En un rincón luminoso –del infinito su reposo–…
En un balcón iluminado –de la inmensidad su
reparo–…
Había un baúl–armario viejo, muy viejo y lindo,
muy lindo.
Y en aquel rincón luminoso. En ese balcón
iluminado. Dentro del baúl–armario, que era viejo, lindo y un recuerdo de un
viaje largo, se escondía un grato secreto. Allí dentro había una puerta hacia
un camino que llegaba a una carretera que conducía a un paraíso. Para volver ahí cada vez que se quisiera, sólo había que abrir el baúl-armario. Una visita a aquel mágico lugar era suficiente para remontar cualquier obstáculo.
Lindo!!
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