«Una noche sin mis cuentos no sería lo mismo para ti, para nosotros... —Ella le estaba mirando fijamente. Su gesto serio sólo era un acicate para él. Tenía que insistir, que seguir en su línea. Intentaría su mirada de chico bueno. Era infalible para hacerla reír. Pero ella le miró raro. No iba a darse por vencido. Pensó en otra cosa, en decirle todas esas cosas que sabía que a ella le gustaban. Respiró hondo y continuó:— ¿Acaso no te gusta que cada noche vuelva contigo? Sabes de sobra que todas esas mujeres no significan nada para mi; tontear con ellas es sólo un juego. Sí, está bien, es posible que esta noche me pasara de la raya... —Con eso consiguió que ella se detuviera justo en el umbral, aunque no estaba muy seguro de estar siendo muy listo al reconocer su error. ¿Sería que lo que ella quería escuchar eran sus disculpas? Antes de que ella cambiara de opinión, saltó de la cama y quiso acariciarle un hombro, pero ella esquivó su mano. Sintió que las venas de su cuello empezaron a latirle con fuerza. No soportaba que ella le rechazara; eso le enfurecía de un modo que casi no podía controlar. Cerró la mano en puño. Ella no le iba a ganar, no iba a permitir que le abandonara. Apretó los dientes y dejó salir lo que él entendía como amor—: ¡S i é n t a t e! No hagas que pierda el control. Si luego te hago algo, será tu culpa, porque me estás buscando y me vas a encontrar. Así es que por tu bien, por nosotros. Tienes la horrible costumbre de fastidiarme el buen humor. Yo que estaba contento porque esa tipa se estaba dejando... La muy... Si no le iba a hacer nada más, por facilona. Pero llegaste tú y me dejaste en ridículo delante de mis amigos. Sabes de sobra que cada noche llego a casa y te suelto mis cuentos para llevar la fiesta en paz. Así es que no entiendo la razón de tanto drama. Y no se te ocurra llorar que me voy a poner de peor humor... Venga, vamos a la cama, vamos a arreglarlo.»
Esa fue la última frase que él le dijo. Ella, sumisa como era, le siguió hasta la cama y acarició su rostro. Lo hizo con la mayor ternura que pudo reunir. Hizo acopio de todo el amor propio que guardaba en cada una de sus células y le besó en la frente y en los labios. Él, complacido, se dejó caer en la almohada. Estaba cansado y todavía estaba un poco borracho, pero podría... Podría... Bostezó. Le estaba costando mantener los ojos abiertos y eso era una contratiempo porque le gustaba lo que estaba viendo. Ella sacó del armario el maletín de sus juguetes y le estaba mostrando el disfraz que se iba a poner para él. Volvió a bostezar. Se alegró porque fue capaz de contenerse. Si hubiese llegado a golpearla, ella se habría enfurruñado; en cambio, se había puesto juguetona y eso... Bostezó... Eso era...
Al día siguiente amaneció con las esposas puestas, atado a la cama de pies y manos, con la boca amordazada y una palabra escrita con carmín sobre su pecho. "Adiós".
Esa fue la última frase que él le dijo. Ella, sumisa como era, le siguió hasta la cama y acarició su rostro. Lo hizo con la mayor ternura que pudo reunir. Hizo acopio de todo el amor propio que guardaba en cada una de sus células y le besó en la frente y en los labios. Él, complacido, se dejó caer en la almohada. Estaba cansado y todavía estaba un poco borracho, pero podría... Podría... Bostezó. Le estaba costando mantener los ojos abiertos y eso era una contratiempo porque le gustaba lo que estaba viendo. Ella sacó del armario el maletín de sus juguetes y le estaba mostrando el disfraz que se iba a poner para él. Volvió a bostezar. Se alegró porque fue capaz de contenerse. Si hubiese llegado a golpearla, ella se habría enfurruñado; en cambio, se había puesto juguetona y eso... Bostezó... Eso era...
Al día siguiente amaneció con las esposas puestas, atado a la cama de pies y manos, con la boca amordazada y una palabra escrita con carmín sobre su pecho. "Adiós".
Tuvo que esperar algún tiempo hasta que uno de sus amigotes le echó en falta.
Ella se había ido y nunca más la volvería a ver.
Ella se había ido y nunca más la volvería a ver.
Bravo!!!
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