jueves, 11 de agosto de 2016

71. Descanso

Estaba siendo la fiesta más animada de la historia del reino feérico.

Los habitantes diminutos del bosque acudieron con manjares y brebajes de todo tipo, colores y consistencias.

Las cigarras violinistas bajaron del escenario mientras un grupo de musarañas payasas empezaron a hacer el tonto lanzándose una apestosa sustancia viscosa. Así, músicos y artistas se fueron turnando para amenizar el cotarro. 

Una xana atrapó en el aire un poco de la sustancia apestosa y la introdujo en los pantaloncillos de un trasgo que llevaba más de una sidra encima y estaba a punto de dormirse en el sitio. Quienes vieron la travesura, estallaron en risotadas que hicieron sonreír al trasgo, cabecear y terminar babeando feliz sobre la mesa. 

Como ninguno de los presentes se fiaba del espíritu bromista del otro, los que eran prudentes, se retiraban para esconderse, dormir y volver. Si no lo hacían así, podían terminar como el trasgu o algo peor, como despertar sin ropa flotando en una hoja en medio de algún charco.

En aquella fiesta de tres días y tres noches, de toda la familia feérica real, la única que no se había escabullido para descansar era la más pequeña de las hermanas hadas.

Estaba feliz: hablaba con todos, bailaba, comía y volvía a bailar. Lo único que bebía era agua, agua y más agua. Les dijo a sus hermanas que sería capaz de aguantar el cansancio sin necesidad de perderse, tal y como hacían los demás. 

Además, tenía un plan por si el sueño la tentaba a apoyar por un momento la cabeza en la mesa; hacer eso era como sentenciar su suerte a caer en alguna broma. Lo que iba a hacer cada vez que sintiera sueño sería coger un jarrón vacío y decir que iría a buscar más cerveza, vino, sidra o lo que fuera que estuvieran bebiendo en la mesa grande; entonces iría a un árbol en el que se había preparado un escondite y dormiría procurando no roncar. 

Así lo hizo y le fue bien, aunque en realidad, en ningún momento pudo llegar a dormir del todo pues nunca faltó alguien que la buscara con insistencia. Era como si la magia de la fiesta acabara en su ausencia. Por eso, si escuchaba su nombre, saltaba como un resorte y para allá que iba a darle el encuentro a quien fuera.

Al segundo, o tercer día, ella no podría recordarlo, se unió a sus hermanas, bastante más compuestas y despejadas, que estaban hablando con la abuela de los Gnomos Galácticos, la única banda de folk duro del reino, que estaba tocando en ese momento.

El sonido electrizante acompañaba de fondo la charla divertida que tenían con la anciana gnomo quien, en cierto momento, sacó una botella redonda que les ofreció diciendo:

—Probad mi licor de nueces. Está macerando en el armario del subsuelo desde que llegaste a este mundo mi reina. Lo guardaba para celebrar el inicio de tu transmutación y ese momento ha llegado.

La botella pasó de mano en mano. Las hermanas mayores, para no hacer un desplante a la anciana, bebieron sin beber. Posaban los labios en el pico de la botella y retenían el líquido con la lengua de tal modo que no llegaba a sus gargantas. No pudieron evitar saborearlo: era el licor más horroroso que habían probado jamás. Pero al llegar el turno de la hermana más pequeña, como estaba cansada, fue incapaz de comprender los guiños y muecas de advertencia de sus hermanas, por lo que simplemente bebió.

—Este licor es, ante todo, fuerte. —Soltó con un gesto de disgusto, pero volvió a beber otro trago. A esas alturas de su cansancio, había olvidado su plan y su abstinencia a base de agua. No entendió que sus hermanas empezaran a reír y antes de beber un tercer y último trago, levantó la botella hacia ellas y exclamó—: ¡Fuuu-eerr-teeee!

La pobre hada pequeña cayó de espaldas sin soltar la botella. En cuanto tocó el suelo empezó a roncar con tal estruendo que la banda de Gnomos Galácticos se vio obligada a parar de aporrear sus tambores.

—La cogorza que acabas de pillar sí que es fuerte. —Dijo la reina en cuanto fue capaz de parar de reír. Al cabo de un momento recobró la compostura y elevando la voz se dirigió a todos los presentes—: Doy por finalizado este festejo, pero decreto que, aunque yo no esté, se repetirá el próximo año y se hará en honor de mi pequeña hermana.

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