lunes, 29 de agosto de 2016

89. Apatía

Las ganas estaban hechas polvo. 

Ambas guerreras estaban hermanadas en la acción: una era impulsiva, la otra desafiante y no había nada, nada que se les pusiera por delante que evitaran afrontar. 

Pero el agotamiento había estado rondándolas, asechándolas con sus trampas, observándolas con su siniestra sonrisa. 

Siempre se comportaba como un depredador que disfrutaba golpeando a quienes consideraba como sus presas y a ellas las había arrastrado hacia su desierto. 

Las razones, las buenas y las malas -esas que nunca faltan en una contienda y que suelen permanecer guardadas en algún armario- se presentaron en aquel inhóspito campo de batalla que era más parecido a un coto de caza. 

El agotamiento se estaba cebando con la que era la reacción en estado puro, pero no contó que al hacerlo despertaría la furia en la otra. 

A ella le bastó con sostenerle la mirada para debilitar sus intenciones. 

Las buenas razones para que ellas se levantaran y le plantaran cara al cansancio se unieron a ellas, mientras que las otras, las malas razones, desaparecieron. Era de esperarse pues las malas razones se caracterizaban por ser cobardes.

Tras vencer al agotamiento, lo que ambas guerreras -o sus ganas- necesitaban era un merecido descanso. Sólo así podrían recuperarse y alejar el estado de confusión que el cansancio suele generar. 

Era de agradecer que las decisiones no se hubiesen presentado con alguna urgencia... 

Aunque, en esos casos, la intuición suele aparecer y resolverlo todo con mucho acierto.

Y a ella no le importa que suelan confundirla con alguna de las otras dos generadoras del movimiento.

1 comentario:

  1. Hoy precisamente me levanté con las ganas hechas polvo. Pero ni modo amiga. Gracias me cayó como anillo al dedo. Un beso 😘

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