La mujer se quedó sentada frente al armario del sótano. Estaba colocando las cajas en las que guardaba parte de su vida, cuando un único objeto hizo que retrocediera, que pegara la espalda contra la pared, que se derritiera contra ella hasta acomodarse en el suelo. La vieja pelota negra de squash con la que ella y sus mejores amigas jugaban al frontón le trajo algo más que recuerdos. Fue como si estuviera viéndolas a todas, hablando de sus vidas en la actualidad. Sabían apoyarse mutuamente, eso no era algo que hubiesen perdido con el tiempo o la distancia. Pero en ocasiones les costaba estar lejos. La complicidad, las risas, el verano, los pretextos para juntarse, todo eso lo echaba de menos. Esos pequeños gestos que hacían que pudieran afrontar cualquier tipo de circunstancia. Apretó la pelota contra su corazón y pensó con todas sus fuerzas en todas y en una en especial. Necesitaba enviarles la mejor de sus energías. «Todo está en la mente. Todo está en la mente», se repitió una y otra vez hasta que no pudo contener el peso de sus párpados.
La viajera del espacio-tiempo despertó sobresaltada de su entrenamiento individual. No volvió a la conciencia por el sonido de la campanilla que solía tocar su entrenadora. Abrió los ojos por un repentino dolor en el pecho. Le tomó un momento volver a tomar contacto con su cuerpo y darse cuenta de que su mano derecha estaba cerrada en puño y colocada contra su corazón. Le costó otro tanto el poder abrirla y cuando lo hizo le impactó ver que estaba sosteniendo una esfera transparente en cuyo interior había hilos de diferentes colores. Entonces vino a su memoria una visión que llegó a ella durante el ejercicio que había estado realizando antes del dolor. Vio a una mujer que le resultó familiar. Estaba sentada en una habitación y sostenía algo del mismo modo en el que ella estaba sosteniendo aquella esfera. ¿De dónde habría salido? Se dio cuenta de que el dolor que la trajo de vuelta lo había producido la intensidad con la que estaba sosteniendo el objeto contra su pecho. No quiso seguir pensando en ello, pues tenía que completar su ejercicio. Sin dejar de sostener la esfera, volvió a la postura en la que se había despertado.
Se suponía que debía continuar visualizando a sus células pero en lugar de eso se encontró en medio de un campo de batalla. Se vio a sí misma como una guerrera que estaba al mando del ejército que defendía su fortaleza. Detuvieron su marcha frente a un grupo de seres minúsculos que parecían reproducirse entre ellos sin control. Eran seres que se veían inmaduros, incompletos, irracionales y en sí mismos, inocuos. Eran babosones y tontos, pero su presencia aplastaba la hierba del prado que rodeaba la fortaleza. No podía permitir que siguieran avanzando. El sonido de espadas siendo desenvainadas, el de las flechas abandonando sus carcajs, el de los arcos doblándose por la tensión, recorrió en un segundo todo el campo. Todos sus guerreros y guerreras estaban atentos, esperando su orden. Se fijó en las guerreras que tenía a los lados, especialmente en una de ellas. Era la misma mujer que había visto antes, durante su otra visión. La reconoció por sus grandes y expresivos ojos negros. Entonces recordó la esfera, la sentía latiendo en su mano que aún mantenía pegada al pecho. Al abrirla, la esfera se había vuelto luminosa y destelleaba luces de colores. En ese momento arrojó la esfera contra las criaturas informes. Una explosión de luz multicolor arrasó a los malformados seres...
La mujer despertó con una sensación asombrosa. El sueño que acababa de tener había sido tan real que encontrarse sentada en el suelo de su sótano frente al armario pareció decepcionarla un poco. Pero no le importó demasiado. Estaba segura de que había visto a sus amigas, eran casi como hermanas. Y una de ellas, que era a la que no había visto en mucho tiempo, estaba al mando de algo muy poderoso. Lo sabía, todo estaba en la mente y aquel sueño tenía que significar algo importante. Moverse le dolió un poco; su cuerpo se había entumecido. Su postura era la misma con la que se había quedado dormida. Despegó la mano de su pecho y al girarla vio que la pelota no estaba. ¿Sería posible que...? «Claro que es posible porque todo está en la mente», se dijo y sonrió.
Hermosa creatividad,capacidad de hacer terapia a través del cuento. Gracias Ró
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