jueves, 16 de marzo de 2017

288. Historia de familia

«Aquel era un diablillo eteco –especificó la abuela–. Mi mamá decía que esos no valían para nada, ni siquiera para asustar a una parturienta y que terminara de empujar a la criatura. Ese fue el que se le presentó a mi abuelo, al padre de mi padre. Y, como te decía, él estaba tan… ¿Cómo decirlo? ¡Ah, sí! Estaba tan alejado de la realidad que pensó que se trataba de uno de sus amigos. El diablillo, que aunque no asustaba, no dejaba de ser muy malo, le siguió la corriente. Hasta lo abrazó para ayudarle a caminar y que no se cayera por lo mareado que estaba. Dice que el diablillo empezó a conducir a mi abuelo fuera del camino, a llevárselo por el monte, al escondrijo que tenía debajo de la tierra. Debió de ser que, cuando llegaron, el eteco hizo que el abuelo se agachara, que metiera la cabeza dentro de un agujero que había entre unas piedras. En ese momento mi abuelo se golpeó y por el susto, despertó. No llegó a entrar a la guarida porque se dio cuenta de lo que estaba pasando. Las manos del diablillo le quemaron la espalda y el hombro, que era por donde lo tenía agarrado. Se zafó y se alejó. Entonces le vio la cara, la sonrisa y sintió tanto asco que le vomitó todo lo que llevaba en las tripas. Volvió a su casa corriendo, empujó el armario y todo lo que pudo contra la puerta. Como por aquel entonces vivía solo, le dio por tenerle miedo a la soledad. Ese día se propuso tres cosas: dejar de beber, formar una familia y conseguir prosperidad. Se decía que si había logrado escaparse de un diablillo, también lograría liberarse de la pobreza. Y así fue. A partir de ese día, empezó a ahorrar todo lo que se gastaba en beber, tiró abajo la casa –que más parecía una choza– y volvió a construirla con la intención de venderla junto con el terreno, empezó a mejorar en el trabajo y poco a poco fue haciéndose un nombre. Para cuando conoció a la abuela, ya se había enderezado del todo; hasta tenía un pequeño negocio que supo hacer crecer. El resto de la historia te la cuento otro día. ¿Por qué te contaba esto? ¡Ah, es verdad! Por el disgusto que tuviste con aquella persona... Míralo de este modo. También encontraste a un diablillo de esos que no valen para nada, y esto te está dando la oportunidad de abrir los ojos y tomar decisiones que crearán un buen destino para tu vida. Y eso dependerá de que sepas elegir poniendo tu dignidad por delante.»

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