lunes, 27 de marzo de 2017

299. Hacia adelante.



Se encerró en el armario desde el principio de los tiempos, bueno, en realidad desde que tuvo consciencia de su ser. Tenía miedo, miedo tenía… de sí mismo.
Dentro del mueble llovía a cántaros. Quizás porque su lado pueril lloraba sin consuelo, aterrorizado de su destino, del destino que se resistía a asumir. Así, el mueble se convirtió en un congelador desde el que gritaba desesperado. Sabía que fuera podía hacer lo que quisiese, moría de ganas por demostrarlo, pero su miedo-tenía era mucho más fuerte. Sin embargo, este miedo no era tan fuerte como para negarle la certeza de que no iba a permanecer mucho más tiempo en su encierro y eso era algo que tendría que afrontar a pesar de sí mismo, de su destino.
Entonces alguienquizás su verdadero yo, le llamó desde fuera usando su único nombre. Su verdadero yo le necesitaba y era por eso que le invocaba. «Progreso», se llamó a sí mismo usando su verdadero nombre. Y su yo reaccionó. 

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