domingo, 6 de noviembre de 2016

158. Tarde

El alienígena caminaba por el centro de la ciudad. 
Empujaba un carrito de la compra en el que llevaba lo que iba recolectando: ropa usada, cartones, zapatos, libros, comida, todo cuanto la buena gente le quisiera dar. 
Colocaba cada cosa de tal manera que su nave espacial (un artefacto parecido a un trompo de hojalata, de esos que estaban de moda en los ochenta) siempre quedaba al centro y arriba del todo.

Una vez terminada su jornada de recolección, empujó el carrito de vuelta al muelle. Allí, debajo de un puente, sacó las cosas, las pasó por el convertor de tamaños (un aparato parecido a un escáner de mano para códigos de barra), y las miniaturas resultantes las fue dejando debajo de la luz transportadora que provenía de su nave. 

Más o menos cuando estaba a punto de terminar oyó una voz que provenía de su nave: "¡Apúrate que ya es tarde!" 
Entonces el alienígena abrió los ojos y vio el batín de su madre que se alejaba de la puerta de su habitación. 
Le tomó un momento recordar su nombre, darse cuenta de quien era. Bostezó perezoso. Sacó de su armario su equipo de entrenamiento y se arrastró con todo hacia el baño. 
Sólo le quedaban veinte minutos antes de que pasaran a buscarle para llevarle al entrenamiento...

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