domingo, 30 de abril de 2017

333. Hasta pronto

El castillo de sueños que estaba en lo alto de la montaña del Amor Hermoso, estaba en silencio. Lo único que podía escucharse con claridad era el crepitar de la vela que alumbraba el salón principal desde lo alto del armario de los juegos inventados. 
La reina de las hermanas hadas acababa de recibir sus alas de polvo de oro, que la hacían invisible a las criaturas que habitaban su mundo… 
La danza de la flama era suave, hipnotizante; se movía como insinuando un mensaje que provenía desde algún lugar del infinito. La llama, de pronto, echó una chispa que explotó en el aire, soltando un polvillo dorado que cubrió a hadas y elfos, llenándoles de esperanza. Entonces, todos levantaron sus copas y brindaron por la seguridad de volverla a ver.

sábado, 29 de abril de 2017

332. El castillo de Lila


A la pequeña Lila le había costado mucho tiempo y esfuerzo construir su castillo de arena. Lo hizo sola, aunque siguiendo las indicaciones de su abuelo. Él se sentó cerca de ella porque sus hermanos, niños al fin, pasaron por encima de su obra un par de veces y cada tanto volvían a incordiar. Verla aguantar la furia y no desistir en su empeño fue lo que le hizo abandonar la comodidad de la sombrilla y de la silla, para pasar a una toalla. Al menos, desde que se quedó a su lado, los pequeños la dejaron en paz y ella pudo seguir con su proyecto. Estaba embelesado, admirando la capacidad de su nieta de hacer oídos sordos a los comentarios de los demás mayores, que, para justificar sus pocas ganas de jugar con ella, cada poco le insistían en que lo dejara, que aquello no iba a durar, que era mejor estar corriendo o a la sombra, y muchas otras cosas más. Ella les miraba y por dentro, pensaba el abuelo, debía haberse reído de todos. Estaban empeñados en ‘hacer nada’, que era lo mismo que hacer castillos de aire; en cambio ella, aunque sabía que su trabajo no iba a durar, el hecho de ‘crear’ le hacía construir algo por dentro, que dejaría huella en su alma, aunque la fosa, la muralla, las torres, el laberinto de calles, el espacio del mercado, las casas de los artesanos y el castillo que se alzaba en lo más alto, estuvieran destinados a desaparecer con la marea. El abuelo estaba seguro de que ella comprendía esto, aunque con su corta edad ella no hubiese sido capaz de explicárselo a los demás con palabras. En realidad lo estaba explicando con sus acciones, aunque ninguno reparara en ello. Cuando hubo terminado todo, no se quedó contenta, sino que trabajó en los detalles. Él estaba admirando la evolución de la obra, de la técnica, cuando Lila le tomó por la mano y le pidió que la acompañara. Él, orgulloso, se puso en pie y caminó a su lado. Cruzaron el puente, por encima del foso, entraron al laberinto de calles, pasaron por el mercado, las casas de artesanos y finalmente llegaron hasta el castillo. Subieron los escalones hasta las enormes puertas que se abrieron dejando ver la arquitectura interior. Llegaron a lo más alto, a la habitación principal que el abuelo reconoció como suya. No faltaba ni un solo detalle, ni siquiera el reloj de arena que tenía en una de las baldas externas de su armario. Sin soltar la manita de su nieta, se acercó a verlo. Dentro estaba el mismo castillo y él, junto a Lila, tomados de la mano, justo antes de cruzar el puente que estaba por encima del foso.  

viernes, 28 de abril de 2017

331. ¿Qué es mosquiglioto?

