Puede que pensara así porque nunca necesitó ninguno.
Llegaron a su vida con el tiempo y siempre los observó desde lejos.
Le gustaba sentarse delante de ellos e imaginar su contenido de acuerdo a quienes fueran sus dueños.
En una ocasión se concentró tanto en intentar adivinar el contenido del primer cajón de uno de los armarios de su madre que cuando ella empezó a hacerle preguntas, Pacha sólo contestaba con un "Ajá"...
Valeria estuvo tentada a tomarle el pelo preguntándole tonterías, pero entendió que su hija, a la que adoptó en su primer nacimiento como gigante, estaba extraña.
Entonces abrió ese primer cajón, sacó una caja de madera oscura y, sentándose a su lado, la abrió.
―Quizás no la reconozcas. No sé cuánto recuerdas de tu primer nacimiento, pero esta piedra se forjó dentro del primer árbol del que naciste...
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