Aunque Ámbar tenía amigos y amigas de su edad, cuando Samir la hizo a un lado por estar con Kyann, en casa se sentía muy solita.
Rosa, al verla tristona, le enseñó su armario y le dio permiso para que jugara en él.
Por fuera parecía un mueble empotrado cualquiera, pero por dentro era prácticamente otra habitación en la que guardaba con mucho cuidado vestidos y toda clase de accesorios que eran de otras épocas.
La niña empezó a pasar las tardes allí metida. Pero un buen día, se quedó dormida.
Soñó con un viejo gigante de barbas que se parecía a un guerrero y que la estaba señalando con su espada. Ella sólo pudo pensar en su hermano, en que tenía que avisarle... Entonces despertó y salió corriendo.
Su hermano estaba bien, en algún lugar con su nueva amiga. Se quedó con las ganas de contarle su sueño...
Tampoco volvió a jugar dentro del armario de su abuela.
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