viernes, 26 de agosto de 2016

86. Brilli brilli

En el castillo de sueños lo que más había eran escondites y era común que sus habitantes, si no querían ser encontrados, desaparecieran durante horas. 
Nadie se alarmaba porque todos salían de sus escondrijos cuando tenían hambre.

Durante el día que nos ocupa, las hermanas hadas fueron a buscar a la más pequeña a la biblioteca. 
Allí pasaba todas las horas posibles durante su día libre. 

Querían que comiera con ellas, pero la vieron tan concentrada que no quisieron molestarla. Volvieron a buscarla a la hora de la merienda, pero ya no estaba ahí. 
Creyeron que la encontrarían en el comedor, pero tampoco fue así. 

Al llegar la noche empezaron a preocuparse porque a la hora del postre su pequeña hermana seguía sin aparecer. 

Así es que se disculparon con los presentes -esa noche había llegado una delegación de gnomos embajadores de los bosques del norte y su hermana reina estaba muy ocupada atendiéndoles- y fueron a buscar a la pequeña. 

Revisaron en el pasadizo que estaba detrás del reloj de pared, en el tablón suelto de debajo de las escaleras y en la trampilla que tenía debajo de su cama en la habitación que compartían -sus tres escondites preferidos-. 

No la encontraron. 

Un sollozo las hizo ver dentro de su armario. Allí estaba, con una lámpara de aceite en una mano y con la carita metida dentro de un libro tan grande como ella. 

¿Cómo era posible que...? Pero saber como había llegado hasta ahí con un libro tan grande era lo de menos...

—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

La pequeña se secó una lágrima y sólo les levantó un dedo, como pidiéndoles un minuto para seguir leyendo. Sus hermanas, extrañadas, se miraron entre ellas.

—¿Os podéis creer que en el mundo de los que sueñan hay un lugar, un atolón llamado Bikini que es precioso, casi tan lindo como nuestro mar de la calma, y que nadie puede vivir allí porque es una especie de cementerio de barcos y tiene una elevada contaminación nuclear? ¿Qué clase de sueños sueñan los que hicieron eso? ¿Qué clase de sueños les enviamos? No lo entiendo.
—Espera un poco, ¿qué es un ato...? ¿Cómo dijiste? —preguntó la segunda.
—Sí, y ¿que es eso de kini? —intervino la tercera
—A mi no me quedó claro lo de nuclear, ni lo de... nada. Lo único que creo que te entendí es que piensas que les enviamos sueños malos a quienes sueñan ¿es así?.

La pequeña, con los ojos a punto de brotarle unas cuantas lágrimas de una sola vez, asintió. 

La mayor de las hermanas presentes, que era la última que intervino, continuó:
—Nosotras no enviamos sueños malos. El problema está en que muchos de quienes sueñan han olvidado alimentarse de sus sueños y en lugar de eso se alimentan de sus ambiciones. Es por eso que se comportan de manera estúpida contra su propio mundo. Pero hay quienes se resisten a vivir de ese modo y sí que saben alimentarse de sus sueños. Son quienes saben ser felices de verdad.
—¿De verdad de la buena? —Cuestionó la pequeña aguantando un último sollozo.
—Ya sabes que a mi sólo me gusta leerle a los elfos su libro de cuentos. No tengo esa inquietud que tienes tú para aprender lo de los otros mundos, por ejemplo. Pero, de lo poco que sé, puedo decirte que quienes se alimentan de sus sueños tienen un destello especial en la mirada. Sabes que son seres felices sólo con mirarles. Tienen una especie de luz que les rodea. ¿Cómo explicarlo? Un algo que brilla y brilla rodeando su ser...
—¿Un brilli-brilli?
—Eso es. Te aseguro que sus seres no son indiferentes hacia eso que nos contaste sobre aquello del kini...
—Bikini.
—Pues eso...

Las cuatro bajaron al comedor. Cuando llegaron vieron que les esperaba el postre...

1 comentario:

  1. Felizmente que aún quedan - en este mundo loco - personas como tú ,que son capaces de permitirse soñar y crear,...

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