Roncaba el Alurnio más allá del mosquiglioto. Enternecido. Soñaba con un futuro cuatidermúfido. Dentro de su armario romántico guardaba un ticolo azul, casi verde, pero no tanto. Algún día, algún día… Puede que tú sepas el modo de ayudar a que Alurnio encuentre el amor entrúspido, azul casi verde, que pueda vivir abiertamente fuera de su romántico mosquiglioto.

jueves, 27 de abril de 2017

330. Mermelada salvaje

El desconcierto dentro de la cocina era brutal. Las cucharas de palo volaban dejando caer sus contenidos sobre lo que fuera. Las cacerolas luchaban contra las sartenes golpeándose estruendosamente entre ellas. La nevera se convirtió en una especie de cañón que, cada vez que abría la puerta disparaba, cual proyectiles, yogures, fruta, quesos, o lo que le saliera del fondo. El armario de la cristalería temblaba cada vez que algo le rozaba; el sonido que producía era estremecedor. Los armarios superiores se abrieron de golpe y su contenido empezó a caer en la encimera. Entonces, una solitaria fresa salió despedida y cayó dentro de la cacerola que estaba siendo ahogada por una sartén dentro del fregadero. La cacerola, que apreció su contenido, escapó hacia el fogón, que era el lugar en el que, dada su calidez, más a salvo podía sentirse. En ese momento, el tarro de azúcar se abrió desde el armario superior y empezó a nevarle dentro. Las fresas, que escucharon el llamado de su compañera, acudieron a ella para unirse en el baño dulce. La cocina se quedó en silencio. La mermelada salvaje acababa de nacer.

miércoles, 26 de abril de 2017

329. Maquinaciones


Frío. La sensación de aquel día era que el invierno había vuelto para reventar a todo el mundo por dentro, como una explosión de estremecimientos nacidos desde los huesos hasta el último poro. Piel de gallina.
—¿Tiene que haber amor?— preguntó H., el intrépido enamoradizo, al tiempo que despegaba la frente del cristal. Se había apoyado en la ventana que estaba junto a la estufa que tuvieron que encender durante esa tarde de primavera invernal.
—No es indispensable—contestó H., el terrible ladrón de amoríos, al tiempo que examinaba el armario de la estancia. Sospechaba que no estaban solos y aquel era el único lugar en el que podía esconderse quien pudiera estar espiándoles. Le hizo una señal a su compañero para que guardara silencio mientras cogía las manecillas de la puerta. Carraspeó y siguió—: No te preocupes, para sacar adelante nuestra empresa no necesitaremos gastar en amores, ni en preocupaciones, ni en tormentos. Sólo nos hará falta tener de nuestro lado a un buen escuchapedos.
Y, diciendo esto, abrió de un tirón las puertas del armario. Un hombre pequeño, tan pequeño que cabía en la palma de una mano, cayó de bruces.
Se llamaba H. y era el chismoso del pueblo. Su megáfono, que era un dedal agujereado, rodó hasta llegar al radiador, a los pies de H., que se agachó para recogerlo. Mientras lo hacía pensó en el modo de usar al hombrecillo. Ciertamente su tamaño podría ser de utilidad para su empresa, pero su afición podría echarlo todo a perder. Así es que no sabía a qué podría referirse H. al decir que lo único que les haría falta era tenerle de su parte. Pero seguirían maquinando sobre el modo en... En ese momento vio que las nubes se apartaban y dejaban pasar un rayo de sol. Podía ser que al día siguiente mejorara el clima. Podía ser... un sinsentido. 

martes, 25 de abril de 2017

328, El compás

En el edificio abandonado de la vieja factoría, en una esquina, dentro de un antiguo armario de herramientas que antes había sido rojo y que el óxido del latón convirtió en una tonalidad marrón sin vida, había un diminuto, pero muy efectivo, compás del tiempo. Sus creadores, un inventor y su hija, aprendiz del oficio, lo escondieron en ese lugar para que no fuera usado por gente sin escrúpulos. Aquel era un instrumento tan preciso como efectivo: con él se podían trazar rutas inequívocas hacia los hechos pasados, hacia los sueños presentes y hacia las cimas futuras. Todo se volvía alcanzable, reparable, o mejorable, sólo con el hecho de navegar de un punto a otro en el tiempo. Si se usaba para enmendar pequeñas meteduras de pata, o para pensar mejor alguna nimiedad antes de hacerla, o para quitarse de encima alguna insignificante preocupación, no había consecuencias. Pero, si el compás se usaba para conseguir importantes beneficios, el instrumento podía descontrolarse y acabar en una situación caótica. Eso fue algo que sus creadores descubrieron de muy mala manera, experiencia que no contaremos en esta ocasión. Sólo diremos que al menos tuvieron la oportunidad y el tino de esconder su invento dentro de un cajón que jamás sería abierto: el edificio abandonado de la vieja factoría estaba situado en la imagen marginal de un pasado que nunca ocurrió.  

lunes, 24 de abril de 2017

327. ¡Acaba, acaba, acaba!

