«Aquel era un diablillo eteco –especificó la
abuela–. Mi mamá decía que esos no valían para nada, ni siquiera para asustar a
una parturienta y que terminara de empujar a la criatura. Ese fue el que se le
presentó a mi abuelo, al padre de mi padre. Y, como te decía, él estaba tan…
¿Cómo decirlo? ¡Ah, sí! Estaba tan alejado de la realidad que pensó que se
trataba de uno de sus amigos. El diablillo, que aunque no asustaba, no dejaba
de ser muy malo, le siguió la corriente. Hasta lo abrazó para ayudarle a
caminar y que no se cayera por lo mareado que estaba. Dice que el diablillo
empezó a conducir a mi abuelo fuera del camino, a llevárselo por el monte, al
escondrijo que tenía debajo de la tierra. Debió de ser que, cuando llegaron, el
eteco hizo que el abuelo se agachara,
que metiera la cabeza dentro de un agujero que había entre unas piedras. En ese
momento mi abuelo se golpeó y por el susto, despertó. No llegó a entrar a la
guarida porque se dio cuenta de lo que estaba pasando. Las manos del diablillo
le quemaron la espalda y el hombro, que era por donde lo tenía agarrado. Se
zafó y se alejó. Entonces le vio la cara, la sonrisa y sintió tanto asco que le
vomitó todo lo que llevaba en las tripas. Volvió a su casa corriendo, empujó el
armario y todo lo que pudo contra la puerta. Como por aquel entonces vivía
solo, le dio por tenerle miedo a la soledad. Ese día se propuso tres cosas:
dejar de beber, formar una familia y conseguir prosperidad. Se decía que si
había logrado escaparse de un diablillo, también lograría liberarse de la
pobreza. Y así fue. A partir de ese día, empezó a ahorrar todo lo que se
gastaba en beber, tiró abajo la casa –que más parecía una choza– y volvió a
construirla con la intención de venderla junto con el terreno, empezó a mejorar
en el trabajo y poco a poco fue haciéndose un nombre. Para cuando conoció a la
abuela, ya se había enderezado del todo; hasta tenía un pequeño negocio que
supo hacer crecer. El resto de la historia te la cuento otro día. ¿Por qué te
contaba esto? ¡Ah, es verdad! Por el disgusto que tuviste con aquella
persona... Míralo de este modo. También encontraste a un diablillo de esos que
no valen para nada, y esto te está dando la oportunidad de abrir los ojos y
tomar decisiones que crearán un buen destino para tu vida. Y eso dependerá de
que sepas elegir poniendo tu dignidad por delante.»
jueves, 16 de marzo de 2017
288. Historia de familia
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