En el club de las palabras amables, en medio del salón ceremonial, existe un armario transparente destinado a las palabras ausentes.
Las razones por las que aquellas palabras nunca fueron dichas son innumerables y, a decir verdad, no importan.
La viajera del espacio-tiempo entró a ese solitario salón durante uno de sus ejercicios de imaginación, fue hasta el mueble y lo abrió.
Dentro había siluetas de seres que existían en otros mundos, en otras dimensiones.
Cada una de esas imágenes eran piezas de un mismo rompecabezas que empezó a componer en el suelo. Cada pieza que encajaba con otra mostraba una pregunta, una circunstancia y una solución que casi siempre tenía que ver con una palabra no dicha.
Era curioso descubrir cómo todos esos seres tenían algún tipo de conexión entre ellos y que aquello que los separaba era muy sencillo de solucionar con algo de voluntad...
Y, en la mayoría de las veces, con una sola palabra.
A veces creemos que tenemos todo el tiempo del mundo y así dejamos de hacer pequeñas cosas , de decir una palabra, de tener una actitud ,...
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