El canto sobre la supuesta maldición del infame palacio del jardín de los laberintos, daba inicio a la arrastrada melodía de los seis meses. Pasado ese tiempo, un ganso presuntuoso apareció en escena. Se situó en medio y con gesto arrogante inició su monólogo:
—El poco acierto lleva al desconcierto. ¿Qué necesidad hay de complicarse con un sueño inacabado? ¡Levántate humano! Abre tu armario de lo inconcluso y... ¡Libérate de tus fracasos! Acaba, acaba, acaba todos y cada uno de tus proyectos. ¿Por algo los empezaste no? Sácalos todos, observa su melancolía, ten piedad de sus iniciados seres y, de un modo u otro ¡acábalos!
El ganso dio un dramático medio giro, mostró su oronda sacudida de colita, caminó hacia el fondo del escenario y desapareció entre la bruma, mientras el coro de helechos, lechugas y lechuzas volvió a entonar el canto sobre la supuesta maldición del infame palacio del jardín de los laberintos.

domingo, 23 de abril de 2017

326. Ñahuizapa

El viejo ‘ñahuizapa’ solía caminar con un bastón, no porque le hiciera falta a sus pies cansados, sino porque sus enormes y desorbitados ojos –de ahí que le llamaran de ese modo– le hacían desviar su atención y ver más allá de lo que cualquiera podría observar; esto, al producirse de manera involuntaria y repentina, le hacía perder el equilibrio, de ahí que necesitara el apoyo. 
En su aldea, él era respetado por viejo, sabio y visionario. Todos los días iba a dar largos paseos por el monte y siempre iba acompañado por quien quisiera hacerle alguna pregunta, pedirle un consejo o, simplemente, escuchar sus reflexiones. 
Una tarde, en lugar de empezar a caminar, fue a sentarse en el puerto, a donde llegaban y salían las canoas, que era el modo en que se comunicaban con el resto del mundo. Estaba en silencio, mirando algo sin pestañear en el horizonte, quizás en la otra orilla del lago. El pequeño grupo de personas que se habían reunido para acompañarle durante su paseo, lo observó desde lejos. Sólo uno de ellos, un niño, se atrevió a acercarse y a sentarse a su lado. El viejo empezó a hablarle:
—He visto un armario, como el que tiene tu madre en su cocina, ese en el que guarda todo lo que usa para darte de comer. Dentro, en lugar de utensilios, platos o vasos, había palabras. Todas eran malas. No quiero decir que fuesen insultos, que también había; lo que quiero decir es que todas esas palabras estaban llenas de una energía que no era buena, nada buena. Y te he visto a ti empezando a ser mayor. Estabas deslumbrado con todas esas palabras y querías usarlas, aunque no tuvieras idea de su significado, ni de su poder destructivo. Y te he visto a ti, algo más maduro. Todo lo que salía de tu boca era para hacerte el importante y lo que mejor sabías hacer era criticar a los demás, como si tú fueras perfecto. He visto ese armario allá, detrás de las casas del otro pueblo, en el monte, todavía es un árbol. Lo bueno es que tú todavía eres un niño y puedes evitar que eso te suceda… El convertirte en una persona amargada, quiero decir. Sólo tienes que corregirte día a día, incluso cuando tengas tantos años como yo.
El niño fijó su mirada en donde el viejo le indicó que estaba el árbol y en ese instante se hizo la promesa de evitar convertirse en una persona de esas… Y lo logró.
Y el árbol, siguió siendo árbol.

