La viajera del espacio-tiempo necesitaba tomarse un descanso, así es que ese día decidió no entrenar.
En lugar de eso dedicó su mañana a colocar su armario de la hermandad.
En él tenía guardados los recuerdos más preciados de vidas pasadas, presentes y futuras.
Sacaba una caja, la abría, miraba lo que había dentro, lloraba y reía a la vez -el único ejercicio de equilibrio emocional que se permitió-, volvía a cerrarla y la dejaba fuera para sacar otra.
Hizo esto hasta que encontró una caja de madera.
Era negra y estaba decorada con paisajes dorados, rojos y verdes.
Al abrirla, una melodía la transportó a un recuerdo que interpretó que era de una de sus infancias.
En la imagen que apareció en su mente se reconoció como uno de los pequeños seres que sostenían lo que parecían ser frutos rojos o rosas que se veían enormes en relación con sus diminutas manos.
Evocó la letra de la canción que todavía estaba reproduciendo la caja:
Somos hermanas hadas
nacidas en la misma fuente.
Somos almas gemelas
unidas en una sola mente.
Entonces se fijó en el fondo de la caja.
Había un papelito doblado.
Se sentó, posó la caja sobre el suelo y se dispuso a abrirlo con cuidado.
Parecía que estaba pegado con algún tipo de aceite.
Cuando terminó de desdoblarlo, se agradeció por haberse sentado pues todo su cuerpo empezó a temblar. Era una nota escrita con letra infantil en la que sólo decía:
"Además de ser mi hermana, eres mi mejor amiga"
En el momento en que leyó aquella frase pudo sentir que una mano diminuta sostenía su mano.
Su corazón empezó a latir con fuerza.
Debía hablar con su entrenadora y madre.
Quizás debían cambiar el rumbo de su viaje y visitar esa otra vida que sentía que la estaba llamando.
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