«El trol gruñón arremetía contra cuantos se acercaban a él.
Estaba tan enfadado que no era capaz de darse cuenta que nadie quería
hacerle daño.
Los habitantes de la villa querían ayudarlo a quitarse el grillete que aprisionaba
su tobillo, el origen de su frustración.
Nadie imaginaba que, de ser libre, el trol no hubiera sabido qué hacer con
su existencia.
Lo más fácil, desde su trol-punto de vista, era permanecer tal y como
estaba, atado a su destino y alejando a todos con su mal humor.
Así fue como el miedo le obligó a arrastrar su prisión hasta que un buen
día…»
La reina de las hermanas hadas cerró el cuento. Los elfos pequeños se habían quedado dormidos y no tenía sentido que siguiera leyendo. Hubiera querido terminar con la lectura, contarles cómo el trol superó su miedo y empezó a vivir de verdad. Algo desanimada, fue a dejar el libro al armario y se dio cuenta que una de sus tablas estaba suelta. Entonces tuvo una idea: llevaría a los pequeños al mar de la calma y les enseñaría a usar los deslizadores de olas, de ese modo les ayudaría a perder el miedo que le tenían al agua.
Entusiasmada, quiso empezar a organizar la excursión, aunque pronto se dio
cuenta que sería más eficiente si se iba a dormir. Al día siguiente, a primera
hora, empezaría a disponer de lo necesario para llevarse a todo el reino a
pasar el día fuera.
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ResponderEliminarMuchas veces vemos enemigos que nos atacan, sin darnos cuenta que ellos, algunas veces, son nuestras propias inseguridades y miedos,...
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