sábado, 22 de abril de 2017

325. Insensatez

Lo sabían. Aquel grupo de insensatos… Ellos sabían que aquella era una oportunidad de oro y, ¿qué hicieron? No se les ocurrió mejor idea que construir un armario en torno a sus vidas que, prácticamente, acababan de empezar. Ella, una divinidad que no perdonaba la mediocridad, les abrió las puertas del cielo y desde allí podían ver el mundo. Pero ellos cometieron un error.
¿Qué es el triunfo? La suerte no significa nada si no hay trabajo y éste consiste en ir abriendo puertas, nada menos que con el propio trabajo. Quizás es mejor aprender a volar antes de llegar a las alturas, para aprender a planear si caes de lo alto.
Estos insensatos, en lugar de seguir trabajando y abriendo puertas, creyeron que habían llegado a la meta y así, dentro del gran armario en el que pretendieron protegerse, volvieron al mundo. 
La caída fue dura y la divinidad no estuvo presente para consolarles.

viernes, 21 de abril de 2017

324. Manecillas y alas

El reloj iba a toda máquina y la loca del sombrero rojo tenía que inventarse una historia mágica a toda prisa. Quería hechizar a un auditorio lleno de personas impersonales que iban a su aire robándole tiempo al tiempo. Antes de salir a escena, sacó del armario de su camerino, una capa que se ató al cuello de inmediato. Acto seguido empezó a dar vueltas en su sitio, como persiguiéndose a sí misma. Estaba tratando de encontrarle brazos a la capa, algo que, por supuesto, no iba a conseguir. Y por hacer eso perdió tantas respiraciones, que el auditorio empezó a aullar de aburrimiento. La presión la empujó a olvidarse de las mangas inexistentes y a centrarse en la historia que, de pronto, empezó a salir de su cascarón, y a crecer, y a extender sus alas, y a llevársela a ella y a su sombrero a volar fuera del teatro, a visitar otros mundos… Mientras las personas impersonales se quedaron divagando entre su aburrimiento y su imperiosa necesidad de robarle tiempo al tiempo.

jueves, 20 de abril de 2017

323. Un día…

Érase un día inesperado, de esos que salen solos del armario vestidos de mariposas y de esperanza, que llegan dispuestos a disfrutar de la felicidad del momento.
Érase un día inesperado, de esos en los que los cuentos aparecen desde los sueños que se hacen realidad, llenando  páginas y páginas de hechos basados en el valor y en la amistad.
Érase un día inesperado, de esos que se repiten a sí mismos en la inmensidad de lo que dura el para siempre.
Érase un día inesperado, precioso, perfecto... y en ese inesperado día, estabas tú. 

miércoles, 19 de abril de 2017

322. Primer día de no cumpleaños

La fiesta ‘espanta madurez’ había sido todo un éxito porque no había aparecido nada que fuese serio, aburrido o insoportablemente convencional. 
La princesa de corazones estaba contenta porque había esquivado a las volátiles vocecillas viejunas, que eran unas entidades que se divertían susurrando estereotipos sobre el significado de hacerse mayor a quienes cumplían años, como por ejemplo aquella consabida consigna que dice tal que así: “¡Ya es hora de que sientes la cabeza!” 
Pero… Al monstruo madrugador se le ocurrió dormir la siesta dentro del armario y se le pasó por completo secuestrar a la princesa para continuar con la fiesta ‘espanta madurez’, que era lo que se tenía que hacer en el ‘primer día de no cumpleaños’. Así es que las volátiles vocecillas viejunas tuvieron tiempo de asaltar a la princesa justo antes de que ella abriese el armario para colgar su abrigo rojo de bordes de peluchito blanco, tal y como hacía todos los días. Las malvadillas empezaron a comerle la cabeza con su rucu-rucu hasta que la princesa se dio cuenta y les gritó un gran «¡NO!». Las volátiles vocecillas viejunas desaparecieron en el acto. Entonces, la princesa se metió en el armario, despertó a su monstruo madrugador y juntos salieron por el otro lado, que daba al gran prado que estaba junto al lago de tinta derramada, que era el punto de reunión de la tribu. Y todos les estaban esperando para continuar con la celebración…

