miércoles, 31 de agosto de 2016
91. Orden
martes, 30 de agosto de 2016
90. Onírico
lunes, 29 de agosto de 2016
89. Apatía
domingo, 28 de agosto de 2016
88. Verdad
sábado, 27 de agosto de 2016
87. Tosquedad
viernes, 26 de agosto de 2016
86. Brilli brilli
jueves, 25 de agosto de 2016
85. Distractores
El aislamiento era un elemento importante para el cumplimiento de esta prueba.
Durante la primera noche, entre la oscuridad y el silencio, la mente de la viajera entró en quietud:
miércoles, 24 de agosto de 2016
84. Bostezo
martes, 23 de agosto de 2016
83. Mente en blanco
lunes, 22 de agosto de 2016
82. Pequeñas conquistas
domingo, 21 de agosto de 2016
81. Descabellado
sábado, 20 de agosto de 2016
80. Conocimiento
viernes, 19 de agosto de 2016
79. La excursión
jueves, 18 de agosto de 2016
78. Disposición
«El trol gruñón arremetía contra cuantos se acercaban a él.
Estaba tan enfadado que no era capaz de darse cuenta que nadie quería
hacerle daño.
Los habitantes de la villa querían ayudarlo a quitarse el grillete que aprisionaba
su tobillo, el origen de su frustración.
Nadie imaginaba que, de ser libre, el trol no hubiera sabido qué hacer con
su existencia.
Lo más fácil, desde su trol-punto de vista, era permanecer tal y como
estaba, atado a su destino y alejando a todos con su mal humor.
Así fue como el miedo le obligó a arrastrar su prisión hasta que un buen
día…»
La reina de las hermanas hadas cerró el cuento. Los elfos pequeños se habían quedado dormidos y no tenía sentido que siguiera leyendo. Hubiera querido terminar con la lectura, contarles cómo el trol superó su miedo y empezó a vivir de verdad. Algo desanimada, fue a dejar el libro al armario y se dio cuenta que una de sus tablas estaba suelta. Entonces tuvo una idea: llevaría a los pequeños al mar de la calma y les enseñaría a usar los deslizadores de olas, de ese modo les ayudaría a perder el miedo que le tenían al agua.
Entusiasmada, quiso empezar a organizar la excursión, aunque pronto se dio
cuenta que sería más eficiente si se iba a dormir. Al día siguiente, a primera
hora, empezaría a disponer de lo necesario para llevarse a todo el reino a
pasar el día fuera.
miércoles, 17 de agosto de 2016
77. Ánimo
martes, 16 de agosto de 2016
76. Astucia
lunes, 15 de agosto de 2016
75. Alma
domingo, 14 de agosto de 2016
74. Descubrimiento
sábado, 13 de agosto de 2016
73. Bella
viernes, 12 de agosto de 2016
72. Calma
jueves, 11 de agosto de 2016
71. Descanso
Estaba siendo la fiesta más animada de la historia del reino feérico.
Los habitantes diminutos del bosque acudieron con manjares y brebajes de
todo tipo, colores y consistencias.
Las cigarras violinistas bajaron del escenario mientras un grupo de musarañas payasas empezaron a hacer el tonto lanzándose una apestosa sustancia viscosa. Así, músicos y artistas se fueron turnando para amenizar el cotarro.
Una xana atrapó en el aire un poco de la sustancia apestosa y la introdujo en los pantaloncillos de un trasgo que llevaba más de una sidra encima y estaba a punto de dormirse en el sitio. Quienes vieron la travesura, estallaron en risotadas que hicieron sonreír al trasgo, cabecear y terminar babeando feliz sobre la mesa.
Como ninguno de los presentes se fiaba del espíritu bromista del otro,
los que eran prudentes, se retiraban para esconderse, dormir y volver. Si no lo
hacían así, podían terminar como el trasgu o algo peor, como despertar
sin ropa flotando en una hoja en medio de algún charco.
En aquella fiesta de tres días y tres noches, de toda la familia feérica real,
la única que no se había escabullido para descansar era la más pequeña de las
hermanas hadas.
Estaba feliz: hablaba con todos, bailaba, comía y volvía a bailar. Lo único que bebía era agua, agua y más agua. Les dijo a sus hermanas que sería capaz de aguantar el cansancio sin necesidad de perderse, tal y como hacían los demás.
