martes, 7 de marzo de 2017

279. Sin pies ni cabeza...


La pequeña estaba enfurruñada. Miraba y miraba a su zapatilla, pero no le veía ni pies ni cabeza. Se le había metido la idea de buscarle los pies y la cabeza a todo: sus lápices de colores, su cepillo de dientes, su cama, su libro de cuentos, su albornoz para salir de la ducha, su armario, su taza del desayuno, y todo aquello cuanto veía mientras se preparaba para ir a la escuela, por lo que cada mañana llegaba tarde. Nadie se daba cuenta de la importancia suprema que tenía su tarea de encontrarle los pies y la cabeza a todo. Es más, todos parecían enfadados con ella porque le gritaban metiéndole prisa para que saliera de una vez de su habitación… Sabía que alguien, cualquiera de la casa, estaba a punto de lanzarle un grito para que bajara. Y ella estaba enfurruñada y a medio vestir. Encima de todo, la zapatilla estaba sola, pues la otra se había escondido debajo de la cama; así no podía determinar si la que estaba viendo era la que tenía la cabeza gruñona o la que tenía la cabeza sonriente –porque siempre que se encontraba con algo que venía en pares, buscaba exactamente lo mismo–. 
El grito, esta vez, le llegó de su madre. La pequeña enfurruñada y a medio vestir, se enfurruñó aún más, se quitó lo que llevaba puesto, volvió a ponerse el pijama y se declaró en huelga de dolor de estómago. Además, tampoco es que le apeteciera demasiado ir al cole, como no había hecho los deberes de historia… Sí, era mejor quedarse en la cama, así tendría tiempo para pensar en cuál de las dos zapatillas tenía la cabeza gruñona. 
Su madre entró a su habitación de un momento a otro y en un dos por tres, ella estaba vestida, dentro del autobús y de camino a la escuela. 
Por cierto, su madre la envió con una nota prendida a su mochila. En el sobre ponía que era para la maestra de historia. En la nota ponía que se disculpaba porque su hija no llevara los deberes hechos, pero que se comprometía a hacerlos y que los llevaría al día siguiente, aunque no contaran como nota aprobatoria. Además le dijo que la niña necesitaba algo de ayuda para encontrarle los pies y la cabeza a la historia, así es que le pedía, encarecidamente, que le recomendara unos cuantos libros de lectura adicionales para los fines de semana.

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