martes, 18 de abril de 2017

321. Claridad

El ser de luz quería formar parte de la revolución de amor que haría cambiar al mundo. Escogió a su familia, a los retos que debería superar, incluso el dolor que tendría que soportar. La decisión estaba tomada: llegar a la vida para dar más vida. Cada una de las circunstancias que sabía que iban a rodearle, le llevaría a descubrir su camino, a recordar su verdad, porque en el momento de encarnarse, olvidó todo esto.
La persona que ahora habita en este mundo es un ser humano extraordinario. A veces, cuando le miran a los ojos, tiene ese brillo que delata su origen luminoso… Pero, como hemos dicho, esto no lo sabía. No tenía ni idea que su manera de dar vida era en su día a día, con su deseo de comprender, de ayudar a los demás. Pero esto no le era suficiente. Sentía –y con razón– que había algo más, algún tipo de razón última de su existencia que se escapaba a su entendimiento. Vacío. Necesitaba encontrar aquello que suponía oculto.
Una noche, mientras dormía con las ventanas abiertas –porque le gustaba dejar pasar la brisa del mar–, se despertó de un sobresalto. Escuchó claramente los latidos de un corazón. Sonaban a golpes secos. Aquello no podía ser un sueño pues se había incorporado y todo en su habitación seguía igual. Volvió a escuchar los latidos que sonaron como golpes dentro de su armario. Apoyó una oreja en la puerta para asegurarse de que era eso lo que sonaba. Entonces, escuchó una voz firme que le dijo: “Lo que has venido a hacer a este mundo, ya lo estás haciendo. Sigue entregando esperanza, haciendo sentir a los demás que su existencia es importante.” En cuanto la voz dejó de hablarle, retrocedió un paso y se miró en el espejo del mueble. La luz de la luna iluminaba la estancia y pudo distinguir las tonalidades de sus ojos. Durante ese instante recordó todo con exactitud: su decisión, su encarnación, su cálida estancia en el vientre y su primera respiración. Las razones que le llevaron a tomar la decisión de venir a este mundo, de vivir una experiencia humana, aparecieron con claridad en su mente. Y al segundo siguiente, volvió a olvidarlo todo.
Unos meses después, en otra noche de luna llena, en una calle concurrida, en una ciudad muy vieja, alguien que le conocía de ese otro mundo, de esa otra existencia, le reconoció. Desde entonces se quedó a su lado para aliviar su olvido.

lunes, 17 de abril de 2017

320. Último día de no cumpleaños



Llevaba todo el día dudando de la muchedad de su tribu, porque nadie le había felicitado su último día de no cumpleaños. Tristona y algo compungida, la pequeña princesa de corazones volvió a su casa mascullando una frase que, se dijo, usaría cada vez que alguien le hiciera sentirse contrariada. ‘¡Qué le corten la cabeza!’ retorció entre dientes y en voz baja una última vez, justo antes de abrir su armario para dejar colocado su abrigo rojo de bordes de peluchito blanco, tal y como hacía todos los días. Iba a tomar una percha cuando una mano gigante, alienígena y peluda la cogió por la mano y se la llevó dentro. Era su monstruo madrugador que la llevaba a una fiesta de dominós y globos fugaces que explotaban cual fuegos artificiales en el fondo del lago de tinta derramada. Toda su tribu la estaba esperando, ¡no se habían olvidado de su fiesta espanta madurez! No tendría que usar esa frase de amargados, la que había estado gruñendo, ni ninguna otra que le hicieran sentir irremediablemente mayor, o seria, o condenada a la no felicidad. No tendría que asumir algo de eso porque ni lo era, ni le gustaba, no lo haría todavía, mucho mejor, no lo haría nunca jamás. Y fue feliz con su tribu y en su compañía, esperó tranquila a que pasaran las horas hasta el momento de celebrar su primer día de no cumpleaños.

domingo, 16 de abril de 2017

319. Ladrón de sueños

Los sueños derramados, esparcidos por todo el suelo, llenaban el espacio. 

Las baldosas, hojas de otoño, adquirían las tonalidades susurradas desde la profundidad de lo onírico. 

Una especie de ser empezó a erigirse desde el suelo, a construirse con el recuerdo de la hojarasca. 
En cuanto estuvo completo, caminó por la habitación y se dirigió al armario. 

Dentro, había una rueda que giraba suspendida en el vacío. 

El ser sopló sus manos y las diminutas partículas de hojas coloridas flotaron hacia el objeto y fueron succionadas por su movimiento. 

