jueves, 13 de octubre de 2016

134. Refugio

La hechicera miró a su nueva clienta de arriba a abajo. 
Caminó alrededor suyo escudriñando su largo cabello negro, su espalda, sus brazos, su rostro, sus rodillas, sus tobillos y las palmas de sus manos. 
Mientras observaba una mano, pasaba una larga y encorvada uña por una línea de la otra, como si pudiera verla. 
Al cabo de un rato, le clavó la mirada a los ojos y sin dejar de sostener sus manos, le dijo:
—Tú y el amor. Eres una persona práctica y no te interesa complicarte la vida con historias sin futuro. Así es que te daré algo que encontrarás siempre que lo necesites. Vuelve a casa, ve a tu habitación y abre tu armario. Allí encontrarás aquello que tu corazón desea con pureza.

La mujer hizo exactamente lo que le había dicho la hechicera, sólo que se tomó su tiempo para abrir las puertas del mueble. 
Tenía mucha curiosidad pero también temor de lo que habría dentro. Por eso cerró los ojos y sin pensarlo más, tiró de los pomos. 

Una brisa marina le llenó los pulmones y el brillo del sol hizo que apretara los párpados. 
No tardó en acostumbrarse y en querer ver. 
Lo que tenía delante era una playa de ensueño a la que podría volver cada vez que quisiera, cada vez que necesitara estar a solas en el calor del verano.

1 comentario:

  1. Deseemos un verano brillante y caluroso.. gracias por estos maravillosos cuentos!

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