Kyann abrió su armario y sacó el abrigo que más le gustaba.
Su acogedora vivienda ocupaba la mitad de la torre del faro que a su vez se adentraba en el acantilado del este, el más alto de la Ciudad de la Muralla. Nada de lo que tenía ahí le resultaba indispensable, ni siquiera sentía que algo de todo eso fuera suyo, salvo el abrigo. Y era que aquella prenda le daba cierta esperanza... La forma en que sus amigos nativos de Kalaij la confeccionaron demostraba que existían modos nada crueles de convivir con la naturaleza. Respeto. Terminó de vestirse y echó un último vistazo. Era muy posible que no volviera a ese lugar, menos bajo las mismas condiciones.
Antes de marchar, se acercó al ventanal y miró hacia la oscuridad del mar. Un ser oscuro, sin mirada ni rostro fue hacia ella. Parecía querer desafiarla. Ella le sonrió; no le tenía miedo. No era la primera vez que esta especie de espectros intentaban intimidarla, pero eso a ella no le generaba mayor impresión salvo cierta curiosidad por saber lo que querían de ella. Escuchó que Jade la llamaba, le decía que todo estaba listo. Ella le hizo un gesto al ente, como indicándole que ya se volverían a ver y éste desapareció.
Se volverían a ver, de eso estaba segura, aunque la próxima vez ella no fuese la jefa de los centinelas.
Su acogedora vivienda ocupaba la mitad de la torre del faro que a su vez se adentraba en el acantilado del este, el más alto de la Ciudad de la Muralla. Nada de lo que tenía ahí le resultaba indispensable, ni siquiera sentía que algo de todo eso fuera suyo, salvo el abrigo. Y era que aquella prenda le daba cierta esperanza... La forma en que sus amigos nativos de Kalaij la confeccionaron demostraba que existían modos nada crueles de convivir con la naturaleza. Respeto. Terminó de vestirse y echó un último vistazo. Era muy posible que no volviera a ese lugar, menos bajo las mismas condiciones.
Antes de marchar, se acercó al ventanal y miró hacia la oscuridad del mar. Un ser oscuro, sin mirada ni rostro fue hacia ella. Parecía querer desafiarla. Ella le sonrió; no le tenía miedo. No era la primera vez que esta especie de espectros intentaban intimidarla, pero eso a ella no le generaba mayor impresión salvo cierta curiosidad por saber lo que querían de ella. Escuchó que Jade la llamaba, le decía que todo estaba listo. Ella le hizo un gesto al ente, como indicándole que ya se volverían a ver y éste desapareció.
Se volverían a ver, de eso estaba segura, aunque la próxima vez ella no fuese la jefa de los centinelas.
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