domingo, 26 de marzo de 2017

298. Resuélvelo



La imagen distorsionada del mundo se reflejaba en los espejos interiores del mueble. El candado censuraba a la imagen y a la infinidad de palabras, frases, letras, números, y símbolos, que colgaban de una infinidad de perchas. El tiempo, doblado en la balda superior, se asemejaba a un jardín de rosas perennes e iguales, salvo una. La del centro, de un rosa intenso, una tonalidad obtenida quizás de la mezcla de una fresa hervida y leche condensada. Aquella era la ROSA, creada, esculpida, escrita, dibujada e imaginada así, en mayúsculas. Sus pétalos concebidos en espiral alrededor de su centro que a su vez era el centro del universo. El hermético armario no era complicado de comprender; para conocer sus secretos era necesario olvidarse de las distorsiones y saltar al centro del jardín. El único requisito era resolver la combinación del candado. Una pista: para lograrlo, hay que estar de cabeza.  

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