Hacedoras y Hacedores solían acudir a Erie, el mundo protegido por Abril, cada vez que necesitaban recurrir al herbolario. Allí, xanas y trasgus compartían todo tipo de tareas para cultivar la mayor variedad de plantas medicinales que eran llevadas desde los rincones más apartados de todos los mundos.
Un buen día, Xaey, una de las xanas más pequeñas, empezó a rechazar el néctar con el que se alimentaban. Por las noches no podía dormir y siempre estaba cansada, en parte porque tenía ataques de estornudos y en parte porque le costaba respirar. Ni siquiera Kidall, la reina madre de todas las xanas, sabía lo que le estaba ocurriendo por la sencilla razón de que los seres de su especie nunca enfermaban.
Cuando Aibrean, que así era como conocían a Abril en su mundo, fue a ver lo que ocurría, encontró a Kidall paseando a Xaey. La estaba cargando con sus piernecillas apenas sujetas a su cintura y con el mentón apoyado en su hombro. Sus alas parecían quebradizas, mientras que sus ojos estaban como hundidos y con unas enormes ojeras. La pequeña xana parecía que estaba durmiendo y así, como en sueños, decía: "Acabó, acabó..."
Aibrean mandó a todas las curiosas xanas y a los curiosos trasgus a salir de la enfermería del palacio invernadero, que era un edificio de tan grandes dimensiones que dentro cabían árboles. Echó un vistazo a lo que había en esa habitación y no encontró nada distinto a las plantas que solían tener en recuperación.
—¿Ha venido algún hacedor o hacedora mientras yo estaba en Kalaij?
—Preguntó Aibrean levantando una de sus pelirrojas cejas.
—No. En los últimos días, el único que llegó de fuera, a parte de ti, fue Saeruk. Él volvió de los mundos gemelos.
—¿No traería la flor de Xeltax-Xatlex? ¿O sí?
—Sí, trajo un ejemplar que necesita para hacer un antídoto, pero lo tiene a buen recaudo, en la profundiad de su cueva de estudios.
—Y hace muchos años que no teníamos una de esas flores en Erie... Es posible que nuestra pequeña Xaey sólo tenga una alergia. Espera...
Aibrean sacó de un armario un potingue hecho a base de tomillo y embadurnó a la criaturilla desde la cabeza hasta la punta de los pies. Xaey empezó a respirar con normalidad, dejó de estornudar y volvió a probar el néctar. Tuvo que usar ese potingue hasta que Saeruk terminó de elaborar el antídoto. Felizmente, la flor de Xeltax-Xatlex era la única planta, de las conocidas, que se había negado a ser cultivada en Erie, por lo que la xana no volvió a pasar por semejante suplicio. Aunque no fue el único incidente que la llevó a la enfermería, pero esa es una historia que forma parte de otro nudo.
Interminables noches de angustia, ojeras e insomnio . Cómo olvidarlo!!,... Por eso y muchas cosas más,......
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