viernes, 22 de julio de 2016

51. Nudo de Kipu

En cuanto se despertó, Ámbar sacó su diario del armario y escribió:
«Hoy es el cumpleaños de mi abuela Rosa. Bueno, eso es lo que se supone porque así lo dijo Pacha alguna vez y así fue desde entonces. Tal y como lo cuenta, aquel último embarazo le duró cerca de dos años porque nunca antes había estado embarazada de una sola criatura. Hizo todo cuanto estuvo a su alcance para no caer en el aburrimiento, pero la mayor parte del tiempo le dio por dormir. Además, llegó a acostumbrarse tanto a su barriga que dejó de pensar en que, forzosamente, tendría que dar a luz. Los recuerdos que tenía sobre ese último embarazo eran esos, lo demás le resultaba demasiado nebuloso, probablemente porque la mayor parte de sensaciones de aquella época provenían de sus sueños. Lo que sí había guardado muy fresco en su memoria fue el momento en que empezaron los dolores. Estaba durmiendo, para variar, cuando experimentó la primera contracción. Aquello fue totalmente novedoso para ella porque si bien había parido infinidad de veces durante miles de años, nunca antes había tenido un cuerpo tan pequeño. Al menos esa fue la conclusión a la que ella misma llegó tiempo después. El parto duró horas y aunque estaba acompañada por Abril y Exia, ella no hacía otra cosa que mirar a los rosales que asomaban por la ventana que daba al huerto de la casa de Nara (no tengo ni idea de la razón por la cual estaba viviendo ahí). Cuando por fin vio a mi abuela descubrió que tenía un color parecido al de las flores en las que concentró su mirada y que, según cuenta, fueron las que le dieron fuerzas para aguantar. Acunándola entre sus brazos, le dijo: "Cariño, tú siempre serás mi Rosita preciosa." Y así fue como ocurrió. 
Pero, ¿y yo por qué empecé a escribir todo esto?... ¡Es verdad! Que hoy es su cumpleaños y que debo buscar el modo de hacerle llegar mis saludos."»

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