Además, tenía un plan por si el sueño la tentaba a apoyar por un momento la cabeza en la mesa; hacer eso era como sentenciar su suerte a caer en alguna broma. Lo que iba a hacer cada vez que sintiera sueño sería coger un jarrón vacío y decir que iría a buscar más cerveza, vino, sidra o lo que fuera que estuvieran bebiendo en la mesa grande; entonces iría a un árbol en el que se había preparado un escondite y dormiría procurando no roncar.
Así lo hizo y le fue
bien, aunque en realidad, en ningún momento pudo llegar a dormir del todo pues
nunca faltó alguien que la buscara con insistencia. Era como si la magia de la
fiesta acabara en su ausencia. Por eso, si escuchaba su nombre, saltaba como un resorte
y para allá que iba a darle el encuentro a quien fuera.
Al segundo, o tercer día, ella no podría recordarlo, se unió a sus
hermanas, bastante más compuestas y despejadas, que estaban hablando con la
abuela de los Gnomos Galácticos, la única banda de folk duro del
reino, que estaba tocando en ese momento.
El sonido electrizante acompañaba de fondo la charla divertida que tenían con
la anciana gnomo quien, en cierto momento, sacó una botella redonda que les ofreció
diciendo:
—Probad mi licor de nueces. Está macerando en el armario del subsuelo desde
que llegaste a este mundo mi reina. Lo guardaba para celebrar el inicio de tu
transmutación y ese momento ha llegado.
La botella pasó de mano en mano. Las hermanas mayores, para no hacer un
desplante a la anciana, bebieron sin beber. Posaban los labios en el pico de la
botella y retenían el líquido con la lengua de tal modo que no llegaba a sus
gargantas. No pudieron evitar saborearlo: era el licor más horroroso que habían
probado jamás. Pero al llegar el turno de la hermana más pequeña, como estaba
cansada, fue incapaz de comprender los guiños y muecas de advertencia de sus
hermanas, por lo que simplemente bebió.
—Este licor es, ante todo, fuerte. —Soltó con un gesto de disgusto, pero
volvió a beber otro trago. A esas alturas de su cansancio, había olvidado su
plan y su abstinencia a base de agua. No entendió que sus hermanas empezaran a
reír y antes de beber un tercer y último trago, levantó la botella hacia ellas
y exclamó—: ¡Fuuu-eerr-teeee!
La pobre hada pequeña cayó de espaldas sin soltar la botella. En cuanto
tocó el suelo empezó a roncar con tal estruendo que la banda de Gnomos
Galácticos se vio obligada
a parar de aporrear sus tambores.
—La cogorza que acabas de pillar sí que es fuerte. —Dijo la reina en cuanto
fue capaz de parar de reír. Al cabo de un momento recobró la compostura y
elevando la voz se dirigió a todos los presentes—: Doy por finalizado este
festejo, pero decreto que, aunque yo no esté, se repetirá el próximo año y se
hará en honor de mi pequeña hermana.
miércoles, 10 de agosto de 2016
70. Fraternidad
martes, 9 de agosto de 2016
69. La meta
lunes, 8 de agosto de 2016
68. Relax
domingo, 7 de agosto de 2016
67. Origen
sábado, 6 de agosto de 2016
66. Amor multicolor
viernes, 5 de agosto de 2016
65. Felicidad
jueves, 4 de agosto de 2016
64. En un momento
El escultor la vio en un tren, cuando volvía a la escuela de bellas artes, después
de las vacaciones de fin de año. Ella estaba leyendo un libro que debía de ser
divertido. Parecía ser tímida porque cada vez que se reía, escondía su rostro
entre las páginas. Ese detalle llamó su atención y fue lo que hizo que sacara
su libreta de apuntes. Mientras bosquejaba, le dio por elaborar algunas teorías
sobre su inesperada modelo.
Ambos debían de tener la misma edad, por lo que ella también podía ser
estudiante y vivir cerca. No tenía anillos, ni otros accesorios más que unas
gafas de sol que llevaba sobre la cabeza. Vestía con sencillez aunque tenía un
punto de elegancia que él no terminaba de descifrar.
