martes, 4 de octubre de 2016

125. La sombra

La sombra caminaba detrás de su persona. 
A ratos se acercaba, a ratos se alejaba y alargaba... 
Iba pensativa. 
Le preocupaba que a su persona le hubiese dado por tomar todo tipo de menjunjes, por hacer toda clase de dietas y por envolverse en todas esas fajas que escondía en su armario... 
Ella, que sólo era la sombra, temblaba cuando su persona tomaba aquel té de hongos. Imaginaba que debía saber a rayos y centellas. Y estaba preocupada porque aquella obsesión por encajar en lo que fuera que no encajara podía ser perjudicial para su persona y ella, como sombra, podría desaparecer. 
De un momento a otro se detuvo y dejó que su persona se alejara sin ella. 

Sin saber la razón, la persona empezó a caminar lentamente, como si estuviera arrastrando el cansancio de toda una vida. 
Miró hacia atrás y vio a su sombra que se alargaba tanto que perdía su forma humanoide y casi no se distinguía de la sombra de la farola que tenía al lado. 
Por un momento, la persona pensó en ser su propia sombra... 
«Si lo fuera, no tendría que preocuparme por nada. No tendría que hacer sacrificios para sentirme bien conmigo. 
Pero, ¿acaso eso no es ser la sombra de lo que quieren los otros y no ser lo que quiero yo?» , pensó.

En ese momento su sombra se acercó hacia ella. 
Conforme avanzaba iba pareciéndose más a ella, tanto que reconoció su silueta. 
Y su sombra le susurró algo al oído.

A los 'otros', a los 'demás', no les importaba quien era ella como ser humano. 

Sólo les interesaba su apariencia, si es que reparaban en ella, porque a la mayoría sólo le preocupaba hacer sombra a los demás. 

Eso era algo que no iba con ella. 

Lo que de verdad la hacía sentirse bien consigo era aprender a ser persona y la única sombra que necesitaba era la suya propia. 

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