La viajera del espacio-tiempo, reconocida aventurera de fama mundial, debía entrenarse para llevar a cabo la hazaña decisiva: cruzar las puertas del armario dimensional. La dureza de los ejercicios era implacable. Al finalizar la jornada terminaba totalmente exhausta.
Empezaba imaginándose por dentro, viendo en su mente a todas sus células. La tarea consistía en hablar con cada una de ellas, escucharlas, regalarles una única palabra y agradecerles por su labor. Hacía esto la mayor parte de la mañana, hasta que su entrenadora y maestra tocaba una campanilla; entonces empezaban una meditación compartida.
Viajar entre el espacio y el tiempo en ocasiones era doloroso. Durante sus miles de excursiones había aprendido a desprenderse de cualquier sensación que le recordara a su cuerpo físico. Cruzar hacia otra dimensión requería, además, de un acto de amor supremo.
Era por eso que su maestra, ilustre erudita en la máxima ley, la acompañaba durante esta parte de su aprendizaje y lo hacía desde el mismo estado de concentración. Ambas retrocedían mentalmente el tiempo hasta que una volvía a ser el portal dimensional de la otra. Estando en un mismo cuerpo, seguían retrocediendo en espacio hasta que se reconocían en otro mundo, en otra galaxia, al otro lado del universo.
─¿Sabes? A veces sueño con que nos volveremos a ver en otra dimensión y que entonces serás mi portal hacia otro mundo.
La viajera solía guardar silencio cada vez que su madre le comentaba esto, sobre todo porque solía soñar exactamente con lo mismo. Podría ocurrir... ¿Por qué no?
Dedicado a mi hermanita del alma,...
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