Cuando era pequeña solía desaparecer estando dentro de casa. Su madre solía encontrarla durmiendo dentro del armario empotrado de su habitación, cubierta con su capa negra de estrellas y medias lunas, siempre rodeada de juguetes, abrazada a su peluche de pez y a su linterna mágica. Ni su madre, ni su padre sospechaban que la niña tenía un compañero de juegos singular que vivía dentro del mueble. Todas las tardes le daba la mitad de su bocadillo de la merienda y, mientras comían, tenían charlas largas sobre temas muy importantes.
Pero el tiempo pasó y su armario empezó a cambiar por dentro y por fuera. Los juguetes fueron reemplazados por ropa que a su vez fue reemplazada por... más ropa, vestidos, bolsos, complementos, tacones... Los pósteres que decoraban las puertas por fuera pasaron de ser de dibujos animados, a figuras y grupos de rock, para finalmente dar paso a un mapamundi en el que tenía marcado con chinchetas los lugares a los que había viajado y los que quería visitar. El tiempo pasó y, por supuesto, ella olvidó a su amigo. Es lo que tiene crecer.
Un día de esos, en los que todo parece confabularse para salir mal, llegó a casa sintiéndose derrotada. Se encerró en su habitación, se abrazó a su almohada y dejó que saliera toda la rabia que llevaba por dentro. Estaba a punto de quedarse dormida pero vio un filo de luz por debajo de las puertas del armario. Llevaba mucho tiempo diciendo que tenía que cambiar la bombilla estropeada, pero siempre se olvidaba de hacerlo. ¿Habría sido su padre? Fue hacia el armario para apagar la luz y al abrir sus puertas hizo un gesto de extrañeza. Su ropa estaba replegada hacia un lado y hacia otro, como si fuesen las cortinas de un teatro. En medio había una caja forrada con un collage de sus pósteres de cuando había sido niña y adolescente. La abrió sin pensárselo. Dentro estaba su capa negra de estrellas y medias lunas, su peluche de pez, su linterna mágica y la mitad de un bocadillo (que acababan de hacer, porque el pan todavía estaba caliente y la pasta de cacao se derretía por los bordes). Sacó algunos zapatos para hacerse espacio, se sentó dentro del mueble y empezó a comer; estaba hambrienta. Se fijó en la bombilla, era la misma que estaba rota por dentro... ¿De dónde provenía la luz? Miró a todas partes y, de pronto, vio un pequeño garabato que estaba en la pared del fondo. No pudo resistir el impulso de tocarlo. Un estallido luminoso la cegó y al momento siguiente estaba sentada sobre un meteoroide ovoide, flotando en la inmensidad del espacio. Delante del montículo en el que estaba, había un ser de espaldas a ella. No sintió miedo porque aquella figura le resultó familiar.
—Sigues siendo una valiente. —Le dijo una voz grave.
Ella no le respondió. Estaba intentando asimilar lo que estaba ocurriendo. Lo que más la asombraba era que esa experiencia le estaba resultando conocida. Al cabo de un momento, el ser se giró. Su aspecto no era, digamos, común. Y ella, otra vez, no se inmutó. No le resultó desagradable; todo lo contrario, al verlo, sintió un gran cariño. Le sonrió. Entonces, el ser volvió a hablar:
—¿Sabes quién soy?
Ella no le respondió. Estaba intentando asimilar lo que estaba ocurriendo. Lo que más la asombraba era que esa experiencia le estaba resultando conocida. Al cabo de un momento, el ser se giró. Su aspecto no era, digamos, común. Y ella, otra vez, no se inmutó. No le resultó desagradable; todo lo contrario, al verlo, sintió un gran cariño. Le sonrió. Entonces, el ser volvió a hablar:
—¿Sabes quién soy?
—Sí, eres mi monstruo.
El ser asintió. Al cabo de un momento continuó:
—¿Qué fue lo que te pasó hoy?
—¿Hoy?... De todo. Pero lo peor fue que...
