La prueba inequívoca de que el tiempo se estaba confabulando a su favor era que, asombrosamente, estaba siendo capaz de encontrar en su armario todo lo que quería.
No era que tuviera que hacer una maleta para algún viaje, o que tuviera prisa por vestirse y salir.
Lo que quería era hacer un viaje por sus afectos a través de sus prendas.
Lo que fue sacando la hizo encontrarse tan bien con ella misma que se lo puso todo a la vez.
Se sentía querida, generosa, preciosa, cariñosa, interesante, sencilla, sofisticada, fuerte, valiente, luchadora y más, mucho más.
El espejo le dijo que todas esas prendas no combinaban por los colores, las texturas, las tallas, las estaciones a las que pertenecían...
Ella miró al espejo y se rio de él.
Siempre tenía alguna apreciación crítica que no venía a cuento. Era un absurdo. ¡Si ni siquiera sabía la razón por la cual se estaba poniendo todo aquello!
Decidió ignorarlo y continuó... Se sentía estupenda y eso era lo único que importaba.
Muy lindo!
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