El ser se rio sin emitir sonidos. 
Su desparpajo para robar sueños siempre le procuraba un gran botín que sabía guardar celosamente.

sábado, 15 de abril de 2017

318. Tras los muros

La sensación era… es… sigue siendo extraña. Cada vez… Cada vez que alguien se acercaba, se acerca, a esa habitación –alguien de fuera, quiero decir– me dan ganas de aproximarme, de advertirle que no entre. ¡Cómo si la iglesia fuera pequeña! Con lo atípicamente grande que es, ¿por qué todos los turistas que entran por el portón de mil quinientos y pico tienen que ser tan cotillas? Todos, sin excepción, hacen el mismo recorrido por los laterales de la nave para terminar en la sacristía. Es cierto que esa habitación es parte de la exposición permanente y que está abierta al público, pero… ¿Por qué tienen que dejarse seducir por la puerta diminuta que está al lado del armario de pared? ¿Por qué tienen que coger el pomo de porcelana, girarlo, abrir la puerta y asomarse dentro? O, lo que me intriga más, ¿por qué una vez que tienen delante de sus narices el pasillo interminable que lleva a ninguna parte, deciden entrar? Ni siquiera podría responderme a esa pregunta después de que yo mismo entrara por esa puerta, de que me adentrara en aquel pasillo, de que me quedara vagando para siempre entre estos muros de piedra. La sensación de querer advertirles sigue siendo extraña, sobre todo porque sé que no me van a escuchar.

viernes, 14 de abril de 2017

317. La revolución de los armarios

La operación ‘alcantarilla’ dio inicio a la más feroz, cruenta y devastadora persecución de armarios voladores que se vería sobre la faz de la tierra.
 
La mayoría de sus tripulantes, una increíble mezcla de razas humanas en vía de mutación extrasensorial, pudieron eludir su exterminio huyendo al lado oscuro de la luna. Allí esperan el llamado del armario mayor. 

Sus tripulantes, maestros y maestras espirituales, aún siguen recopilando información sobre el sinsentido del comportamiento de las personas, además de influir en instaurar un deseo de cambio. La siembra. Cada vez falta menos para que llegue el tiempo de cosechar la predisposición hacia el desarrollo de una vida pacífica centrada en el conocimiento. Entonces volverán y provocarán que toda la raza humana tenga una evolución sin precedentes. 

¿Has preparado tu alma para cuando esto ocurra?

jueves, 13 de abril de 2017

316. A la mar...

Navegante no hay ruta en la marea de palabras rotas, sólo un armario rojo de patas altas, mástil de acero, vela de redecilla, popa de porcelana y proa de latón. 

Y ahora súbete a esta embarcación, cierra los ojos y adéntrate en la mar de las ideas sin dueño…

miércoles, 12 de abril de 2017

315. Songo, Borondongo, Bernabé y Muchilanga

Songo, el macabro usurero  de los perennes escupitajos y la tos de perro, iba con su jersey mostaza a conquistar ‘mozas cuarenteañeras’ según su afán noventeañero.

Borondongo, el dulce, dulcero y retirado ex jefe de la mafia, bebía como un poseído, litros y litros de zurra capote.

Bernabé, el barbudo de pelo cano, capirote mayor de los botas-descalzos, se preparaba cuarismáticamente dentro de su armario ilustrado, para la procesión de los albores y las penas de ley.  

Muchilanga, el menor de ellos, llevaba la fiesta encima y le daba por bailar con todas las enfermeras de la residencia, aunque llevaba siglos siendo incapaz de escuchar.

Cada semana santa, estos cuatro escuderos salían de estación en estación hasta alcanzar la hora gozosa de la madrugada. 

Ya para entonces no se acordaban ni de sus nombres, ni de su falta de memoria.

martes, 11 de abril de 2017

314. La toalla

…Su descaro era abrumador. 

La toalla, fiel a su extravagancia, colgaba presuntuosa del único clavo triste que algún inconsciente clavó dentro del armario. 

La manera en que se contorneaba… 

Su tela era azul marino, de tacto aterciopelado, agamuzado, arrepentido, amedrentado. 