El sol invernal estaba por ponerse. Ella cerró el libro, lo puso sobre su
regazo y apoyó la cabeza contra la ventana. Sonreía como si sus pensamientos
siguieran dándole vueltas a la lectura, mientras los últimos rayos rojizos la
obligaron a cerrar los ojos. Él se apresuró en pasar la página y empezar un
nuevo esbozo que acabó antes de que cayera la noche.
El nieto, ya mayor, encontró aquella libreta mientras desmontaba el estudio
en el taller de su abuelo, el artista. Estaba en un armario junto con otros
documentos que daban cuenta de todas las observaciones que había hecho en torno
a la desconocida del tren. Aquellos bocetos y apuntes fueron el trabajo previo
a la escultura que ocupó los últimos veinticinco años de su vida, justo antes
de enfermar, y que estaba considerada como su obra cumbre.
La figura de mármol daba la impresión de estar por cobrar vida, hablar,
ponerse en pie y caminar. El nieto veía en cada detalle de la piedra tallada a
su abuela… No fue capaz de detenerse y darse cuenta de que ningún dibujo o
escrito sobre la modelo de la pieza tenían algo que ver con la madre de su
padre. Tuvo en sus manos la evidencia de que la tímida sonrisa pétrea guardaba
un oscuro secreto.
Ocurrió en un momento. La modelo bajó del tren dos pueblos antes de llegar
a la Ciudad Universitaria. La obsesión se apoderó del artista y bajó tras ella en
aquel lúgubre apeadero. La siguió como si él fuera una sombra, cegado por la
idea de congelar su belleza en el tiempo.
Si el nieto hubiese analizado cada garabato, cada trozo de papel… Si
hubiera juntado todo como si se tratara de las piezas de un rompecabezas,
habría entendido que la demencia no fue lo que atormentó a su abuelo durante
sus últimos años.
Cada noche, desde que el artista dio el último golpe con el cincel, la estatua cobraba vida en la penumbra del taller y, sonriente, perseguía a su creador para reclamarle por haber segado su vida.
miércoles, 3 de agosto de 2016
63. Garabato
Ella no le respondió. Estaba intentando asimilar lo que estaba ocurriendo. Lo que más la asombraba era que esa experiencia le estaba resultando conocida. Al cabo de un momento, el ser se giró. Su aspecto no era, digamos, común. Y ella, otra vez, no se inmutó. No le resultó desagradable; todo lo contrario, al verlo, sintió un gran cariño. Le sonrió. Entonces, el ser volvió a hablar:
—¿Sabes quién soy?
—No... No lo sé. Supongo que me asusta que al final de todo, de lo mucho que me esfuerce, o de lo poco o mucho que consiga... De lo que tengo miedo es de encontrarme sola.
—En este momento estás sola y no estás asustada.
—No estoy sola, estoy contigo.
—¡Oh, claro que lo estás! Eso es inevitable dado que nadie puede estar en el mismo espacio que ocupas, no a un mismo tiempo. En ese sentido, siempre estás y estarás sola. Si a lo que te refieres es a la sensación de soledad, entonces te diré que eso es otro imposible. Tu esfuerzo no es un empeño único, sino que lo compartes con las personas que más quieres, quienes a su vez se esforzaron para que tú consigas, como dices, poco o mucho. En ese sentido, siempre estás y estarás acompañada. Ahora bien, antes dijiste que soy tu monstruo, pero has olvidado que para tu ser, soy tu talento. Durante estos años en los que me llevaste contigo he aprendido que lo tuyo es comprender, querer a las personas. Aprendiste a ver lo bueno en ellas a pesar de sus monstruosidades y en eso creo que tengo algo que ver. Pero una cosa es ayudar a la gente, y otra muy distinta dejar que te afecte quien no se merece que le prestes atención. Aquellos que de verdad te valoran, te quieren sin condiciones. Así es que ahí tienes tu última respuesta: que todas esas personas a las que quieres y que te quieren, jamás permitirán que sientas la soledad aunque te veas sola. ¿Comprendes lo que te quiero decir?
Sus padres, preocupados porque a la mañana siguiente seguía sin salir de su habitación, forzaron la puerta. La encontraron durmiendo dentro de su armario, abrazada a su viejo peluche de pez y a su linterna mágica, además tenía su capa de estrellas y medias lunas sobre los hombros...