El lector estaba por tomar la decisión definitiva.
Esa mañana despertó con una sensación que no había experimentado en mucho tiempo. No le resultó desconocida, de hecho, la había sentido mucho tiempo antes, cuando aún tenía sueños. Desde entonces quiso volver a sentir, a evocar aquella huella que experimentó su alma. Pero nada de lo que le rodeaba le significaba algo, siquiera, parecido.
Esa mañana despertó y todo le supo a rutina. Su cama, su habitación, su casa, todo era demasiado pequeño, monótono, insustancial. Otra vez tener que alejarse de todo eso para sentir, para respirar un poco de vida. Las horas las sentiría pasar como si fueran siglos de ríos que recorrían sus venas. Así era siempre, cada día. Cada día.
Esa mañana despertó y aquella fugaz sensación le hizo ver a sus circunstancias por encima del hombro. Ya había tenido suficiente de todas y cada una de ellas. Era el momento de dar ese último paso que tanto tiempo había estado rondando por su mente.
Esa mañana despertó y fue hacia su armario. Dentro tenía su arma, su fiel compañera; por lo menos él pensaba que aquello era así. Respiró profundamente y abrió las puertas. Debajo de una pila de jerséis tenía escondida una caja de puros, la sacó. Miró su contenido y echó un último vistazo a esa habitación, a su cama, a lo que esos espacios significaban dentro del vacío constante de su interior. Sonrió.
El lector sacó el libro que tenía guardado dentro de la caja. Aquel texto era el arma de su imaginación, de su esperanza. Ese libro le acompañaba desde joven, desde la primera vez que tuvo esa misma sensación que debía llenar con pasión. Lo abrió hacia la mitad, justo en una página que marcó siendo joven. Leyó un párrafo. Estaba escrito la idea exacta de lo que quería en ese momento.
El muchacho que todavía habitaba en su interior le estaba gritando que había llegado el momento. Entonces cogió su maleta, metió lo indispensable y fue a encontrarse con su destino.
La muerte es el único límite que puede impedir realizar nuestros sueños!!,...
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