La toalla descarada colgaba contorneada del clavo triste. Su tacto aterciopelado era abrumador. La toalla, fiel a su prestancia, se retorcía adolorida por la tristeza que le transmitía el clavo que algún insensato dobló hacia arriba como si fuera un garfio. 

El modo en que se escurría… 

Las gotas caían mojando un zapato solitario. El olor, mezcla de las humedades de la toalla y del zapato, convenían en la necesidad de ventilar el mueble, de sacar la toalla, extenderla al sol, quitar el clavo, encontrarle el par al zapato… 

Pero el inconsciente insensato que tenía que hacer todo esto, debía de estar ocupado pensando en alguna próxima acción insensata producto de su inconsciente.

lunes, 10 de abril de 2017

313. Corobochindo.

Érase un cocodrilo muy despistado al que todos en la selva conocían como Corobochindo. 
El pobre se metía siempre en problemas y todos se reían de él. 

Una tarde en la que él y sus amigos estaban jugando a la pelota, no pudo atraparla y tuvo que ir en su busca. ¿Y qué crees que pasó? Pues sí, que se metió en un gran problema porque se perdió. 

Caminó y caminó hasta que llegó a un claro. Allí, en medio, había algo que no había visto nunca, por lo que no sabía lo que era. Se trataba, como no, de un armario que brillaba porque era mágico. 

Corombochino, por supuesto, tampoco sabía lo que era la magia. 
Él, que además de ser un desastre, era muy curioso, se acercó a ver lo que era aquel objeto. 
En cuanto lo tocó, fue transportado a un pantano en el que se convirtió, nada menos que en el jefe de todos los cocodrilos que vivían ahí y ninguno de ellos se rio de él jamás. 

Te preguntarás lo que sucedió con la pelota… 
Resulta que apareció en medio del pantano y todos los cocodrilos aprendieron a jugar con ella, su jefe les enseñó (quizás por eso Corombochino se convirtió en el jefe). 

En una de las costuras de la pelota ponía: ‘propiedad de Noel’, pero nadie dentro de este cuento, sabía quién podría ser él.

domingo, 9 de abril de 2017

312. Hechizo del bosque gris

Rebeldía, la princesa del bosque gris, soñaba con crear algún tipo de nexo entre su mundo y el de los humanos. 
Necesitaba transgredir cierta norma que decía que no debía influir en sus vidas… 
Pero ellos no respetaban la vida del bosque: cada vez eran más los árboles que sucumbían bajo su manía depredadora. 

Así es que a Rebeldía se le ocurrió hechizar los árboles que circundaban el bosque y, detrás de ellos, dejó rocas a las que también hechizó para que el resto de su territorio fuera invisible a los ojos humanos.

Tal y como esperaba la princesa, algunos de estos árboles sucumbieron a la ambición humana. No todos, sólo los suficientes.

Siglos después de que esto sucediera, todavía existe entre las pertenencias humanas, los muebles que fueron hechos de los árboles que guardaban las palabras de la princesa. 

Se sabe, por ejemplo, que por ahí hay un armario que, quién sabe en qué momento y bajo qué circunstancias, al abrirlo, empieza a brotar tanta agua que inunda la vida de quien tenga el mueble. 

No lo sabe, nunca se entera, ni se da cuenta de que esto sucede. 

Tampoco sabe, se entera, o se da cuenta de que la princesa del bosque gris llega para instalarse en su vida y le da un vuelco lleno de rebeldía.

sábado, 8 de abril de 2017

311. Una noche sin cuento

La pezuña del aspaviento movía el trueque de Don Rebuscón, mientras que el ansia maltrecha de la oreja noctámbula, recordaba al armario sin puertas del viejo cuadro de Doña Matraca.
Y así, sin más, se acaba la descalabrada idea mezcla de fatiga, hambre y buen humor.

