"Jota", así le decían en el pabellón de adolescentes. Tuvieron que amputarle una pierna por un osteosarcoma y acababan de decirle que iban a hacer el mismo tratamiento en la otra pierna. La psicóloga del área, en cuanto lo supo, fue a verle; estaba enfadada porque no habían contado con ella para hablar con el chico. No estaba disgustada porque sintiera que su presencia fuese indispensable. No pretendía asumir responsabilidades que no le correspondían. Se sentía mal por no haber estado con el chico tal y como él se lo pidió durante una de esas tardes en las que solía acompañarle mientras los demás recibían las visitas de sus familiares. Él provenía de un caserío y sus padres se habían quedado en la chacra cuidando la pequeña plantación y sus ovejas. No era práctico que su padre o su madre le acompañaran porque ambos hablaban quechua y muy poco castellano. Su hermano viajó con él, pero había logrado conseguir trabajo para costear parte de las medicinas y su propia estancia. Esa era la razón por la que Jota estaba solo durante las tardes de visita. Eso cambió cuando la psicóloga empezó su rotación en ese servicio. Hablaban de todo un poco pero casi nunca de lo que él pensaba o de lo que sentía. Ella nunca le forzó a decir nada que no quisiera. Una vez rompió ese silencio para pedirle que estuviera a su lado cuando le dijeran los resultados de la última prueba; sabía que su hermano no iba a estar y él no quería estar solo. Por eso ella tenía la sensación de haberle fallado; aunque lo que ella sintiese era lo de menos, eso lo sabía. Ignoró el nudo de su corazón y con entereza entró en la sala de actividades. Le encontró sentado en el sofá que más le gustaba, el que estaba en la esquina, junto al armario. Estaba mirando algo a través de la ventana, quizás el cielo. Ella acercó una silla y se sentó a su lado en silencio. Permanecieron así durante un largo rato, hasta que él por fin le dijo:
—Voy a ser una presencia, un kuku.
—¿Un kuku? ¿Eso no es un fantasma?
—Algo así señorita, perdona, quiero decir "Ele". Sí, es algo así. Mi abuelo lo explicaba de otra manera. Antes de morir me dijo que iba a fundirse con el apu, que así viviría para siempre protegiéndonos a todos. Me dijo que si me veía en necesidad vendría como un kuku, no para asustarme, sino para recordarme sus lecciones. Y eso ha hecho, he sentido su presencia y me ha dejado tranquilo. Antes de que mi doctor hablara conmigo estaba preocupado. Pensaba en mi mamá, en mi papá. Tenía planeado en mi cabeza hacerme una pierna de palo para irme a pastorear las ovejas. Pero si me cortaban la otra ¿cómo iba a poder ayudarlos? Además, yo no soy tonto seño... Que diga, Ele. Tú no las conociste pero hace tiempo estaban "Ka" y "Eme". Ellas... Sus brazos... La quimio. Aguantaron lo más que pudieron hasta que sólo se fundieron con el agua, que era lo que le gustaba a Ka y con el cielo, que era lo que pedía Eme. Sé que los doctores y las doctoras hacen lo que pueden por nosotros, pero somos pobres y las medicinas son caras. ¿Sabes? Antes pensaba que en la capital todos eran malos. Que aquí sólo había gente egoísta que nunca nos miraban. Pero esto me ha servido para conocer gente buena a la que le estoy agradecido. Aprendí que mis ideas de antes estaban equivocadas; quién sabe por qué se me habían metido en la cabeza. Eso es lo más importante que me llevo, haberlos conocido a todos, a ti, a las enfermeras, a mi doctor. Él estaba triste cuando me dijo que el resultado no era bueno... También me llevo a mis amigos y a mis amigas que ahora son como mis hermanos. Ya tengo un rato sentado aquí y todavía siento la presencia de mi abuelo que me dice que tengo que volver a mi tierra para contar lo que he aprendido, para que ellos sepan que aquí hay buenas personas. Me voy sano de mi espíritu, porque se me ha quitado el rencor que tenía por vivir aislado, como dicen allá "olvidados". Pero tengo que regresar para decirle a los mayores que es importante aprender, mandarnos a la escuela, no sólo a trabajar. Yo les voy a cuidar para que progresen. No necesito que me corten más Ele, ya estoy sano. Le diré a mi hermano que pida el alta voluntaria. Es mi mayor y se va a enfadar un poco porque él también ha hecho muchos sacrificios para que yo pueda curarme. Se va a enfadar pero luego lo va a entender. Sé eso porque mi abuelo me lo está diciendo. Ya sé que no me crees, que piensas que estoy loco. ¿Cómo sé que estás triste porque no estuviste conmigo antes, con el doctor? ¿Ves cómo mi abuelo me cuenta cosas? Dice que te quedes tranquila, que pasó así porque tenía que pasar así, para que yo dejara de ser un niño y me convirtiera en un hombre mayor. No me voy a olvidar de ti, de nadies.
Ele tampoco se olvidó de Jota. Aunque han pasado años desde la última vez que se vieron, ella sigue recordando a aquel maravilloso muchacho de la sonrisa generosa, del que aprendió más de lo que ella pudo darle nunca... Quizás por eso intenta evocar su mirada profunda cada vez que va a las montañas.
Ele tampoco se olvidó de Jota. Aunque han pasado años desde la última vez que se vieron, ella sigue recordando a aquel maravilloso muchacho de la sonrisa generosa, del que aprendió más de lo que ella pudo darle nunca... Quizás por eso intenta evocar su mirada profunda cada vez que va a las montañas.
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