«Hoy camino como perdida entre la muchedumbre. ¿Acaso le importa a alguien?
Pero no estoy entre la gente. Si estuviera entre las personas buscaría la complicidad de una mirada o cualquier otro indicio de vida, de pensamiento propio.
El lugar en el que estoy es un laberinto que fue construido dentro de un armario por un espíritu burlón.
Para poder moverme dentro de esta sinrazón tengo que mover perchas, esquivar chaquetas, emparejar calcetines, enrollar o desplegar cinturones, entre algunas otras acciones que me veo obligada a realizar para poder encontrar la salida y volver a mi vida, si es que tengo una.
Estos objetos me han apodado de una manera que no me gusta, ni me disgusta.
Me llaman 'la organizadora', porque así es como me ven.
No se han percatado de mi encierro.
Yo sólo quiero salir de aquí, pero tal parece que tampoco será hoy.
Como decía al inicio, hoy me muevo como si estuviera perdida, como si no conociera cada rincón de este cambiante laberinto y...»
—¡Mamá! ¿Encontraste mi jersey? En la ropa sucia no está. Si no llevo ese me muero porque... ¿Ma? ¿Mamá? ¿Mami? ¿Dónde estás?...
La madre determinó que ya había sido suficiente, que quería crear su propia vida desde el punto en el que estuviera y eso era algo que debía descubrir.
En cuanto decidió salir del laberinto, recobró su libertad y se fue a clases de pintura...
Los demás tuvieron que aprender a ordenar sus propios laberintos.
Asunto de decisión!!!
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