El equilibrista sonámbulo era la atracción principal del Círculo de Bellas y Extrañas Artes Espaciales.
Su entrenamiento era intensivo, diario y nocturno.
El alambre que cruzaba su habitación estaba atado a la parte superior del armario y a lo alto de la barra de la estación de bomberos -porque vivía en una antigua estación, que remodeló y adecuó a sus necesidades de entrenamiento-.
Todas las mañanas volvía a repetir su más grande triunfo:
despertar después de una noche entera paseando de un lado a otro, por encima de su cama-red elástica.
Cuando sus dos niñas y su niño bajaban por la barra para el desayuno, él ya estaba en pie, con la cocina recogida, las fiambreras listas y él preparado para acompañarlos a la escuela.
Llevaba bastante bien lo de ser padre soltero, sobre todo porque lo de hacer equilibrios era su especialidad.
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