miércoles, 17 de agosto de 2016

77. Ánimo

Los habitantes del castillo de sueños estaban disfrutando de una cena llena de charlas entretenidas. 
La única que permanecía silenciosa era la más pequeña de las hermanas. 
La reina, que la tenía a su vera, la observaba de rato en rato. Imaginaba que seguiría dándole vueltas a la conversación que esa misma noche tuvieron sobre la absurdidad. 
Le inquietaba que el espíritu juguetón y sensible de la hadita pudiese entristecerse a causa de esos pensamientos, así es que fue hacia el armario sobre el que estaba la vela que nunca se apagaba y que estaba sirviendo de tarima para los Gnomos Galácticos. Ellos habían accedido a amenizar la velada con las melodías más lentas de su repertorio. 
La reina les hizo un pedido que no entendieron, por lo que tuvo que tararearles lo que quería. No tardaron en pillar el ritmo y empezar a tocar una melodía que, aunque era lenta, invitaba a moverse en el sitio, a seguir el compás, a bailar aunque estuvieran todos sentados.
La reina volvió bailando hasta su sitio sin dejar de ver el modo en que la carita de su hermanita se fue iluminando.
—¿Qué música es esa? ¡Nunca la había escuchado! —Le dijo la más pequeña de las hadas en cuanto se sentó.
—¡Oh! La escuché en uno de mis viajes al mundo de los seres que sueñan. ¿A que todo eso a lo que le estabas dando vueltas ha dejado de pesar en tu cabecita? Cada vez que sientas que tu ánimo decae...
—...Escucha música que le infunda felicidad a tu alma. Pero, no me has dicho cómo se llama esa música.
—Es verdad, en el otro mundo le llaman "re"... No, espera. Suena a "egue" o algo así. Si me lo preguntas, no sabría escribirlo.
—No importa, me gusta. Gracias.
La noche continuó con las charlas entretenidas, con música algo más variada y con armonía entre los espíritus de todos los presentes.  

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