pero una cosa es ayudar a la gente, y otra muy distinta dejar que te afecte quien no se merece que le prestes atención. Aquellos que de verdad te valoran, te quieren sin condiciones. Así es que ahí tienes tu última respuesta: que todas esas personas a las que quieres y que te quieren, jamás permitirán que sientas la soledad aunque te veas sola. ¿Comprendes lo que te quiero decir?

Sus padres, preocupados porque a la mañana siguiente seguía sin salir de su habitación, forzaron la puerta. La encontraron durmiendo dentro de su armario, abrazada a su viejo peluche de pez y a su linterna mágica, además tenía su capa de estrellas y medias lunas sobre los hombros... 

martes, 2 de agosto de 2016

62. Certeza

La viajera del espacio-tiempo, reconocida aventurera de fama mundial, debía entrenarse para llevar a cabo la hazaña decisiva: cruzar las puertas del armario dimensional. La dureza de los ejercicios era implacable. Al finalizar la jornada terminaba totalmente exhausta.
Empezaba imaginándose por dentro, viendo en su mente a todas sus células. La tarea consistía en hablar con cada una de ellas, escucharlas, regalarles una única palabra y agradecerles por su labor. Hacía esto la mayor parte de la mañana, hasta que su entrenadora y maestra tocaba una campanilla; entonces empezaban una meditación compartida.
Viajar entre el espacio y el tiempo en ocasiones era doloroso. Durante sus miles de excursiones había aprendido a desprenderse de cualquier sensación que le recordara a su cuerpo físico. Cruzar hacia otra dimensión requería, además, de un acto de amor supremo.
Era por eso que su maestra, ilustre erudita en la máxima ley, la acompañaba durante esta parte de su aprendizaje y lo hacía desde el mismo estado de concentración. Ambas retrocedían mentalmente el tiempo hasta que una volvía a ser el portal dimensional de la otra. Estando en un mismo cuerpo, seguían retrocediendo en espacio hasta que se reconocían en otro mundo, en otra galaxia, al otro lado del universo.
─¿Sabes? A veces sueño con que nos volveremos a ver en otra dimensión y que entonces serás mi portal hacia otro mundo.
La viajera solía guardar silencio cada vez que su madre le comentaba esto, sobre todo porque solía soñar exactamente con lo mismo. Podría ocurrir... ¿Por qué no?

lunes, 1 de agosto de 2016

61. Fortaleza

En lo alto de la montaña del Amor Hermoso está el castillo de sueños que es la morada de la reina de las hermanas hadas. En aquel reino siempre había risas, música y la magia de las palabras. Todo aquello que resultaba difícil, complicado o malo, se transformaba en posible, fácil y bueno, gracias a la colaboración, que era el principio fundamental del reino.
En una noche de tormenta, que eran las más divertidas porque contaban historias de miedo, jugaban al escondite a oscuras y bailaban al son de los truenos, ocurrió un hecho inesperado. La reina de las hermanas se quedó en silencio, contemplando el baile de la flama de la vela que alumbraba el salón desde lo alto del armario de los juegos inventados. Todos los presentes se percataron de su concentración y la observaron expectantes, deseosos por saber lo que le ocurría. Al cabo de un momento sonrió y anunció:
—Me serán concedidas las alas de polvo de oro.
Hadas y elfos se miraron los unos a los otros. Tenían una mezcla de alegría y tristeza. Alegría, porque era el más alto honor que sólo se concedía al ser que llegaba al nivel más alto de virtud. Tristeza porque eso significaba que la reina de las hermanas hadas también adquiriría el poder de la invisibilidad. 
—No me miréis de ese modo. —Les dijo fingiendo una mirada de desaprobación: sin dejar de sonreír, frunció ligeramente el ceño al tiempo que levantaba una ceja. Luego de una pausa con la que quiso enfatizar su supuesto enfado continuó—: Sabéis de sobra que seguiré cuidando de todos y de todas. Además, podréis verme en sueños cada vez que necesitéis de mi consejo. Si vuelvo a veros tristes, me enfadaré de verdad. ¿Entendido?
Hadas y elfos suspiraron a la vez. Unos y otras enjugaron alguna lágrima escapista. De pronto se escuchó un recital de sorbedores y de sorbedoras de mocos que acabó con una sonora carcajada general. Una flauta y un bodhran dieron el compás y todos empezaron a bailar alrededor de la reina. Tenían que dejarle saber que no iban a entorpecer su evolución poniéndose nostálgicos: cumplirían con el principio fundamental del reino. Ella era el ser con mayor determinación y vigor que conocían; si decía que no los abandonaría podían estar seguros de que sería tal cual. No iban a perderla, eso nunca iba a pasar.