Llevaba las gafas del revés y el ánimo también.
Debía hacer un encargo; ella y su vestido de encaje y terciopelo no tenían
ganas ni fuerzas para levantarse de la alfombra, ducharse en el armario,
desayunar sentada en el inodoro, enfundarse el vestido con un calzador,
calzarse con los pimientos que tenía en la lista de la compra, escurrirse por el
ascensor hasta su coche y levitar a todos los sitios a los que tenía que ir
incluyendo el del bendito encargo que, mientras cruzaba el primer semáforo, se dio
cuenta que se había dejado dentro del horno. Si hubiese sido algo suyo, le
habría dado igual. Pero era un favor que le había pedido… ¿Quién se lo había
pedido? Ya lo recordaría. Puso sus gafas del derecho y mandó al coche a que la
devolviera a su cama… Y entonces sonó el despertador.
viernes, 31 de marzo de 2017
jueves, 30 de marzo de 2017
302. Y así, sin más...
El hombrecillo imberbe y sinsustancia subió con insistencia
a la montaña, aún en contra de los consejos de los expertos montañeros que le
dijeron que aquel día no era prudente intentar la hazaña.
Le llevaron hasta cierto punto y él y su
insistencia siguieron subiendo.
Un desprendimiento de nieve provocó una
inesperada avalancha que se llevó, tanto al hombrecillo como a los restos de una posada
abandonada.
Le encontraron unos días después, cuando la nieve quiso que le
encontraran.
Quedó congelado en una postura imposible, por lo que tenía que estar terriblemente roto por dentro.
El armario que le servía de sarcófago, sin embargo, estaba intacto. El mueble fue a dar de pie contra un árbol milenario.
Y sobre, sobre la peculiar tumba,
unos pajarillos estaban empollando sus huevecillos…
miércoles, 29 de marzo de 2017
301. Guerrilla
Mientras la casa dormía, la cocina se convertía en un hervidero de conspiraciones.
La cucaracha Petunia quería apoderarse de la entrada al armario de las provisiones que, por tradición de antigüedad pertenecía a las mil hormigas ninjas. Petunia consiguió contactar con un par de compañeras que habían desarrollado inmunidad a los venenos en aerosol; ellas podrían hacer incursiones de reconocimiento dentro del mueble. Lo único que tenían que hacer era conseguir la entrada de las hormigas.
Ellas, por su parte, tenían planeado expandirse, hacerse con las baldas superiores y a partir de ahí ya verían el modo de conquistar la nevera.
Mientras tanto, las arañas de las esquinas del techo se restregaban las patas observando el ir y venir de unas y otras. Sólo tenían que esperar a que diera inicio el enfrentamiento entre hormigas y cucarachas. Recogerían a las que fueran quedando por el camino.
Ellas también tenían ganas de comer...
martes, 28 de marzo de 2017
300. Koishiteru
La sugerente mancha de tinta apareció al fondo del camino, en la profundidad del armario.
Sus colores, de amanecer o de atardecer, irradiaban determinación, coraje, y fuerza, mucha fuerza.
En ese ambiente, previo al día o a la noche, acontecía la vida dentro del mueble, con la normalidad del aquí nunca pasa nada. No era que sus habitantes, esos seres minúsculos, atómicos, unicelulares, viviesen en el más absoluto aburrimiento, -algo que era imposible, dado el colorido y la energía de su ambiente-.
Lo que sucedía era que nunca pasaba algo que saliera de lo ordinario.
Esto fue así hasta que una mañana, o una tarde, unas cuantas partículas decidieron hacer algo diferente.
Toda esa energía transmitida por la mancha que había en la profundidad debía expresarse de algún modo y si no salía por las buenas, iba a salir por las malas. Esto no era algo que supieran con exactitud pero puede que lo sospecharan, dado que a veces se sentían algo extrañas. Así es que entre ellas se juntaron y empezaron a moverse siguiendo la vibración que les transmitía el colorido y la energía.
Al principio fueron unas cuantas, pronto fueron trescientos y, finalmente, todas las partículas se contagiaron de ese movimiento.
Como no sabían leer, porque su pensamiento no daba para tanto, no supieron que la mancha fue tomando la forma de un símbolo cuyo significado influyó en la ropa, en el calzado, en todo lo que había dentro —y que las partículas tenían como su mundo—.
Las personas —dueñas del armario, de la ropa, de los zapatos— se contagiaron de aquel significado que determinó su destino en común. Lo curioso fue que ellas creyeron que aquella fue una decisión propia, compartida.
Pero tú sabes que sólo fueron las partículas en movimiento.
lunes, 27 de marzo de 2017
299. Hacia adelante.
Se encerró en el armario desde el principio de
los tiempos, bueno, en realidad desde que tuvo consciencia de su ser. Tenía
miedo, miedo tenía… de sí mismo.
Dentro del mueble llovía a cántaros. Quizás
porque su lado pueril lloraba sin consuelo, aterrorizado de su destino, del
destino que se resistía a asumir. Así, el mueble se convirtió en un congelador
desde el que gritaba desesperado. Sabía que fuera podía hacer lo que quisiese,
moría de ganas por demostrarlo, pero su miedo-tenía era mucho más fuerte. Sin embargo, este miedo no era tan fuerte como para negarle la certeza de que no iba a permanecer mucho más tiempo en su encierro y eso era algo
que tendría que afrontar a pesar de sí mismo, de su destino.
Entonces alguien –quizás su verdadero yo–, le llamó desde
fuera usando su único nombre. Su verdadero yo le necesitaba y era por eso que
le invocaba. «Progreso», se llamó a sí mismo usando su verdadero nombre. Y su yo
reaccionó.
domingo, 26 de marzo de 2017
298. Resuélvelo
La imagen distorsionada del mundo se reflejaba en
los espejos interiores del mueble. El candado censuraba a la imagen y a la
infinidad de palabras, frases, letras, números, y símbolos, que colgaban de una
infinidad de perchas. El tiempo, doblado en la balda superior, se asemejaba a
un jardín de rosas perennes e iguales, salvo una. La del centro, de un rosa
intenso, una tonalidad obtenida quizás de la mezcla de una fresa hervida y
leche condensada. Aquella era la ROSA, creada, esculpida, escrita, dibujada e
imaginada así, en mayúsculas. Sus pétalos concebidos en espiral alrededor de su
centro que a su vez era el centro del universo. El hermético armario no era
complicado de comprender; para conocer sus secretos era necesario olvidarse de
las distorsiones y saltar al centro del jardín. El único requisito era resolver
la combinación del candado. Una pista: para lograrlo, hay que estar de cabeza.
sábado, 25 de marzo de 2017
297. Duda serás
La Duda, fascinante y salvaje, salió del armario de una vez y para siempre… Recorrió páramos y praderas, selvas y desiertos, pueblos y ciudades, mundos conocidos y desconocidos, con un único propósito: buscar a la Verdad. En su camino se encontró con unas cuantas mentes intransigentes, aburridas, e incompatibles con cualquier tipo de aprendizaje. La Duda, que era libre –y algo traviesa– se divertía con este tipo de mentes porque solían ser caldo de cultivo para resentimientos fósiles. Pero luego no podía evitar dudar de sus intervenciones. Lo curioso era que cuando hacía estas cosas, sentía que la Verdad asomaba, que casi podía verle a la cara. Eso le daba aliciente para seguir haciendo lo que hacía cada vez que se encontraba con ese tipo de mentes que eran demasiado mundanas para su gusto.
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