jueves, 17 de noviembre de 2016

169. A despertar...

Esa mañana la maestra no tenía ganas de despertar. 

Abrió un ojo y miró la hora en su móvil: las seis menos cuarto. Quería dormir un poco más e iba a hacerlo, pero una enanita salió gruñendo de debajo de la cama y se metió dentro del armario. La visión alejó a su pereza de sí misma, se puso en pie y fue detrás de la pequeña renegona. Intentó abrir las puertas del mueble, pero algo, desde dentro, se lo impidió.

—¡Déjame tranquila! ¡Vuelve a dormir si quieres! —Protestó la vocecilla que sonaba a pito.

—¿Quién eres? —Preguntó la maestra intentando mantener la tranquilidad.

—Si te hubieses levantado cuando sonó el despertador estaría contenta. Tenía muchas ganas de ir a la escuela contigo. ¡Pero te conozco! ¡Ahora te vas a quedar dormida y no iremos, no! —Ese “no” sonó al “jum” de un puchero que está a punto de estallar en llanto. 

—Pero ya estoy despierta y puedes ir conmigo a la escuela. Seguramente que mis peques van a estar muy felices por conocerte. Les gustará enseñarte sus libros y podrás jugar con todos, si es que te gusta jugar, claro. Pero tendrás que decirme tu nombre para poder presentarte...

—Si te digo mi nombre, ¿me prometes que vas a despertar y a llevarme contigo a clase? 

—Te lo prometo.

—Está bien. Soy Voluntad. Tu Voluntad...

La maestra se dio cuenta de que acababa de prometer que iba a despertar. 

Entonces miró su cama y se vio a sí misma que seguía durmiendo.

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