Al vampírico niño de los ojos huecos le gustaba vivir en los armarios de la gente.
Paseaba por la ciudad durante las noches de luna llena hasta que encontraba una casa que le llamaba la atención para colarse. Una vez dentro, buscaba el armario más atiborrado de ropa, el más mullido, aquel que le permitiera esconderse muy bien.
Permanecía oculto durante el tiempo que durara su sueño, que podía ser días, años o siglos. No tenía prisa por crecer. Eso sí, cuando despertaba solía estar muy hambriento...
Si alguna vez has sentido una presencia en tu habitación, es posible que él esté durmiendo dentro de tu armario.
Quizá sea buena idea que aligeres el mueble deshaciéndote de esa ropa que ya no usas. Sólo por si acaso.
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