A partir de esa noche, el destino de su familia quedaría marcado por un terrible sino: el razonamiento enrevesado que desarrolló.
Todos los negocios, inversiones, trabajos, amistades, viajes, absolutamente todo cuanto era de interés para ellos, lo enredaba hasta tal punto que terminaban perdiéndolo.
Y en ocasiones sólo bastaba una palabra, un gesto o un tono suyos para que se torcieran los planes.
Si la expresión 'tener la cabeza amueblada' significa algo así como estar en posesión de, por lo menos, un aceptable sentido común, podría decirse que él -o ella- tenía el armario revuelto, mejor dicho, tenía todos los muebles patas arriba.
Pero a su familia no le importó demasiado aquel sino.
Le amaban tanto que decidieron enloquecer.
Esa fue la única decisión que pudieron llevar a buen término.
Era una familia singular...
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