—No me refiero a las circunstancias de tu día, sino a lo que te pasó a ti para que te olvidaras de ti misma, de todo lo que eres capaz de hacer. ¿Por qué dejaste que esa gente...? Ellos no significan nada para ti, para tu vida. No tienes que darles explicaciones de nada. ¿Qué ocurrió para que te olvidaras de lo mucho que vales?
—No... No lo sé. Supongo que me asusta que al final de todo, de lo mucho que me esfuerce, o de lo poco o mucho que consiga... De lo que tengo miedo es de encontrarme sola.
—En este momento estás sola y no estás asustada.
—No estoy sola, estoy contigo.
—¡Oh, claro que lo estás! Eso es inevitable dado que nadie puede estar en el mismo espacio que ocupas, no a un mismo tiempo. En ese sentido, siempre estás y estarás sola. Si a lo que te refieres es a la sensación de soledad, entonces te diré que eso es otro imposible. Tu esfuerzo no es un empeño único, sino que lo compartes con las personas que más quieres, quienes a su vez se esforzaron para que tú consigas, como dices, poco o mucho. En ese sentido, siempre estás y estarás acompañada. Ahora bien, antes dijiste que soy tu monstruo, pero has olvidado que para tu ser, soy tu talento. Durante estos años en los que me llevaste contigo he aprendido que lo tuyo es comprender, querer a las personas. Aprendiste a ver lo bueno en ellas a pesar de sus monstruosidades y en eso creo que tengo algo que ver. Pero una cosa es ayudar a la gente, y otra muy distinta dejar que te afecte quien no se merece que le prestes atención. Aquellos que de verdad te valoran, te quieren sin condiciones. Así es que ahí tienes tu última respuesta: que todas esas personas a las que quieres y que te quieren, jamás permitirán que sientas la soledad aunque te veas sola. ¿Comprendes lo que te quiero decir?
Sus padres, preocupados porque a la mañana siguiente seguía sin salir de su habitación, forzaron la puerta. La encontraron durmiendo dentro de su armario, abrazada a su viejo peluche de pez y a su linterna mágica, además tenía su capa de estrellas y medias lunas sobre los hombros...
—No... No lo sé. Supongo que me asusta que al final de todo, de lo mucho que me esfuerce, o de lo poco o mucho que consiga... De lo que tengo miedo es de encontrarme sola.
—En este momento estás sola y no estás asustada.
—No estoy sola, estoy contigo.
—¡Oh, claro que lo estás! Eso es inevitable dado que nadie puede estar en el mismo espacio que ocupas, no a un mismo tiempo. En ese sentido, siempre estás y estarás sola. Si a lo que te refieres es a la sensación de soledad, entonces te diré que eso es otro imposible. Tu esfuerzo no es un empeño único, sino que lo compartes con las personas que más quieres, quienes a su vez se esforzaron para que tú consigas, como dices, poco o mucho. En ese sentido, siempre estás y estarás acompañada. Ahora bien, antes dijiste que soy tu monstruo, pero has olvidado que para tu ser, soy tu talento. Durante estos años en los que me llevaste contigo he aprendido que lo tuyo es comprender, querer a las personas. Aprendiste a ver lo bueno en ellas a pesar de sus monstruosidades y en eso creo que tengo algo que ver. Pero una cosa es ayudar a la gente, y otra muy distinta dejar que te afecte quien no se merece que le prestes atención. Aquellos que de verdad te valoran, te quieren sin condiciones. Así es que ahí tienes tu última respuesta: que todas esas personas a las que quieres y que te quieren, jamás permitirán que sientas la soledad aunque te veas sola. ¿Comprendes lo que te quiero decir?
Sus padres, preocupados porque a la mañana siguiente seguía sin salir de su habitación, forzaron la puerta. La encontraron durmiendo dentro de su armario, abrazada a su viejo peluche de pez y a su linterna mágica, además tenía su capa de estrellas y medias lunas sobre los hombros...
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