En lo alto de la montaña del Amor Hermoso está el castillo de sueños que es la morada de la reina de las hermanas hadas. En aquel reino siempre había risas, música y la magia de las palabras. Todo aquello que resultaba difícil, complicado o malo, se transformaba en posible, fácil y bueno, gracias a la colaboración, que era el principio fundamental del reino.
En una noche de tormenta, que eran las más divertidas porque contaban historias de miedo, jugaban al escondite a oscuras y bailaban al son de los truenos, ocurrió un hecho inesperado. La reina de las hermanas se quedó en silencio, contemplando el baile de la flama de la vela que alumbraba el salón desde lo alto del armario de los juegos inventados. Todos los presentes se percataron de su concentración y la observaron expectantes, deseosos por saber lo que le ocurría. Al cabo de un momento sonrió y anunció:
—Me serán concedidas las alas de polvo de oro.
Hadas y elfos se miraron los unos a los otros. Tenían una mezcla de alegría y tristeza. Alegría, porque era el más alto honor que sólo se concedía al ser que llegaba al nivel más alto de virtud. Tristeza porque eso significaba que la reina de las hermanas hadas también adquiriría el poder de la invisibilidad.
—No me miréis de ese modo. —Les dijo fingiendo una mirada de desaprobación: sin dejar de sonreír, frunció ligeramente el ceño al tiempo que levantaba una ceja. Luego de una pausa con la que quiso enfatizar su supuesto enfado continuó—: Sabéis de sobra que seguiré cuidando de todos y de todas. Además, podréis verme en sueños cada vez que necesitéis de mi consejo. Si vuelvo a veros tristes, me enfadaré de verdad. ¿Entendido?
Hadas y elfos suspiraron a la vez. Unos y otras enjugaron alguna lágrima escapista. De pronto se escuchó un recital de sorbedores y de sorbedoras de mocos que acabó con una sonora carcajada general. Una flauta y un bodhran dieron el compás y todos empezaron a bailar alrededor de la reina. Tenían que dejarle saber que no iban a entorpecer su evolución poniéndose nostálgicos: cumplirían con el principio fundamental del reino. Ella era el ser con mayor determinación y vigor que conocían; si decía que no los abandonaría podían estar seguros de que sería tal cual. No iban a perderla, eso nunca iba a pasar.
Me sentí como el dichoso elfo ya que también solté un lagrimón,...
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