domingo, 31 de julio de 2016

60. Preámbulo

El ser debía de prepararse para convertirse en una entidad luminosa. El proceso se había iniciado y tenía que abandonar cualquier deseo, desligarse de todo aquello que interfiriera en su transformación. Había leído en los escritos del genio de los magos que es imprescindible que las alas se se construyan desde dentro, a través del pensamiento, de la imaginación.
Llevaba cierto tiempo considerando que debía deshacerse de su armario de la imposibilidad, aquel en el que guardaba las palabras no dichas. El mueble ocupaba gran parte de su interior, exactamente donde se alojaba el vacío de la angustia existencial. Lo arrancó de cuajo. Pudo sentir cómo las raíces se desprendían de sus entrañas. Se habían estado alimentando de sus afectos más intensos y al removerlas llegó a la conclusión de que éstos no se correspondían necesariamente con los más profundos.
El agujero que quedó era considerable, pero esto no le asustó. Imaginó que en aquel espacio podría crecer lo nuevo, continuar con su evolución. Entonces empezó a escuchar palabras que le llegaban desde fuera. Provenían de quienes más amaba. Los vacíos se llenaron con la luz que le transmitieron dándole la confianza, la seguridad de que el resto del camino que tendría que recorrer no lo haría en soledad. 

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