Lo bueno de haber vencido a un día cuadrado en el que todo se ve difuminado y la nada aparece en tu armario tentando a tu voluntad, es que podrás usar esa experiencia a tu favor.
Verás, al haber visto el vacío, podrás evocarlo cada vez que necesites descansar.
Cierra los ojos y deja que aparezca el hada de la calma.
Ella te trae un regalo: polvo de oro. No es un obsequio cualquiera, es parte de ella, de sus alas, de su don de la invisibilidad.
El hada te llevará a donde quieras ir, como si lo que deseas es entrar en un sueño tan profundo que te encuentres con el vacío.
No será difícil reconocerlo.
Eres tenaz, se lo probaste y sabe que eres tú quien manda.
La nada ahora está al servicio de la quietud de tu pensar y de tu sentir.
Confía en que el hada de la calma te regresará al amanecer...
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