lunes, 22 de agosto de 2016

82. Pequeñas conquistas

En un día cuadrado, de esos en los que todo se ve difuminado, abrirás tu armario y descubrirás que está vacío, que dentro no hay nada. 

Nada. 

¿Puedes imaginarlo? 

No me refiero a que únicamente carezca de contenidos, sino a que, lo que tienes delante, es la nada absoluta... 

¿Logras verlo? 

Es como si estuvieras frente a un agujero negro. Cuando eso ocurra, recuerda que lo primero que debes hacer es mantener la calma. Luego recuerda que se trata de un día cuadrado en el que todo se ve difuminado y aférrate a ese hecho cuando sientas la seducción del vacío... 

Sólo deja pasar por tu cuerpo esa especie de tentación y déjala ir hacia la nada de dentro del armario. 

Entonces sonríe. 

Es muy importante que recuerdes que la clave está en que te muestres, que empieces a sentirte alegre. 

Verás que tu sonrisa te dará una fuerza descomunal. Será el momento en que le digas a la nada: 

«Dejo que mi fascinación de entregarme a ti se vaya contigo» y, de inmediato, cierra las puertas. 

Lo que experimentarás a continuación será la satisfacción de haberle ganado al vacío y a tu día cuadrado de visión nebulosa.

Por cierto, una vez que termines de disfrutar de tu victoria, puedes volver a abrir las puertas del armario. 

Encontrarás que todo está en su sitio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario