miércoles, 22 de marzo de 2017

294. Tres, dos, uno…

El recuerdo se elevaba con el soporte de andamios en medio de la plaza. 

Era una figura colosal que a ratos parecía una casa del revés, un armario con las puertas abiertas, un parque de juegos para adultos infantiles, un castillo de princesas sin cuentos, una rueda de interminable fortuna, una tarta con velas que nunca se iban a apagar. 

La niña, sentada en la acera con las manos abrazando sus rodillas, contemplaba con asombro el recuerdo. «¡Pétalo todo!», le susurró la inconfundible voz de su amor eterno. Entonces vio a sus pies un interruptor que encendió de inmediato. 

Los fuegos artificiales estallaron desde el recuerdo, iluminando la plaza y el porvenir de la pequeña.   

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