La palabra estaba al borde del acantilado mirando fijamente hacia el horizonte.
Se veía pensativa pero no parecía preocupada.
Al verla así, vestida de viento, -un sencillo vestido de fondo de armario- daba la impresión de que en cualquier momento se alzaría en un vuelo hacia la libertad.
Pero aquella palabra no pretendía escenificar lo que ya tenía en su interior.
Lo que ella estaba haciendo en aquel vertiginoso lugar era evocar un recuerdo del futuro que le devolviera esa satisfacción de tornar lo imposible en alcanzable.
Ella, una humilde palabra, tenía el poder de inspirar voluntades y mover el mundo.
Qué bello cuento!!
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