viernes, 7 de abril de 2017

310. Araña y musaraña



En una nube de perejil, vagando estaba una musaraña de largo hocico y mirada de diminutas cabezas negras de alfiler. En su aburrimiento cavilaba sobre la sorprendente manera en que asustaría a la araña que vivía detrás del armario del salón de la casa en la que solía colarse por las noches, generalmente cuando perseguía a algún insoportable grillo.
Ambas, araña y musaraña, se tenían hambre –del de verdad de la buena–. Tenían ganas de atraparse, saborearse, masticarse… En aquella batalla, el triunfo podría ser de cualquiera de las dos.
En la telaraña, balanceándose estaba la araña con su tutú rojo de lunares blancos, sus ocho tacones de charol, y su mirada de diminutas cabezas negras de alfiler. En su somnolencia le daba vueltas a la curiosa manera en que tejería su tela para atrapar a la musaraña cuando sin querer se colara detrás del armario por perseguir a algún despistado grillo.
Y en un momento de inspiración –porque eso fue lo que ambas sintieron–, se miraron con esas miradas de diminutas cabezas negras de alfiler. Entonces surgió la magia pues la una reconoció la existencia de la otra y al revés. Aquel fue un triunfo compartido porque a partir de entonces supieron arreglárselas para cooperar entre ambas y hacerse compañía en la lejanía.
Así fue como araña y musaraña trabaron una extraña pero fecunda amistad.    

jueves, 6 de abril de 2017

309. El ladrillo docto

—Es como si fuera el fin del mundo. El ansia. Paciente, paciencia.
—Dicen que aquel cantante, sí, sí, aquel que te gustaba cuando yo… ¡Vaya! ¡Sí que ha pasado el tiempo!
—“La vida multiplicada de Martín Roma…”
—¿Qué dices?
—Hablaba de paciencia y de sentido del humor
—Sinsentido, querrás decir.
—Vamos a dejar que descanses.
El ladrillo sonámbulo, apoyo de la pata faltante del armario de los libros —que no se caía por puro milagro—, volvió a su sitio después de haber mantenido un soliloquio con su reflejo en el cristal de la ventana. Como era un poco tocho, tenía la necesidad de liberarse de su torpeza soltando todo lo que aprendía durante el día, cuando el bibliotecario le leía en voz alta.

miércoles, 5 de abril de 2017

308. Prender el pico

El sueño caía como un atardecer ingenuo de dorados destellos.

La ocupación desbarataba las ansias de poder de la Emperatriz Pereza que, encerrada en su armario particular, bordaba un pañuelo con una escena de unos pajarillos durmiendo con los picos escondidos bajo el ala.

El sueño se cerraba mientras la Emperatriz Pereza intentaba escaparse de un bostezo y meterse de lleno en la escena de los pajarillos para dormir con ellos, la estaban llamando con insistencia. 

Les siguió hasta que prendió el pico en el dorado destello del atardecer.

martes, 4 de abril de 2017

307. Sin estructura


En la casa macabra vivía la familia Estirada y sus cuatro monstruos peludos, a los que les gustaba meterse en los escondrijos. El lugar en el que solían desaparecer era en el ‘Armario de la amigable convivencia’ –el mueble tenía un rimbombante nombre porque a sus dueños les gustaba todo lo que sonara churrigueresco o, en todo caso, que complicara lo simple–. En el mueble no había un solo espacio libre por lo que era el rincón más tranquilo de toda la casa; además, nadie rebuscaba entre todo lo que ahí había. Nadie miró dentro cuando la familia Estirada vendió la casa para mudarse a una ciudad que fuera algo más tétrica. Cuando cerraron la última caja de la mudanza, todos pensaron que los cuatro peludos estaban en su contenedor de viaje. Pero, para cuando se dieron cuenta de que no era así, los cuatro ya habían empezado una revuelta que se convirtió en un tornado que les llevó a seguir la caravana de la mudanza, llevándose a toda la casa macabra por los aires… Para la familia Estirada fue una sorpresa que al final se mudaran a su propia casa –algo desestructurada dado su viaje– ubicada en una ciudad que era más tétrica.

lunes, 3 de abril de 2017

306. Un día feliz...



Ese día, la Felicidad se coló por su ventana. Iba sentada en un rayito de sol que se reflejó en el espejo del armario, iluminando toda la habitación. Le llevaba un regalo: un trocito de cielo y una estrella fugaz. Ella, la pequeña del día feliz, pidió un deseo… Y la Felicidad se la llevó a dar un paseo atravesando las tonalidades del alba.