El avión de madera llego a sus manos envuelto en
papel de regalo.
La niña, su niña, lo recibió con ilusión. Ella quería aprender
a pilotar la avioneta de su padre. Él usaba la máquina para fumigar los campos de
cultivo.
—Cuando sea mayor, trabajaré contigo—, le decía la pequeña, con su juguete de madera en alto mientras corría por toda la casa, haciendo que sus sueños volaran y se fijaran en su mente.
El avión de madera durmió un sueño profundo
dentro del armario de la infancia de la comandante.
Lo que empezó como un humilde deseo de ayudar a su padre, se convirtió en un motivo de superación.
Su
único confidente, el avión de madera, la esperó paciente.
La comandante jamás olvidó que su pequeño compañero la ayudó a sembrar en sus juegos las semillas de su determinación, dedicación y disciplina. En gratitud a ese recuerdo le destinó un lugar especial en su recién estrenado despacho.
En ocasiones, un modesto juguete, puede despertar -y acompañar- la proyección de una trayectoria de muy altos vuelos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario